22 de junio de 2003 - 2:10 PM

Arzobispo de Sevilla exhorta a superar divorcio entre fe y vida

Redacción ACI Prensa

Arzobispo de Sevilla exhorta a superar divorcio entre fe y vida

En el marco de la celebración de la tradicional procesión del Corpus Christi en Sevilla, Mons. Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo local, afirmó que al manifestar públicamente “el gran misterio de nuestra fe: la Eucaristía”, “no podemos continuar sosteniendo esa incoherencia entre los comportamientos exteriores y la confesión de la fe”. Durante su homilía, Mons. Amigo llamó la atención acerca de la incoherencia que se revela entre los comportamientos públicos y la “confesión testimoniante de la fe”.

El Arzobispo señaló que los sevillanos “no queremos hacer de nuestra fe un asunto privado, sino que ofrecemos, sin imponérselo a nadie, lo que tenemos y lo que vivimos”.

Asimismo, el Prelado sostuvo que es necesario “superar ese privaticismo de una fe oculta, sin militancia, sin práctica religiosa y moral, sin comunidad, sin sacramentos que se celebran, sin un compromiso práctico de vivir y anunciar el Evangelio”.

Luego, Mons. Amigo resaltó que “no podemos continuar sosteniendo esa incoherencia entre los comportamientos exteriores y la confesión testimoniante de la fe, como adhesión a lo que Dios debe representar en la vida del creyente”.

Parece como si se enfriara la fe y, sin embargo, se muestra exuberante en acontecimientos religiosos ocasionales, en los que se da la impresión de que reviven unos rescoldos, casi residuales, de algo religioso metido en el hondón de la historia de las gentes”, agregó.

Además, el Arzobispo explicó que “Dios no puede ser manejado al propio antojo, sometiéndole al subjetivismo, al estilo y manera de cada cual. En el fondo, lo que hay es un deseo privado de creer y un avergonzamiento de confesarlo en público”.

Al referirse a la caridad, Mons. Amigo subrayó en que la práctica de la caridad no puede separarse, en forma alguna, de la relación de las personas: “sin caridad, la justicia se quedaría en el nivel de los estrictos derechos legales”.

“Se hacen obras de beneficencia y de solidaridad en favor de los necesitados. Y debemos alegrarnos de ello y aplaudir a quienes las hacen, pero ello no agota ni suple una caridad cristiana que trasciende los límites asistenciales y de promoción del hombre, para asumir a la persona en todo su valor”, concluyó.

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