Los meses del verano son un tiempo de vacaciones para muchas familias. Ir a la playa, comidas campestres en el parque, acampar. Nosotros encontramos muchas maneras de refrescarnos y renovar nuestras relaciones con la familia y los amigos mediante nuestro contacto con la belleza del mundo natural.

Así es como debe ser. Porque así estamos hechos. En el diseño del amor de Dios, significa que hay un lazo íntimo de comunión que nos une al mundo de la creación.

En palabras del Papa Benedicto XVI, hay una divina “alianza entre el ser humanos y el medio ambiente, que debe reflejar el amor creador de Dios, de dónde venimos y hacia dónde vamos”.

Como sabemos, la relación humana con el medio ambiente ha llegado a ser uno de los asuntos más urgentes de nuestro tiempo.

Esta es la razón para nuestro Ministerio Arquidiocesano de Sustentabilidad de  la Creación, el cual busca promover nuestro cuidado y dirección de los asuntos del medio ambiente que afectan a nuestros hermanos y hermanas más vulnerables.

En The Enviroment (El Medioambiente) (Our Sunday Visitor, $15), una nueva colección excelente de sus escritos y direcciones en este número, el papa Benedicto nos recuerda las profundas conexiones entre los asuntos del medioambiente y las cuestiones más amplias de paz, justicia y derechos humanos en nuestro tiempo. Él escribe:

“¿Podemos permanecer indiferentes ante… realidades tales como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad en vastas áreas agrícolas, la contaminación de los ríos y acuíferos, la pérdida de biodiversidad, el incremento de catástrofes naturales y la deforestación de regiones ecuatoriales y tropicales?… ¿Podemos quedarnos de brazos cruzados frente a los conflictos actuales y potenciales que involucran el acceso a los recursos naturales? Todos esos son asuntos con un profundo impacto sobre el ejercicio de los derechos humanos, tales como el derecho a la vida, la alimentación, la salud y el desarrollo”.

La doctrina social católica no ofrece soluciones técnicas a ninguno de esos problemas. Pero leyendo este nuevo libro, podemos ver cómo la sabiduría de la Iglesia puede ayudar a nuestra sociedad a conducir un curso racional entre los extremos que tan a menudo dictan los términos de los debates de actuales.

El Papa rechaza lo que él llama “econocentrismo” y la “mentalidad puramente consumista”. Esta mentalidad trata el mundo natural únicamente como una fuente de materiales crudos para ser explotados para obtener ganancias económicas a corto plazo o  para los estilos de vida egoístas de los grupos de poder.

Nuestro Santo Padre propone una hermosa visión de “profunda renovación cultural”. Él nos llama a vivir con una mayor preocupación por la belleza, la verdad y la comunión con otros.

“La vida es administrar los bienes recibidos de Dios”, dice el Papa.  Él nos pide crear una economía global basada en la “lógica de compartir” y servir a otros. En el plan de Dios -nos recuerda- los bienes de la tierra son medios que no son solo para unos pocos sino para todos.

Nosotros necesitamos un nuevo sentido de “solidaridad intergeneracional,” de acuerdo con el Papa. Cada uno de nosotros necesita asumir un deber personal para “proteger la creación de Dios y para dejar a las futuras generaciones un mundo en el cual ellos puedan vivir”.

Sin embargo sobre nuestra legítima preocupación sobre el medio ambiente, el Santo Padre nos advierte en contra de “absolutizar la naturaleza”.

Podemos ver lo que él llama “biocentrismo” en muchos de los grupos activistas de hoy. En nombre de proteger la tierra, esos activistas argumentan que la persona humana no es más importante que otras especies vivientes y la naturaleza es un “tabú intocable”.

Nuestro Santo Padre nos recuerda que en el plan amoroso de Dios, la persona humana es de “supremo valor” y representa todo lo que es más noble en el universo”.

Él insiste en que no olvidemos el enlace vital entre la ecología del mundo natural y la “ecología humana”. Ý él tiene razón: Nuestra sociedad nunca respetará la santidad de la naturaleza hasta que criemos una cultura en la cual la santidad de la persona humana sea respetada.

Como el Papa Benedicto escribe:

“Si hay una falta de respeto por el derecho a la vida y a una muerte natural, si la concepción humana, la gestación y el nacimiento son hechos artificialmente, si los embriones humanos son sacrificados para investigación, la conciencia de la sociedad termina perdiendo el concepto de la ecología humana, y con ello, el de la ecología del medio ambiente… El libro de la naturaleza es uno e inseparable. Incluye no solamente el medio ambiente sino también la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales: en una palabra, el desarrollo humano integral. Nuestros deberes hacia el medio ambiente están ligados a nuestros deberes hacia la persona humana, considerada in sí misma y en relación a otros”.

Esas son profundas palabras para meditar mientras rezamos esta semana unos por otros.

Pidamos a María, nuestra Madre Santísima, quien llevó en su seno al primogénito de toda la creación, que nos de un sentido más grande de este “libro de naturaleza”. Que lleguemos a encontrar en la naturaleza, y en nuestros hermanos y hermanas, un don de belleza y una promesa de nuestro Creador.

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