6 de mayo de 2016 5:45 pm

Cardenal Müller habla sobre comunión y matrimonio en España

Redacción ACI Prensa

Cardenal Gerhard Müller / Foto: Lauren Cater (ACI Prensa)
Cardenal Gerhard Müller / Foto: Lauren Cater (ACI Prensa)

El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Müller, dirigió un discurso en el Seminario Conciliar de Oviedo (España) sobre el matrimonio y la comunión, titulado “¿Qué podemos esperar de la familia? Una cultura de esperanza para la familia a partir de la exhortación post-sinodal Amoris Laetitia”.

La autoridad vaticana pronunció este discurso el 4 de mayo durante la presentación de su libro “Informe sobre la esperanza”, que tuvo lugar en el salón de actos del Seminario Metropolitano y a donde llegaron autoridades eclesiales, entre ellos el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes.

En su discurso, el Cardenal Müller hizo un paralelo sobre la problemática de la familia actual –afectada por la postmodernidad- con la historia de Noé, “un relato de familia” a través de la cual Dios genera esperanza y donde “la misma arca no tiene forma de nave, sino de casa, símbolo de la familia”.

El mar del diluvio “nos habla de las relaciones líquidas de la postmodernidad, privadas de forma y siempre inestables, recomenzando una y otra vez en múltiples uniones inconexas”, señaló.

El Cardenal, que advirtió sobre este “diluvio ideológico”, pidió redescubrir “el proyecto originario de Dios sobre la familia”. El arca de Noé viene a ser la Iglesia y “la familia necesita vivir dentro de la Iglesia, donde se le recuerde la gran vocación que ha recibido” de parte de Dios, afirmó.

Los leños bien trabados e impermeables del arca “representan la cultura de la familia”, que se custodia “en el amor indisoluble de un hombre y una mujer abiertos a la transmisión y a la educación de la vida (…). Vemos aquí la gran misión y el reto de la Iglesia para la familia”, afirmó.

En ese sentido, señaló que en Amoris Laetitia el Papa Francisco “propone edificar una cultura de la familia sólida”, como el arca que surcaba los mares. “La Iglesia puede navegar porque su casco y su arboladura tienen la forma de este amor de Jesús, comunicado en los sacramentos”. “De este modo –dijo- Ella es capaz de crear en el mundo un ambiente nuevo, una cultura nueva, prácticas nuevas para acompañar a las familias”.

La relación entre esposos “conocerá caídas y necesitará del perdón” -porque es imperfecta y está en camino-, pero el sacramento del matrimonio les proporcionará la “presencia plena entre ellos del amor de Jesús, el vínculo de un amor tan indisoluble, hasta la muerte, como el de Cristo y su Iglesia”.

Por ello, señaló, Francisco ha propuesto en su documento que la pastoral matrimonial sea “una pastoral del vínculo”, pues este, al preparar “al ‘sí para siempre’”, supera el individualismo y crea una cultura de la familia.

Además a través del sacramento del matrimonio la Iglesia garantiza a los esposos que en cualquier caso y situación velará por este vínculo y lo protegerá “para que permanezca vivo”.

Sin embargo, preguntó el Cardenal Müller, “¿cómo dar esperanza a aquellos que viven alejados, y especialmente a los que han vivido el drama y la herida de una segunda unión civil después de un divorcio?”.

“Son los que, se podría decir, naufragaron en el diluvio de la postmodernidad líquida y han olvidado aquella promesa esponsal por la que sellaron en Cristo un amor para siempre. ¿Pueden regresar al arca de Noé, construida sobre el amor de Cristo, y escapar a las aguas? En tres palabras el Papa nos indica la vía para esta tarea de la Iglesia: acompañar, discernir, integrar”, señaló.

El Purpurado recordó que estos bautizados “no están excluidos de la Iglesia (…), aunque su vida no se corresponda con las palabras de Jesús”, pues la Iglesia “alberga en su seno justos y pecadores”, hombres y mujeres “que caen y se levantan”.

Sin embargo, dijo que así como todos entraron a través del Bautismo, todos están también llamados a abandonar el pecado. La Iglesia, señaló, tiene la misión de mantener ante el mundo no solo el testimonio de cómo vivió Jesús, sino de cómo están llamados a vivir “los miembros del cuerpo de Jesús”.

En ese sentido, señaló que “el primer elemento clave para este camino de acompañamiento resulta ser, por tanto, la armonía entre la celebración sacramental y la vida cristiana”, disciplina Eucarística que la Iglesia ha mantenido desde sus orígenes y que le permite acoger “al pecador sin por ello bendecir el pecado”.

