Jueves 28 de noviembre

Evangelio según San Lucas, capítulo 21, versículos del 20 al 28

20 "Mas cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed que su desolación está próxima. 21 Entonces, los que estén en Judea, huyan a las montañas; los que estén en medio de ella salgan fuera; y los que estén en los campos, no vuelvan a entrar, 22 porque días de venganza son éstos, de cumplimiento de todo lo que está escrito. 23 ¡Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días! Porque habrá gran apretura sobre la tierra, y gran cólera contra este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán deportados a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por gentiles hasta que el tiempo de los gentiles sea cumplido". 25 "Y habrá señales en el sol, la luna y las estrellas y, sobre la tierra, ansiedad de las naciones, a causa de la confusión por el ruido del mar y la agitación (de sus olas). 26 Los hombres desfallecerán de espanto, a causa de la expectación de lo que ha de suceder en el mundo, porque las potencias de los cielos serán conmovidas. 27 Entonces es cuando verán al Hijo del Hombre viniendo en una nube con gran poder y grande gloria. 28 Mas cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se acerca".

Comentario

20. Teniendo presente esta profecía, los cristianos de Jerusalén dejaron la ciudad Santa antes de su ruina, retirándose a Pella al otro lado del Jordán. El tiempo de los gentiles (v. 24) va a cumplirse, esto es, va a terminar con la conversión de Israel (Rom. 11, 24), y el advenimiento del supremo Juez. Cf. Ez. 30, 3; Dan. 2, 29 - 45; 7, 13 s.; I Cor. 11, 26; Juan 19, 37.

28. Esta recomendación del divino Salvador, añadida a sus insistentes exhortaciones a la vigilancia (cf. Marc. 13, 37), muestra que la prudencia cristiana no está en desentenderse de estos grandes misterios (I Tes. 5, 20), sino en prestar la debida atención a las señales que El bondadosamente nos anticipa, tanto más cuanto que el supremo acontecimiento puede sorprendernos en un instante, menos previsible que el momento de la muerte (v. 34). "Vuestra redención": así llama Jesús al ansiado día de la resurrección corporal, en que se consumará la plenitud de nuestro destino. Cf. Mat. 25, 34; Filip. 3, 20 s.; Apoc. 6, 10 s. San Pablo la llama la redención de nuestros cuerpos (Rom. 8, 23). Cf. II Cor. 5, 1 ss.; Ef. 1, 10.


Estos comentarios corresponden a la versión electrónica de la Biblia y Comentario de Mons. Juan Straubinger, cortesía de VE Multimedios


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