Lunes 18 de noviembre

Evangelio según San Lucas, capítulo 18, versículos del 35 al 43

El ciego de Jericó.

35 Cuando iba aproximándose a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, y mendigaba. 36 Oyendo que pasaba mucha gente, preguntó qué era eso. 37 Le dijeron: "Jesús, el Nazareno pasa". 38 Y clamó diciendo: "¡Jesús, Hijo de David, apiádate de mí!" 39 Los que iban delante, lo reprendían para que se callase, pero él gritaba todavía mucho más: "¡Hijo de David, apiádate de mí!" 40 Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajesen; y cuando él se hubo acercado, le preguntó: 41 "¿Qué deseas que te haga?" Dijo: "¡Señor, que reciba yo la vista!" 42 Y Jesús le dijo: "Recíbela, tu fe te ha salvado". 43 Y en seguida vio, y lo acompañó glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Comentario

38. Cf. Mat. 20, 29 - 34; Marc. 10, 46 - 52. Llamando a Jesús "Hijo de David" confiesa el ciego que Jesús es el Mesías. De ahí la respuesta del Señor: "Tu fe te ha salvado" (v. 42). El ciego es una figura del pecador que se convierte pidiendo a Dios la luz de la gracia. "Quienquiera llegue a conocer que le falta la luz de la eternidad, llame con todas sus voces diciendo: Jesús, hijo de David, ten piedad de mí". (San Gregorio). Cf. Sant. 1, 5 ss.


Estos comentarios corresponden a la versión electrónica de la Biblia y Comentario de Mons. Juan Straubinger, cortesía de VE Multimedios


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