18 de septiembre de 2003 - 2:10 PM

El mundo está enfermo y su medicina es la Eucaristía, señala Arzobispo

Redacción ACI Prensa

El mundo está enfermo y su medicina es la Eucaristía, señala Arzobispo

En un mensaje a la feligresía, Mons. Domingo Castagna, Arzobispo de Corrientes, afirmó que el mundo “no está muerto, sino gravemente enfermo”, y presentarle “a Jesús Eucaristía es introducir en su lastimosa historia a quien puede curarlo”. Mons. Castagna señaló que “los grandes acontecimientos montados piadosamente por la Iglesia, como el Congreso Eucarístico Nacional de 2004, constituyen valientes presentaciones de Jesucristo vivo y salvador de los hombres”.

Luego, el Prelado explicó que “hay que proyectar, en los ambientes diversos de nuestra sociedad, la fe en la presencia renovadora de Jesús. Dios responde a la fe, hace eficaz el deseo sincero del bien de los otros, produce la novedad que el mundo necesita. Pienso en nuestra sociedad, en sus carencias y conflictos, en su aprendizaje doloroso, en su historia de proezas y cobardías, de fidelidades y traiciones. La presencia de Cristo en ella aparece como una urgencia”.

Asimismo, el Arzobispo resaltó que el pueblo religioso, como consecuencia de “una evangelización constante y coherente, se manifiesta particularmente sensible al mensaje que el Congreso reedita con el vigor de su primera edición. Por ello confiamos en la oportunidad providencial que el mismo ofrece en los espacios amplios de Corrientes y de todo el país”.

Refiriéndose a la misión de la sede correntina, Mons. Castagna resaltó que consiste en mantener la “inspiración original” del Congreso y “el propósito de ser un auténtico acontecimiento de renovación personal y social. Apoya sus esfuerzos pastorales en la oración de los más humildes, de quienes por sus padecimientos se ven reducidos a la inacción y el silencio”.

“No logramos entender el misterio de la cruz y, por ello, no hallamos sentido trascendente al dolor inevitable de vivir cada día sus desafíos. Jesús, en su revelación de toda la verdad, resuelve el humano enigma y supera la contradicción existente entre el legítimo anhelo de felicidad y la inevitabilidad temporal del dolor. El amor es la clave. La felicidad se logra por el amor y se impide por el odio, en sus diversas y conocidas manifestaciones”, agregó.

Más adelante, el Prelado subrayó que “nos hemos acostumbrado a llamar ‘cultura’ a ciertas pautas del comportamiento humano poco regidas por la gratitud del amor. La visión filosófica que, consciente o inconscientemente, pretende justificar ciertas contradicciones a la moral, encuentra expositores brillantes en los medios de comunicación de mayor incidencia popular”.

Finalmente, el Arzobispo resaltó que “es preciso hacerse cargo de la reeducación en los valores que están siendo afectados por una guerra cultural sistemática e irresponsable. La presencia del Evangelio constituye un llamado fuerte a volver a tomar en serio la verdad, que él contiene y ofrece y que ha fecundado, desde sus orígenes, nuestra auténtica cultura popular”.

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