3 de octubre de 2005 - 10:44 AM

Cardenal Scola llama a responder a desafíos del Sínodo desde la fe, no desde las presiones del mundo

Redacción ACI Prensa

Cardenal Scola llama a responder a desafíos del Sínodo desde la fe, no desde las presiones del mundo

El Cardenal Angelo Scola, Patriarca de Venecia (Italia), y Relator General del Sínodo, hizo un apretado elenco de los principales desafíos referidos a la Eucaristía y a la Misa –desde la ‘intercomunión’ con los evangélicos hasta la comunión de los divorciados–; y llamó a responder a ellos desde la fe de la Iglesia y no desde las presiones del mundo.

En su extensa Relatio ante disceptationem –el tradicional informe que precede al debate en todo Sínodo– el Cardenal Scola advirtió que el apagarse del asombro eucarístico depende, en último análisis, de la finitud y del pecado del sujeto. Frecuentemente esto encuentra un terreno de cultura en el hecho que la comunidad cristiana que celebra la Eucaristía está lejos de la realidad. Vive abstractamente. Ya no le habla al hombre concreto, a sus afectos, a su trabajo, a su descanso, a sus exigencias de unidad, de verdad, de bondad, de belleza”; y señaló que “la Asamblea Sinodal deberá indagar atentamente este estado de cosas y sugerir los remedios posibles”.

Eucaristía y ecumenismo

El Purpurado señaló luego, que "la Celebración Eucarística es el acto del culto llamado a manifestar de modo eminente el único evento pascual”. “El sacramento es dado por la comunión de los hombres en Cristo. Fuera de esta comunión eucarística y sacramental la Iglesia no está plenamente constituida: La Eucaristía hace la Iglesia”, agregó.

“Antes que nada –agregó– se debe destacar la sustancial comunión de fe entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas sobre el tema Eucaristía y sacerdocio, comunión que, a través de una mayor y recíproca profundización de la celebración eucarística y de la divina liturgia, está destinada a crecer”.

El Cardenal Scola llamó además a “recibir positivamente el nuevo clima a propósito de la Eucaristía en las comunidades eclesiales nacidas a partir de la Reforma. Según diversos grados y con alguna excepción, también tales comunidades subrayan cada vez más el carácter decisivo de la Eucaristía como elemento clave en el diálogo y en la praxis ecuménica”.

El Purpurado señaló, sin embargo, que la ‘intercomunión’ de los fieles pertenecientes a diversas Iglesias no tiene fundamentos teológicos ni ayuda al verdadero ecumenismo: “Aunque provoque un gran sufrimiento, su falta no confiere al fiel y al pueblo de Dios derecho alguno a la Eucaristía. Por la misma razón, el don de la Eucaristía no puede ser nunca idolátricamente ‘poseído’ por parte del hombre, no tolera una actitud casi gnóstica de pretendido dominio”.

Comunión de los divorciados

El Patriarca de Venecia destacó más adelante que “una adecuada catequesis eucarística nunca puede ser separada de la propuesta de un camino penitencial. En la confesión hunde también sus propias raíces la venerable práctica del ayuno eucarístico, al que sería útil dedicarle alguna reflexión en esta Asamblea”

“A nadie se le escapa la difundida tendencia a la comunión eucarística de los divorciados que se vuelven a casar, más allá de lo indicado por las enseñanzas de la Iglesia”, señaló luego el Cardenal Scola; y advirtió que “es necesario que toda la comunidad cristiana acompañe a los divorciados que se vuelven a casar en la toma de conciencia de que no están excluidos de la comunión eclesial. Su participación en la celebración eucarística permite, en todo caso, esa comunión espiritual que, si es vivida bien, es un reflejo del sacrificio mismo de Jesucristo”.

“La participación consciente, activa y fructífera del pueblo de Dios –sobre todo con ocasión del precepto dominical– coincide, de hecho, con la adecuada celebración de los santos misterios. (...) Se trata de obedecer al rito eucarístico en su extraordinaria integridad, reconociendo la fuerza canónica y constitutiva desde el momento en que, no por casualidad, desde hace dos mil años asegura la existencia de la Santa Iglesia de Dios".

“La consideración del rito eucarístico como acción sacramental que por sí sola es capaz de justificar la Eucaristía como fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia, no sería completa si no se mostrase su fuerza de transformación de la vida personal y comunitaria de los fieles y, a través de ella, su fecundidad en relación a toda la familia de los hombres y de los pueblos”, agregó el Cardenal.

“La dimensión comunitaria de la acción eucarística permite además a los cristianos no olvidar que lo creado-cosmos es un bien común y universal y que el compromiso con respecto a él se extiende no solamente a las exigencias del presente, sino también a las del futuro”.

“Esta forma eucarística de la personalidad y de la comunidad cristiana no es una utopía. Vive ya plenamente en María, mujer eucarística”, concluyó.

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