(El 28 de abril, el Arzobispo Gómez celebró la Misa de clausura del Encuentro de la Región XI en Visalia, California, junto con más de 1,000 líderes laicos y 20 obispos de 15 diócesis de California, Nevada y Hawaii. Lo que sigue es una adaptación de su homilía).

Concluimos este encuentro con estas poderosas palabras de Jesús resucitado que acabamos de escuchar en nuestra lectura del Evangelio.

Jesús nos está diciendo ahí, a cada uno de nosotros: “Yo soy la vid y ustedes son los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése dará mucho fruto, porque sin mí no pueden hacer nada”.

Esto es lo que somos: somos los sarmientos unidos a la Vid. Nuestras vidas son ahora parte de la vida de Jesús. Y estamos unidos a la vida de Jesús por un motivo: el de dar frutos para su reino.

Este es el significado de nuestra vida cristiana y también el significado de esta experiencia de Encuentro.

¡Vivimos en tiempos providenciales! En este momento y por primera vez, tenemos un Papa del Nuevo Mundo, de América Latina, un Papa que habla el español como lengua nativa.

El Papa Francisco es el Papa para toda la Iglesia, para todos los pueblos. Pero es providencial que provenga de América Latina. Esto es una señal para nosotros de que este es el momento de los latinos y de que estamos llamados a servir, a compartir la misión de Jesús, la gran misión de proclamar su salvación para la vida del mundo.

Es hermoso que estemos celebrando este Encuentro regional durante la temporada de Pascua, porque la Pascua es el momento del “encuentro”.

Durante este tiempo de Pascua revivimos en la liturgia el encuentro de los primeros discípulos con Jesús Resucitado. Cuando en esta temporada de Pascua renovamos nuestras promesas bautismales, estamos recordando nuestro propio encuentro con Jesús.

El bautismo nos une a la vid verdadera, a Jesucristo. Y ahora su vida divina fluye en nosotros, como la sangre que fluye en nuestras venas.

Necesitamos vivir de Jesús, así como una planta vive y crece a partir de unas raíces profundas. Y tenemos que darnos cuenta de que nunca estamos solos.

La Iglesia es como un hermoso árbol que está creciendo en todo el mundo, cuyas raíces siempre están plantadas en la Vid verdadera. Cada miembro de la Iglesia, cada uno de nosotros, es una pequeña rama conectada al tronco de este hermoso árbol.

Jesús nos dice hoy: “El que permanece en mí… dará mucho fruto”.

Este es el mensaje del Encuentro. Jesús los está llamando a dar fruto con sus vidas, justo en el lugar en que Él los haya “plantado”: en sus ministerios, en sus familias, en sus vecindarios, en su trabajo o en su escuela. Dondequiera que se encuentren en la vida, Jesús los está llamando a hacer que su vida sea fructífera, a hacer crecer su reino de amor.

Como bien sabemos, este año celebraremos la canonización del Arzobispo Óscar Romero, el gran sacerdote y obispo de San Salvador. Él fue un sencillo hombre de Dios que dio su vida por su pueblo.

Y me gusta reflexionar sobre sus palabras: “Que cada uno de ustedes, en su propia vocación: —monja, persona casada, obispo, sacerdote, estudiante de secundaria o universidad, trabajador, obrero, mujer de mercado—, que cada uno en su propio lugar viva intensamente la fe y sienta que es, en su entorno, un verdadero altavoz de Dios”.

¡Necesitamos ser “altavoces” de Dios! ¡Nosotros hablamos a los demás sobre Dios! Hemos de proclamarlo, no sólo por lo que decimos, sino por la manera como vivimos y como actuamos, tal como lo hizo el Arzobispo Romero.

Necesitamos vivir nuestras vidas, como las vivieron San Pablo y los primeros discípulos. Tenemos que vivir y caminar con Jesús y hemos de amar a los demás. Sólo entonces seremos realmente discípulos misioneros y toda nuestra vida estará llena de gozo y felicidad al compartir la belleza del amor de Dios por todos. De esta manera, seremos verdaderamente los “altavoces de Dios” en nuestros tiempos.

El Papa Francisco nos da el ejemplo al hablar sobre la “alegría del Evangelio”.

Nuestro mundo necesita una nueva evangelización. Los primeros evangelistas de este país fueron hispanos, misioneros provenientes de España y de México. Estamos llamados a continuar su trabajo, a caminar con Jesús y a continuar su misión.

Proclamemos con valentía la buena nueva de Jesucristo como una nueva manera de vivir: como una nueva forma de derribar muros y de construir nuevos lazos de solidaridad y de comunión con otras personas.

Y tenemos que recordar que nuestra misión comienza con el servicio a los pobres y a los más necesitados. ¡En este momento, tenemos un llamado especial a trabajar por la reforma migratoria y a encontrar una solución justa para los jóvenes Dreamers!

Invoquemos a nuestra Santísima Madre, María de Guadalupe, Madre de la Misericordia y Reina de la Paz. Que ella nos acompañe en este momento providencial, que nos proporcione la confianza para caminar con su Hijo Jesús, y que inspire en nosotros el deseo de ser sus discípulos misioneros.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)