Éste ha sido un verano muy ocupado. Esta semana, al escribirles esto, me estoy preparando para la Misa de inicio del nuevo año escolar en Seminario de St. John. ¡Apenas puedo creer que los meses de verano hayan avanzado tan rápido!

Este año estamos celebrando el 75 aniversario del seminario. Además de nuestra Misa de apertura, tendremos una celebración especial en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles el 12 de septiembre para conmemorar ese aniversario.

Espero que algunos de ustedes puedan participar con nosotros en esta hermosa noche de celebración para ayudar a recabar fondos para apoyar las buenas obras que el seminario realiza. Vamos a homenajear a tres grandes benefactores del Seminario: Mons. Craig Cox, el anterior rector del seminario; la hermana Edith Prendergast, RSC, que acaba de jubilarse de su puesto de directora de la Oficina de Educación Religiosa, después de más de 25 años de servicio; y Mons. Kevin Kostelnik, párroco de la Catedral. Estamos también homenajeando a los Padres Vicentinos (la Congregación de la Misión), que han estado prestando sus servicios en Seminario de St. John durante estos 75 años. Pueden encontrar información acerca de los boletos para esta celebración en www.stjohnsseminary75th.org.

Espero que todos sigamos orando y apoyando la labor del Seminario de St. John. El seminario ha estado formando hombres para el sacerdocio desde 1939. Nuestros sacerdotes egresados sirven a la familia de Dios aquí en Los Ángeles y en diócesis y arquidiócesis de todo el suroeste de Estados Unidos.

Algunos de nuestros exalumnos han llegado a ocupar los puestos más elevados de la Iglesia católica universal, prestando sus servicios como obispos y cardenales. A través de su ministerio, nuestros sacerdotes han tocado la vida de millones de almas con la misericordia salvadora de Jesucristo.

Ese legado del cual nos enorgullecemos nos compromete a una tarea para el futuro. Estamos llamados a construir sobre los que nos han precedido.

Y, en esto, nuestro futuro luce muy esperanzador. Tenemos muchos nuevos seminaristas estudiando en el Seminario y en la Casa Juan Diego. A principios de este verano, ordené a ocho nuevos sacerdotes y apenas el fin de semana pasado ordené a ocho diáconos transitorios que están avanzando en el camino de su recorrido hacia el sacerdocio.

La celebración de la ordenación de este fin de semana fue especial para mí porque tuvo lugar en la fiesta de la Asunción de María y coincidió con el 37 aniversario de mi propia ordenación sacerdotal.

Para mí, mi sacerdocio sigue siendo la alegría de mi vida y creo que cada ordenación es un signo de esperanza para el futuro de la Iglesia. Es una señal de que Dios está con nosotros y de que su Espíritu todavía guía y conduce a su Iglesia Y cada ordenación es un hermoso signo de que la voz de Dios se sigue escuchando en el corazón de sus hijos.

De modo que estamos viviendo tiempos emocionantes para la familia de Dios aquí en la Arquidiócesis de Los Ángeles.

También esperamos con ansia la consagración de nuestros tres nuevos obispos auxiliares el 8 de septiembre. De hecho, esta semana, he anunciado las tareas que les serán asignadas a nuestros nuevos obispos:

—    El Obispo Auxiliar Joseph V. Brennan prestará sus servicios como vicario episcopal para la Región Pastoral de San Fernando;

—    El Obispo Auxiliar David G. O’Connell prestará sus servicios como vicario episcopal para la Región Pastoral de San Gabriel; y

—    El Obispo Auxiliar Robert E. Barron prestará sus servicios como vicario episcopal para la Región Pastoral de Santa Bárbara.

Este es también un tiempo de alegría y entusiasmo porque también nos estamos preparando para la visita pastoral del Papa Francisco a Estados Unidos y para la canonización del primer santo hispano de nuestro país, el apóstol de California: el padre Junípero Serra.

Veo tantos signos de esperanza que siento que estamos en un nuevo momento de renovación y de una renovada dedicación aquí en la arquidiócesis.

Como les decía el mes pasado, hemos implementado una nueva estructura organizativa en el Centro Católico Arquidiocesano. Y en estas últimas semanas, me he estado reuniendo con todos los departamentos que lo conforman, para hablar sobre sus metas y desafíos.

Estas reuniones continúan y son gratificantes para mí. ¡Tenemos la bendición de contar con tantos hombres y mujeres capaces y fieles, que están prestando sus servicios para nuestras parroquias y nuestra gente!

Los temas que hemos estado abordando son interesantes, porque hemos estado hablando no sólo de “lo que hacemos” aquí en el CCA, sino también del “porqué lo hacemos”.

Nadie empieza a trabajar para la Iglesia con el fin de ganar mucho dinero o de tener mucho poder o “beneficios”. Todos estamos aquí para servir a la Iglesia y para servir a las personas.

He estado pensando mucho acerca del “trabajo”, acerca de lo que éste significa y del fin que debe perseguir. Así que en las próximas columnas, quiero reflexionar acerca del significado del trabajo y de la espiritualidad del trabajo. Voy a empezar estas reflexiones en mi columna la próxima semana.

Entretanto, oremos unos por otros esta semana; oremos por nuestros nuevos sacerdotes y por nuestros nuevos diáconos transitorios. Y, tanto en nuestros hogares como en nuestras parroquias, sigamos orando todos los días por las vocaciones.

Espero que recuerden la sencilla oración por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada que les recomendé hace algún tiempo; la oración que yo acostumbraba rezar cuando era joven:

Señor, te pedimos que nos concedas vocaciones.

Concédenos muchas vocaciones.

Concédenos muchas y santas vocaciones.

Y que nuestra Santísima Madre María nos ayude a escuchar siempre el llamado de Dios en nuestras vidas y a hacer todo nuestro trabajo para servicio de Dios y de nuestros hermanos y hermanas.

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