6 de enero de 2009 3:38 pm

Cardenal cubano describe avances, pero pide más apertura para acción de la Iglesia

Redacción ACI Prensa

Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana, Cuba
Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana, Cuba

En una homilía pronunciada durante el 1 de enero en la Catedral primada, el Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana, destacó los avances de la Iglesia en su presencia social; pero pidió mayor apertura para su acción evangelizadora, especialmente en los campos de la educación y los medios de comunicación social.

Durante la homilía, publicada en su integridad por la revista de la Arquidiócesis habanera "Espacio Laical", el Purpurado señaló que "el Santo Padre nos invita a considerar, en el momento difícil que vive la humanidad por la crisis económica mundial, cuáles son las carencias materiales y morales de nuestro tiempo que llevan a esta crisis, generando un crecimiento de la pobreza, principal factor negativo para la paz pues, como sucede siempre, ella es causa de intranquilidad y aún de violencia social".

El Cardenal Ortega se refirió luego a la "pobreza poblacional" que "es experimentada en varios países, también en el nuestro, por el envejecimiento de la población y el bajo índice de natalidad"; y destacó, luego de citar extensamente al Papa Benedicto XVI en su mensaje por la Jornada Mundial por la Paz 2009, que a la Iglesia le corresponde jugar un papel en el proceso de reconciliación.

Este papel incluye "el afianzamiento de las bases morales y espirituales de la humanidad, imprescindibles para enfrentar la crisis presente y evitar que se ahonde y se repita en el futuro".

"La crisis económica global –explicó el Cardenal Ortega– tiene sus raíces en la ambición desmedida, en las ansias irrefrenadas de enriquecimiento, en el egoísmo que ignora la solidaridad y la entorpece".

Por ello, advirtió que "si no se restablecen las coordenadas morales que deben regir las relaciones entre naciones desarrolladas y menos desarrolladas, de forma que se estructure una verdadera solidaridad global, no habrá planes meramente financieros, comerciales o de orden sólo material que puedan salvar al mundo".

"No es otra la misión de la Iglesia en Cuba: sembrar valores, apoyar la familia como institución indispensable, abrir caminos de esperanza, pues sin hombres y mujeres motivados no se pueden llevar a cabo los deseados proyectos de mejoramiento económico y social que se han anunciado en el país", agregó el Arzobispo.

El Purpurado realizó luego un recuento positivo de la situación de la Iglesia en Cuba, aunque advirtió que "no es que estén a nuestro alcance todas las posibilidades de orden educativo, social o asistencial que los católicos cubanos pudiéramos desplegar como acciones propias de la Iglesia, en bien de nuestro pueblo".

Entre los factores positivos, el Cardenal Ortega destacó:

"La Iglesia en Cuba está inmersa en el trienio preparatorio que nos lleva a celebrar en el año 2012 los cuatrocientos años del hallazgo de la venerada imagen de la Virgen de la Caridad de El Cobre"

"La beatificación del Padre Olallo en Camagüey", un hecho eclesial relevante que "en parte gracias a la televisión, ha tenido resonancia nacional: se trataba del primer cubano exaltado por su vida ejemplar a la veneración de la Iglesia".

"La reciente trasmisión del Mensaje de Navidad que pronuncié en esta misma Catedral durante el Concierto de villancicos que fue televisado a todo el país, tiene también un hondo significado. Hace diez años se restableció el feriado de Navidad el 25 de diciembre, pero poco se mencionaba esta festividad cristiana".

El Arzobispo de La Habana señaló que "es un bien innegable que exista una separación de la Iglesia y el Estado"; pero esta separación "no puede considerarse como una separación de la Iglesia de la sociedad".

"No nos contentamos sólo con eventuales transmisiones radiales o televisivas, debemos tener espacios sistemáticos en la prensa, la radio y la televisión. Nunca podemos dejar a un lado la misión educativa de la Iglesia, que podría tener otras dimensiones, queremos seguir ampliando el trabajo con los ancianos, tan numerosos entre nosotros y también con otros grupos necesitados", agregó el Purpurado.

"A veces, mirando la trayectoria recorrida, pienso que este camino de la Iglesia en la sociedad cubana podría ser paradigmático para continuar avanzando en otras esferas sociales, políticas y económicas del país, donde se necesitan y se esperan mejoramientos que implican también pasos nuevos, quizás audaces, pero que estoy seguro redundarán en bien para todo el pueblo cubano", concluyó.

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