16 de febrero de 2020 - 7:30 PM

Arzobispo revela que se estudia “presunto nuevo milagro” del Beato José Olallo Valdés

Redacción ACI Prensa

Foto tomada durante la misa del Bicentenario del Beato Olallo. Crédito:Cortesía Arquidiócesis de Camagüey
Foto tomada durante la misa del Bicentenario del Beato Olallo. Crédito:Cortesía Arquidiócesis de Camagüey

El Arzobispo de Camagüey (Cuba), Mons. Wilfredo Pino, celebró Misa por el bicentenario del nacimiento del Beato José Olallo Valdés y reveló que se investiga un presunto nuevo milagro que podría abrir las puertas a su canonización.

La Misa fue celebrada el 12 de febrero en la Catedral de Camagüey, a donde fueron llevados los restos del Beato. Durante la celebración, el Prelado recordó que “todos estamos llamados a ser santos”: laicos, religiosos, hombres y mujeres de toda edad, profesión y condición.

En ese sentido, señaló que es incorrecto pensar que se nace santo, porque “la santidad no es un privilegio al que solo pueden aspirar algunos cristianos”.

“Los santos fueron personas de carne y hueso como nosotros. Tuvieron fecha de nacimiento y fecha de muerte”, agregó.

Mons. Pino advirtió que “los malos ejemplos arrastran, pero los buenos ejemplos cautivan”, como es el caso del Beato P. Olallo, quien es “patrimonio histórico de la Iglesia, de la patria y de nuestro Camagüey”.

El Beato nació en La Habana el 12 de febrero de 1820. Con solo 15 años de edad, comenzó a servir a los pobres en Camagüey. Era huérfano de ambos padres, pues su madre lo abandonó a un mes y tres días de nacido en una casa hogar con una cinta atada a su brazo que decía: “Nació el 12 de febrero último y no está bautizado”.

La Casa Cuna de La Habana, fundada por Mons. Gerónimo Valdés, era dirigida por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Ahí lo bautizaron el mismo día que llegó, el 15 de marzo.

Llevó el apellido Valdés, pues el difunto obispo fundador quiso que todos los niños de la Casa Cuna lleven su apellido, para que ninguno se sintiera huérfano.

El Arzobispo de Camagüey recordó que “en 1876, el Arzobispo de Santiago de Cuba, Mons. José María Martín, le propuso ordenarlo sacerdote”, pero el hoy Beato “no aceptó para poder seguir atendiendo a los enfermos”.

“Fue el Enfermero Mayor del Hospital San Juan de Dios, pero también médico y cirujano para cirugías menores, las que aprendió a hacer mirando a los profesionales”. Hizo “frente a las epidemias del cólera” y vio morir a muchas personas, agregó.

Era “padre, hermano, amigo y apóstol”, pues se dice que “visitaba uno por uno a los enfermos” día y noche, “los bañaba él mismo, los pelaba, barría los pasillos”, lavaba las “ropas, sábanas y vendajes de los enfermos”, y “leía libros de medicina” para estar más capacitado. Todo lo hacía “en el silencio propio de los humildes”, señaló Mons. Pino.

El 7 de marzo de 1889 falleció en su “celda”, donde solo “tenía un catre, una mesita, un tintero y unas plumas de ave para escribir”, dijo el arzobispo cubano.

En su testamento indicó que llevaran su cadáver al depósito donde colocaban los difuntos del Hospital para que desde allí lo trasladaran al Cementerio. Y así se hizo.

Sin embargo, por el cariño del pueblo cubano, también lo velaron dos días más en la iglesia de San Juan de Dios y en la Catedral. Su entierro fue “de triunfo”, al son de campanas, dijo Mons. Pino.

El pueblo agradecido por su “caridad inagotable” puso epitafios en la plaza de San Juan de Dios y en su tumba, en homenaje a la “grandeza de su abnegación”, que decían que dejó de pertenecerse para entregarse entero al pobre y sufriente. La devoción y popularidad del beato fue tanta en Camagüey, que una calle que antes se llamaba “De los pobres”, hoy lleva el nombre de “Padre Olallo”, dijo el Prelado.

El Papa Benedicto XVI lo declaró Beato el 15 de marzo del 2008, por el milagro de la curación, científicamente inexplicable, de Daniela Cabrera Ramos, una niña de tres años con cáncer.

“Es el primer Beato cubano que nació, vivió y murió en nuestra Patria”, dijo Mons. Pino. “Otro presunto milagro, que deberá ser estudiado por la Iglesia, sería el de Antoine, joven francés, y cuyos padres han venido desde Francia para acompañarnos, agradecidos, en esta Misa”.

“Le pedimos al Beato Padre Olallo que siga intercediendo por los enfermos y ancianos, por el Hogar que lleva su nombre, por los Religiosos Hermanos de San Juan de Dios, por esta ciudad de Camagüey y por cada uno de nosotros. Y que ojalá nosotros sigamos su ejemplo”, concluyó.

Etiquetas: Cuba, Misa, Iglesia en Cuba, Bicentenario, Camagüey, Beato José Olallo

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