Al finalizar el Via Crucis celebrado este viernes entre la Plaza de Colón y la Plaza de Cibeles en Madrid, el Papa Benedicto XVI alentó a los jóvenes participantes en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) a no pasar "de largo ante el sufrimiento humano".

Luego que 14 grupos distintos de jóvenes portaran la Cruz por las 14 estaciones o "pasos" del Via Crucis que mostraron hermosas y monumentales imágenes de distintas partes de España que suelen salir en procesión en Semana Santa, el Pontífice agradeció las reflexiones de las Hermanitas de la Cruz.

Estas reflexiones, dijo, "nos han facilitado adentrarnos en el misterio de la Cruz gloriosa de Cristo, que contiene la verdadera sabiduría de Dios, la que juzga al mundo y a los que se creen sabios".

El Via Crucis fue acompañado por un coro de niños y jóvenes, así como por una orquesta y un cantante local que permitieron a los jóvenes recogerse en oración mientras la Cruz avanzaba siendo portada por jóvenes africanos, inmigrantes, desempleados, entre muchos otros.

Benedicto XVI señaló que "nos ha ayudado en este itinerario hacia el Calvario la contemplación de estas extraordinarias imágenes del patrimonio religioso de las diócesis españolas. Son imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e invitarle a la conversión".

El vocero del Vaticano, P. Federico Lombardi en conferencia de prensa en el Palacio de Congresos de Madrid en donde está el Centro Internacional de Prensa de esta JMJ, este Via Crucis ha sido la primera vez en una JMJ en la que el Papa ha permanecido durante todo el recorrido de la Cruz.

"Este gesto demuestra el interés del Papa en estas imágenes que representan la riqueza cultural de España", indicó y agregó que "es algo que a mí también me llama mucho la atención y me interesa de modo particular".

Las palabras del Papa

Tras explicar que la belleza permite al hombre acercarse a los misterios de Dios, el Santo Padre dijo que "mientras avanzábamos con Jesús, hasta llegar a la cima de su entrega en el Calvario, nos venían a la mente las palabras de san Pablo: ‘Cristo me amó y se entregó por mí’. Ante un amor tan desinteresado, llenos de estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta le daremos?"

"San Juan lo dice claramente: ‘En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos’".

La Pasión de Cristo, que se plasma en el sufrimiento de estos hermanos, continuó el Papa, "nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes. Al contrario, se hizo uno de nosotros ‘para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre".

"Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la con-solatio, el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza’".

El Papa alentó luego a los jóvenes a que el amor de Cristo "por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer".

"Las diversas formas de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestros ojos son llamadas del Señor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación".

En cada una de las estaciones por las que pasó la Cruz flanqueada por dos antorchas, se pidió y se meditó por distintos tipos de personas que sufren por distintas razones: las discriminadas por el racismo, los inmigrantes que sufren incomprensiones, los que son víctimas de la violencia, los que han sufrido abusos sexuales, los que se ven afectados a causa del desempleo por la crisis económica, las personas con discapacidad, los enfermos de SIDA, entre otros.

El Papa exhortó luego a abrazar la Cruz, que "en su forma y significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama y como Él lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo".

"Volvamos ahora nuestros ojos a la Virgen María, que en el Calvario nos fue entregada como Madre, y supliquémosle que nos sostenga con su amorosa protección en el camino de la vida, en particular cuando pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz", concluyó.

Las palabras del Santo Padre fueron respondidas por fuertes aplausos y el tradicional grito "¡Benedicto!" de los peregrinos con el que le suelen expresar su afecto al Papa.

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