20 de enero de 2009 - 1:44 AM

El Cardenal Bertone augura una "nueva primavera" del laicado católico

Redacción ACI Prensa

El Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone
El Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone

En el histórico discurso que pronunció este lunes 19 durante un encuentro con el laicado y el mundo de la cultura de México en el histórico Teatro de Querétaro, el Cardenal Tarsicio Bertone, Secretario de Estado, destacó que los signos de los tiempos auguran una nueva primavera para el laicado católico, especialmente en el ámbito de la cultura.

En su extensa conferencia, seguida por los más destacados líderes laicos e intelectuales católicos de México, el Cardenal  invitó a “reflexionar juntos acerca de la presencia de la Iglesia y de los católicos en la vida pública del país y de su papel en la configuración de la cultura mexicana, y alentar a todos aquellos que se esfuerzan decididamente en tender puentes entre la fe y la razón, en alentar el diálogo franco y cordial entre la fe y la ciencia, en entablar relaciones fluidas y fructíferas entre la fe y la cultura”.

“Que la cultura sea necesaria en el quehacer de la Iglesia –dijo el Purpurado–, más aún de la misma humanidad, lo declaró el recordado Papa Juan Pablo II en su magistral intervención ante la UNESCO, pocos meses después de su elección, en términos aún más apremiantes”; “para la Iglesia, la cultura es una realidad vital, urgente, necesaria", subrayó.

El Cardenal Bertone recordó que “cultura es aquello que permite al hombre ser más hombre, crecer en su propia humanidad”.

“Se siguen de aquí –prosiguió– dos importantes consideraciones. Ante todo… la cultura no es un fin en sí misma, por cuanto noble y elevada, sino un medio para llegar a aquel humanismo integral propuesto por el Papa Pablo VI: el bien de todo el hombre y de todos los hombres. Mas con ello se introduce, contemporáneamente, un criterio de valoración de la cultura y las culturas, que nos permite afirmar decididamente: toda expresión cultural que no contribuye a la plena humanidad de la persona, no es auténticamente cultura”, agregó.

El Purpurado advirtió que hoy se enfrentan en el mundo dos concepciones de cultura: aquella que privilegia el ser sobre el obrar, y la otra que privilegia la “praxis” o la eficacia sobre el ser.

“La cultura de la praxis –señaló– aparece con todo el brillo seductor de la eficiencia, la energía, la acción”.

Frente a ella, la cultura de la palabra “se nutre de la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios ha dirigido a los hombres y que, a su vez, se sirve de la palabra humana, materializada en todas sus ricas y diversas expresiones, dando lugar así a las maravillosas manifestaciones de la cultura: la reflexión filosófica y teológica, la pintura y las artes decorativas, la arquitectura, la música y la poesía”.

Según esta cultura, destacó, “la verdad, evocando al Cardenal Newman, no se posee; se es poseído por ella. No se impone, se propone. Requiere del hombre la actitud de la docilidad, no la manipulación. Le exige contemplar el mundo, antes de pretender transformarlo. Por ello mismo, esta visión cristiana de la realidad, inspirada en la Escritura, es una apuesta por un mundo de sentido frente al absurdo de un devenir irracional guiado por las solas fuerzas de la materia”.

En esta alternativa entre razón e irracionalidad, el cristianismo se presenta, por tanto, como la cultura de la palabra y la religión del logos, abriendo al hombre un camino nuevo”; explicó el Secretario de Estado, resumiendo los de la magistral lección de Ratisbona del Papa Benedicto XVI

El Cardenal Bertone elogió luego la admirable síntesis cultural cristiana que ha marcado a México y a América Latina, Una síntesis caracterizada por la palabra “mestiza”. Pero “tanto este término como el vocablo ‘barroco’ son dos palabras que no gozan de buena fama en nuestros días, y son vistas con cierto desprecio. Nosotros, sin embargo, podemos reclamarlas con orgullo como un título de honra, precisamente como la aportación específica a la cultura universal que México comparte con los pueblos latinoamericanos”.

“La categoría de mestizaje en México, como en el resto de América Latina, debería ser originaria y constitutiva, hasta tal punto que cuando se la olvida o explícitamente se la rechaza, con ella se abandona también el fundamento de la identidad, debiendo cada generación plantearse nuevamente el mismo problema. Acaso se halle aquí, en esta negación del mestizaje, tanto desde la perspectiva europeísta como indigenista, la causa de esa tendencia a vivir mirando hacia el pasado y discutiendo en permanente conflicto acerca de la propia identidad”, destacó el Purpurado.

“En este contexto –agregó– la extraordinaria devoción mariana de México, que llega a su culmen en las apariciones guadalupanas, me parece importantísima por el alcance que tiene, no sólo desde el punto de vista religioso sino también cultural, como verdadera clave de interpretación del barroco americano”.

El rostro mestizo de Nuestra Señora de Guadalupe resume en perfecta síntesis la esperanza de un futuro mejor, en la imagen de una mujer vestida de sol, a punto de dar a luz a un Dios cercano, y al mismo tiempo la dignidad de su condición y de su origen, que no se remonta a enseñanzas históricas de héroes legendarios, sino a la experiencia de encuentro entre pueblos y personas diversas”, prosiguió el Cardenal.

El Cardenal Bertone señaló luego que no sólo han sido los factores externos –como las persecuciones– las que han determinado cierta pobreza en la presencia cultural católica. “Es necesario constatar también que los esfuerzos católicos para la producción de la cultura han tenido, en general, un éxito mermado. Han faltado en ocasiones la creatividad necesaria para dar vida a nuevas propuestas culturales”.

Hoy sin embargo, destacó, “entre los signos incipientes y esperanzadores se percibe una mayor participación de la Iglesia en la vida cultural, así como el acercamiento de figuras importantes de la cultura mexicana a la religiosidad católica. Se trata, en definitiva, de trabajar para que la cultura mexicana ahonde en sus raíces, no necesariamente para imponer un canon moral o intelectual a los intelectuales y artistas, sino para complementar, enriquecer y acoger sus esfuerzos creativos. Se trata, en definitiva, de evangelizar la cultura”.

Al respecto, el Purpurado advirtió con energía: “así como el primer anuncio de Evangelio fue, ante todo, un encuentro entre culturas, es necesario hoy un nuevo anuncio que tenga entre sus prioridades a la cultura. Estoy firmemente persuadido: mientras no iluminemos con el Evangelio el alma de la cultura, no podemos esperar la transformación tan anhelada de nuestros pueblos”.

“Tenemos ante nosotros un desafío apasionante y hermoso. Dar a luz una nueva cultura cristiana en este comienzo del Tercer Milenio, ser los autores de una nueva síntesis entre la fe y la cultura de nuestro tiempo, abrir horizontes fecundos, acabar con tópicos inútiles y estériles”.

“Para ello juega a nuestro favor un fondo de religiosidad popular que la ola de secularismo todavía no ha logrado apagar”, destacó.

“No todo está perdido. No hay tiempo para el desaliento. Nada ganamos con dejarnos vencer por la inercia o la rutina. No podemos cruzarnos de brazos pensando que cualquier esfuerzo en el terreno cultural es fatiga inútil o empresa imposible”, advirtió el Cardenal Bertone.

El Secretario de Estado concluyó con una invitación “a contemplar más intensamente el rostro de Cristo y entrar en intimidad con él, a hacer de la santidad el programa de la renovación de la Iglesia y, por tanto también, de la pastoral de la cultura. La santidad crea belleza, despejamos caminos, hace aflorar propuestas, genera fuerzas y proporciona esperanzadas razones”.

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