Me siento muy contento de que el Papa Francisco nos haya dado este nuevo día para recordar a María cada año, el lunes después de Pentecostés.

Este fue el deseo de nuestro Señor a la hora de su muerte y su regalo final para nosotros. Las palabras que Jesús dijo al estar en la cruz, nos las dice hoy a ustedes y a mí, y también a toda la Iglesia. Él nos invita a mirar a los ojos de María, y nos dice: “¡He aquí a tu Madre!”.

Jesús nos entrega a su propia madre para que sea nuestra madre. Hoy tenemos la bendición de poder reflexionar acerca de este hermoso regalo, que es parte del misterio del plan de Dios para nuestras vidas.

Cuando yo era niño, mis padres nos enseñaron a mí y a mis hermanas que teníamos una madre en la tierra y también una madre en el cielo. Y en la escuela católica, aprendí la importancia de la devoción a nuestra Santísima Madre.

Empezábamos todos los días con oraciones a María, y tratábamos de rezar el rosario todos los días. Todavía me acuerdo de mi director de la escuela católica. Él solía preguntarnos todos los días: “¿Lo trajiste? ¿Lo estás usando?”. Y, por supuesto, se refería a nuestros rosarios.

Yo todavía rezo el rosario todos los días, y les recomiendo esta devoción también a ustedes. El rosario es una hermosa manera de mostrarle nuestro amor a María y de centrar nuestras vidas en Jesús, aprendiendo a amar a Jesús como María lo amó.

¡Dios tiene un gran amor por nosotros! Es maravilloso pensar que somos hijos e hijas de la Reina del Cielo. La madre de Jesús nos ama a cada uno de nosotros como a uno de sus propios hijos.

En la gran historia de la salvación, el Padre envió a su único Hijo para que naciera de una mujer. Jesús viene a nosotros a través de María, y nosotros vamos a Jesús por medio de María.

Ella forma parte de la misión de Él desde el principio, desde el momento en que le dijo que “sí” al ángel, y que Él fue concebido bajo su Inmaculado Corazón, por el poder del Espíritu Santo.

En su amor, María llevó a Jesús en su seno. Ella lo presentó en el templo y lo crió con San José en la santa casa de Nazaret.

María estuvo allí con sus apóstoles cuando Jesús dio inicio a su ministerio terrenal en la fiesta de las bodas de Caná. Ella estuvo entre las mujeres que lo seguían, escuchando sus enseñanzas y presenciando sus milagros.

Cuando Él fue traicionado y abandonado, María estuvo de pie, a su lado junto a la cruz, para que Él no muriera solo.

Y cuando Jesús resucitó de entre los muertos y ascendió al cielo, María se convirtió en el corazón materno de su Iglesia. En los Hechos de los Apóstoles, leemos: “Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de… María, la madre de Jesús”.

María sigue siendo el corazón de la Iglesia, la madre de la familia de Dios. María, la madre de Jesús todavía nos acompaña, compartiendo nuestras alegrías y esperanzas, ayudándonos en todos los desafíos que nos presenta nuestra vida cotidiana. Ella nos abre todavía los brazos con amor tierno, para ofrecernos su consuelo y su guía.

Y así como sucedió con los primeros discípulos, Jesús quiere que ustedes lleven a María a sus hogares, a sus vidas y a sus corazones. Él quiere que ustedes la amen como a una madre. Él quiere que ustedes sientan el amor que ella tiene por ustedes. Y Él quiere que amen a María, como Él la amó.

Los santos saben que nosotros vamos a Jesús del mismo modo que Él vino a nosotros: a través de María. Así como ella ayudó a Jesús a crecer, la misión de María es ahora la de ayudarnos a crecer como hijos e hijas de Dios. ¡Y ella tiene mucho que enseñarnos!

Así que, ¡amen a María como madre! ¡Pídanle que sea una madre para ustedes y que nunca los deje! Pídanle que interceda por ustedes y que los ayude a crecer en la fe y a hacer la voluntad de Dios.

En honor de esta hermosa fiesta, estamos ofreciendo un regalo a todos los que pertenecen a la familia de Dios aquí, en la Arquidiócesis de Los Ángeles. Queremos darles a todos una pequeña imagen de nuestra Santísima Madre para sus hogares. En mi oración, pido que esta pequeña imagen nos ayude a todos a crecer en nuestro amor por María, nuestra madre. Visiten marian.angelusnews.com para registrarse y recibir una.

¡Que nuestra Santísima Madre María nos ayude hoy y siempre a seguir a su Hijo y a crecer en santidad y en amor!

(El arzobispo Gomez celebró la primera Misa en memoria de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia el 21 de mayo. Se unieron a él más de 1,000 estudiantes de escuelas católicas de toda la arquidiócesis que ofrecieron flores a la Virgen y presentaron intenciones de oración para pedir su intercesión; intenciones que el arzobispo llevará a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe durante su peregrinación anual en julio. Lo que sigue es una adaptación de su homilía).

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)