Así, rechazó que se quiera decir que en Amoris Laetitia se elimina esta disciplina, para permitir que en ciertos casos “los divorciados que viven en nueva unión pudieran recibir la Eucaristía sin necesidad de transformar su modo de vida”, sea “abandonando la nueva unión o viviendo como hermanos en ella”.

“Si Amoris Laetitia hubiera querido cancelar una disciplina tan arraigada y de tanto peso, se habría expresado con claridad, ofreciendo razones para ello. No hay, sin embargo, ninguna afirmación en este sentido; ni el Papa pone en duda en ningún momento los argumentos presentados por sus predecesores”, afirmó.

“¿Pero no se encuentra este cambio – objetan todavía algunos – en una nota a pie de página, donde se dice que, en algunas ocasiones, la Iglesia podría ofrecer la ayuda de los sacramentos a quienes viven en situación objetiva de pecado (n. 351)? Sin entrar en un análisis detallado, basta decir que esta nota se refiere a situaciones objetivas de pecado en general, sin afectar al caso específico de los divorciados en nueva unión civil”, señaló.

“La situación de estos últimos, en efecto, tiene rasgos peculiares, que la distinguen de otras situaciones. Y es que estos divorciados viven en contraposición con el sacramento del Matrimonio y, por tanto, con la economía de los sacramentos, con centro en la Eucaristía”, advirtió.

En ese sentido, la autoridad vaticana señaló que “nadie puede querer de verdad un sacramento, el de la Eucaristía, sin querer también vivir de acuerdo con los demás sacramentos, entre ellos el del matrimonio. Quien vive en modo contrario al vínculo matrimonial se opone al signo visible del sacramento del matrimonio”.

Por ello, destacó a aquellos “divorciados en nueva unión civil que se abstienen de acercarse a la Eucaristía” y que para acceder a ella buscan primero regenerar su vida.

“El deseo de comulgar puede conducir, con la ayuda del pastor (y aquí se abre la vía del discernimiento) a una regeneración del deseo, para que deseemos vivir según las palabras del Señor”, señaló.

El Cardenal indicó que Amoris Laetitia indica los criterios clave para llevar a cabo el discernimiento. “El primero consiste en la meta que se busca al discernir” y que aquella que “la Iglesia anuncia para todos (…) y que no debe callarse por respetos humanos ni por miedo a chocar con la mentalidad del mundo, como recuerda el Papa”.

“Consiste en volver a la fidelidad al vínculo matrimonial (…). Todo el proceso se dirige, paso a paso, con paciencia y misericordia, a reconocer y sanar la herida que aqueja a estos hermanos, que no es el fracaso del anterior matrimonio, sino la nueva unión establecida”, afirmó.

Por tanto el discernimiento es necesario para elegir camino. El Cardenal Müller indicó que el segundo criterio es “la lógica de los pequeños pasos de crecimiento, de que también habla el Papa”.

“La clave es que estos divorciados renuncien a instalarse en su situación, que no hagan las paces con la nueva unión en que viven, que estén dispuestos a iluminarla a la luz de las palabras de Jesús. Todo lo que mueva a abandonar este modo de vivir, es un pequeño paso de crecimiento que hay que promover y animar”.

“Quien desea comer a Jesús en la Eucaristía, deseará también, usando la imagen bíblica, comer sus palabras, asimilarlas en su vida”. “No es Jesús quien se adapta a nuestro deseo, sino nuestro deseo el que está llamado a conformarse a Jesús, para encontrar en él su realización plena”.

Finalmente, explicó que “integrar”, como pide Francisco en Amoris Laetitia, exige desarrollar un itinerario “realizado en cada diócesis bajo la guía del obispo y siguiendo la enseñanza de la Iglesia”, y, de ser posible “contando con un equipo de pastores cualificados y expertos”.

Dijo que “es esencial que en el camino se anuncie la palabra de Dios, especialmente en lo que toca al matrimonio. Así estos bautizados irán haciendo luz sobre esa segunda unión que comenzaron y en la que viven. Se propiciaría aquí también la posibilidad de revisar una eventual nulidad del matrimonio sacramental, según las nuevas normas emanadas por el Papa”.

“El criterio es, como he indicado antes, el camino de crecimiento concreto de la persona hacia la sanación”, indicó.

El Cardenal dijo que el Papa invita a emprender una ruta donde “la comunión eucarística estará en el horizonte final, y llegará en el momento en que Dios quiera, pues Él actúa en la vida de estos bautizados, ayudándoles a regenerar sus deseos conforme al Evangelio”. “Empecemos paso a paso, ayudándoles a participar en la vida de la Iglesia, hasta que ‘alcancen la plenitud del plan de Dios para ellos’”, alentó.

Etiquetas: Cardenal Gerhard Müller, Exhortación Apostólica Amoris Laetitia

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