12 de junio de 2003 - 2:12 PM

El Papa explica, tras su viaje número 100, por qué ha viajado tanto por el mundo

Redacción ACI Prensa

El Papa explica, tras su viaje número 100, por qué ha viajado tanto por el mundo

Un poco habitual encuentro con 200 personas relacionadas con la planificación y ejecución de sus viajes apostólicos en todo el mundo, realizado en la Sala Clementina, permitió al Papa Juan Pablo II en la mañana del jueves, reflexionar sobre el sentido y misión de sus visitas apostólicas. En la cálida reunión en la que se encontraban funcionarios de la Secretaría de Estado, la compañía de aviación Alitalia, miembros de la Guardia Suiza, y periodistas que cubren sus desplazamientos, el Santo Padre señaló que “con vuestro trabajo habéis permitido al Papa salir al encuentro de los hombres y mujeres de nuestro tiempo en sus lugares de vida habituales”.

También “le habéis ayudado en su ministerio de ‘misionero itinerante’, deseoso de anunciar a todos la palabra de salvación”, agregó.

Refiriéndose a su reciente viaje apostólico a Croacia, Juan Pablo II afirmó que “mi viaje número cien, apenas realizado, me ofrece la ocasión de renovar mi agradecimiento emocionado a la Divina Providencia que me ha concedido realizar este proyecto pastoral tan importante”.

Después el Papa explicó porqué ha viajado tanto a lo largo de su pontificado: “Desde el día de la elección como Obispo de Roma, el 16 de octubre de 1978, resonó dentro de mí con una intensidad y una urgencia especial el mandato de Jesús: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación’. He sentido el deber de imitar al apóstol Pedro, que ‘andaba recorriendo todos los lugares’, para confirmar y consolidar la vitalidad de la Iglesia en la fidelidad a la Palabra y en el servicio de la verdad; para decir a todos que Dios los ama, que la Iglesia los ama, que el Papa los ama; y para recibir, además, de ellos el aliento y el ejemplo de su bondad, de su fe”.

El Santo Padre subrayó que sus viajes le permitían manifestar “un ejercicio específico del ministerio que es propio del Sucesor de Pedro, como ‘principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de la fe y de la comunión’”.

“En todos estos viajes me he sentido como un peregrino en visita a ese santuario particular que es el pueblo de Dios. En ese santuario he podido contemplar el rostro de Cristo, desfigurado en la cruz o resplandeciente de luz como en la mañana de Pascua”.

El Santo Padre habló después de la importancia de compartir con los obispos sus problemas y alegrías, de encontrar a los fieles, especialmente a los jóvenes y de “conocer más de cerca la vida de las comunidades cristianas en los diversos continentes”.

También mencionó sus encuentros con los fieles de otras Iglesias y comunidades eclesiales y con los seguidores del Islam, del Judaísmo y de otras religiones.

Las grandes asambleas de tantos colores del pueblo de Dios, reunidas para la celebración de la Eucaristía están grabadas en mi memoria y en mi corazón como el mejor recuerdo y el más emocionante de mis visitas”, concluyó el Papa.

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