11 de abril de 2015 9:19 am

Conoce los consejos del Papa Francisco para afrontar crisis vocacional en vida religiosa

POR ÁLVARO DE JUANA | ACI Prensa/EWTN Noticias

Imagen referencial / Religiosos. Foto: Flickr Saint Joseph (CC BY-NC-ND 2.0)
Imagen referencial / Religiosos. Foto: Flickr Saint Joseph (CC BY-NC-ND 2.0)

El Papa Francisco recibió en audiencia esta mañana en el Vaticano a los participantes del “Convenio de formadores y formadoras a la vida consagrada”, que desde el 8 de abril y hasta el 11 se celebró en Roma. Han participado 1.200 personas, que han hecho balance del Año de la Vida Consagrada que se celebra actualmente en toda la Iglesia.

El Papa señaló que “dentro de cada uno de ustedes veo a vuestros y nuestros jóvenes, protagonistas de un presente visto con pasión, y promotores de un futuro animado de la esperanza; jóvenes que, empujados por el amor de Dios, buscan en la Iglesia los caminos para asumirlo en la propia vida”.

Haciendo gala de su habitual buen sentido del humor, Francisco exclamó que “¡Al ver que son tan numerosos no se diría que hay crisis vocacional!”. “Pero en realidad –continuó-, existe una indudable disminución cuantitativa, y esto hace más urgente la tarea de la formación, una formación que plasme de verdad en el corazón de los jóvenes el corazón de Jesús, para que tengamos sus mismos sentimientos”.

Retomando el tema de la crisis vocacional, dijo estar “convencido” de que “no hay crisis vocacional allí donde existen consagrados capaces de transmitir, con su propio testimonio, la belleza de la consagración”. Y precisamente, “a esto están llamados”. “Este es su ministerio, su misión”.

Francisco dejó claro que no son solamente “maestros”, sino “sobre todo testimonios de la acción de Cristo en vuestro propio carisma”. Algo que “se puede hacer si cada día si se redescubre con alegría qué es ser discípulo de Jesús”.

Además, aseguró que “la vida consagrada es bella, es uno de los tesoros más preciosos de la Iglesia, radicado en la vocación bautismal”.  Y, por tanto, es bello también ser formados ya que “es un privilegio participar en la obra del Padre que forma el corazón del Hijo en aquellos que el Espíritu ha llamado”.

“A veces se puede sentir este servicio como un peso”, pero “esto es un engaño, es una tentación”.  Por eso “es importante la misión, pero es también importante formar a la misión, a la pasión del anuncio, de ir por todas partes, en cada periferia, para hablar a todos del amor de Jesucristo, especialmente a los alejados, contárselo a los pequeños y a los pobres, y dejarse también evangelizar por ellos”.

“Todo esto requiere una base sólida, una estructura cristiana de la personalidad que hoy las mismas familias raramente saben dar. Y esto aumenta su responsabilidad”, dijo a los formadores.

¿Qué cualidades debe tener un buen formador? Francisco explicó que una de ellas es la de “tener un corazón grande para los jóvenes, para formar en ellos grandes corazones, capaces de acoger a todos, corazones ricos de misericordia, llenos de ternura”. Porque los formadores también son “verdaderos padres, verdaderas madres, capaces de pedir y de darles lo máximo”. “Esto es posible solo por medio del amor, el amor de los padres y de las madres”.

El Papa advirtió que “no es verdad que los jóvenes de hoy sean mediocres y no sean generosos, pero necesitan experimentar que ‘se es más santo al dar que al recibir’”, que “existe una gran libertad en una vida obediente, una gran fecundidad en un corazón virgen, una gran riqueza en el no poseer nada”.

Francisco les pidió estar atentos en el proceso vocacional para que “una eventual crisis” no desemboque “en una crisis más grave”.

Los jóvenes deben “dejarse educar por Dios Padre cada día de la vida, en cada edad, en la misión como en la fraternidad, en la acción como en la contemplación”.

Dejando a un lado el texto escrito, improvisó afirmando que “el discernimiento vocacional es importante. Todos, todas las personas que conocen la personalidad humana –sean psicólogos, padres espirituales, madres espirituales- que dicen que los jóvenes que inconscientemente sienten tener algún desequilibrio o desviación, inconscientemente buscan estructuras fuertes que le protejan, para protegerse”.

Y “allí está el discernimiento: saber decir ‘no’. Pero no echar fuera: no, no”.  “Y como se acompaña a la entrada, acompañar también a la salida, para que él o ella encuentre el camino en la vida, con la ayuda necesaria. No la que algunos defienden que es pan para hoy y hambre para mañana”.

“Observad la calidad de muchos, muchos consagrados… ayer en el almuerzo había un grupito de sacerdotes que celebraba el 60 aniversario de su ordenación sacerdotal: la sabiduría de los viejos… algunos son un poco… ¡pero la mayoría de los ancianos tiene sabiduría!”, dijo. “Las hermanas que todos los días se levantan para trabajar, las hermanas del hospital, que son ‘doctoras en humanidad’: ¡Cuánto debemos aprender de esta consagración de años y años!”.

“Y después mueres. Y las hermanas misioneras, los consagrados misioneros, que van allí y mueres allí. ¡Observen a los ancianos!”, volvió a pedir. Pero “no les vean solo: vayan a encontrarles porque el cuarto mandamiento también es para la vida religiosa, con nuestros ancianos”.

Sobre los jóvenes, dijo que “cuánto bien les hace mandarles a ellos, que se acerquen a estos ancianos y ancianas consagrados, sabios: ¡qué bien hace! Porque los jóvenes tienen el instinto de redescubrir la autenticidad, y esto hace bien”.

Por tanto, “la formación inicial, este discernimiento es el primer paso de un proceso destinado a durar toda la vida, y el joven se forma en la libertad humilde e inteligente de dejarse educar por Dios Padre cada día de la vida”.

“Gracias, queridos formadores, por su servicio humilde y discreto, del tiempo donado a la escucha –el apostolado ‘del oído’, escuchar- del tiempo dedicado al acompañamiento y al cuidado de cada joven suyo”.

Francisco subrayó que “Dios tiene una virtud –si se puede hablar de virtud de Dios-, una cualidad de la que no se habla mucho. La paciencia. Él tiene paciencia. Dios sabe esperar”.

Pidió a los formadores y formadoras que también aprendan esto, “que muchas veces es un poco martirio: esperar… Y cuando te viene una tentación de impaciencia, detente, o de curiosidad...”. “La paciencia es una de las virtudes de los formadores”, añadió después.

“Es doloroso cuando llega un chico o una chica, después de tres, cuatro años y dice: ‘Ah, yo no lo siento; he encontrado otro amor que no es contra Dios, pero no puedo, me voy’. Esto es duro. Pero este es su martirio”.

Cuando haya dificultades “no se necesita desanimarse” ya que “también los fracasos pueden favorecer el camino de formación continua del formador”.

“Algunos dicen que la vida consagrada es el paraíso en la tierra. No. ¡Si acaso el purgatorio! Pero vayan adelante con alegría”, solicitó.

El Obispo de Roma se despidió afirmando que “toda la Iglesia os está agradecida” y les deseó “vivir con alegría y gratitud este ministerio, con la certeza de que no hay nada más bello en la vida que pertenecer para siempre y con todo el corazón a Dios, y dar la vida al servicio de los hermanos.

Etiquetas: Vaticano, Iglesia Católica, Vida consagrada, Papa Francisco, Año de la Vida Consagrada

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