Este fin de semana ordenaré al sacerdocio a nueve excelentes hombres.

Durante los últimos ocho años, Dios ha estado bendiciendo a la familia de Dios aquí en Los Ángeles con un creciente número de hombres que están respondiendo el llamado de Jesús para seguirlo y servirlo como sus sacerdotes. ¡Gracias a Dios!

Nuestro Seminario de San Juan está lleno de hombres excelentes, así como también nuestro Centro para la Formación Sacerdotal Reina de los Ángeles. Y todos los días nos encontramos a muchos más que están buscando su camino, orando e intentando discernir el llamado de Dios en sus vidas.

En esta sociedad, en la que gran parte de la vida está “programada” y en la que existen tantas mentalidades y mensajes que prometen la felicidad pero que no pueden brindarla, es hermoso ver cómo la gente, especialmente nuestros jóvenes, buscan una vida que sea verdadera y real.

Veo a mi alrededor, señales de una nueva apertura a Dios y a los valores que contribuyen a la trascendencia humana. Hay una nueva resistencia a ese “falso techo” impuesto por una sociedad que busca encerrarse en sí misma, dejando a Dios afuera. La gente parece ya no estar dispuesta a conformarse con los sustitutos y los ídolos, con el “más de lo mismo” ofrecido por el estilo de vida consumista.

Los sacerdotes de este nuevo milenio son parte de este nuevo movimiento hacia Dios y hacia una humanidad auténtica.

Como lo hemos visto con respecto a los sacerdotes que hemos estado ordenando aquí en Los Ángeles, estos nuevos sacerdotes han sido llamados de diferentes culturas y procedencias.

Ellos tienen “raíces” realmente interesantes, es agradable hablar y pasar el tiempo con ellos. Uno siente el deseo de ser amigo de ellos y, lo que es más importante, uno busca saber qué es lo que los “alienta”, lo que los llena de tanto entusiasmo y alegría.

Algo está pasando aquí. Por debajo de todas esas estadísticas e informes que leemos sobre la generación del milenio y sobre los adultos jóvenes, el Espíritu se está moviendo, y tenemos que seguir orando y preguntándole qué es lo que está tratando de decirnos.

He estado pensando que, a pesar de su diversidad, todos nuestros nuevos sacerdotes comparten una comprensión básica de que nuestra vida en esta tierra es un viaje, un viaje que para ellos y para cada uno de nosotros empieza con el llamado de Dios.

Toda vida es una vocación, una respuesta a la voz de Dios que llama al ser a cada uno de nosotros.

Sé que repito esto todo el tiempo. Pero necesitamos escuchar este mensaje una y otra vez, así como el agua que gotea sobre las piedras de nuestros corazones, hasta que finalmente se abre paso y la simple y hermosa verdad de nuestra existencia empieza a echar raíces y a crecer en nosotros.

Al inicio de la creación, escuchamos la voz de Dios clamando, “¡Hágase!” Dios va llamando al ser, sucesivamente, primero a la luz, y luego al cielo y la tierra; después al sol, la luna y las estrellas; y posteriormente a todas las criaturas vivas de las aguas, así como también del cielo y de la tierra.

Finalmente, Dios dice: “Hagamos al ser humano a nuestra propia imagen y semejanza”.

Esta es la historia de la creación de ustedes. Ustedes están aquí, ustedes existen y tienen el ser, porque Dios los quiere aquí. Cuando ustedes fueron concebidos en el vientre de su madre, fue porque Dios dijo: “Hágase… (tu nombre)”. Él conocía el nombre de cada uno, incluso antes de que nacieran sus padres.

Esta es la magnífica realidad que tenemos que apreciar. Y esto es algo aún más urgente ahora, en este tiempo en el que se busca hacer desaparecer a Dios y en que el ser humano está a punto de ser olvidado también. En este tiempo en el que cada vez más personas son tratadas como objetos que pueden ser reemplazados o como herramientas que se pueden usar para perseguir las ambiciones de otras personas.

Nuestros nuevos sacerdotes saben que están siendo ordenados para evangelizar en estos tiempos difíciles.

Nuestros nuevos sacerdotes son hombres que saben que Dios está vivo, que Él es nuestro Creador y nuestro Redentor, y que Él nos ha enviado a su Hijo Jesucristo para que estemos bien con Dios, para reconciliarnos y mostrarnos la verdad acerca de nuestras vidas, y también para reunirnos en una sola familia que sirva y viva como una nueva humanidad

Y ellos tienen un profundo deseo y pasión por comenzar y proclamar esta buena nueva a la gente de nuestro tiempo.

Oren por mí esta semana y yo estaré orando por ustedes. Y oremos por nuestros nuevos sacerdotes. Que ellos siempre busquen crecer en su relación con Jesús y en su deseo de llamar a otros a ese encuentro con Él.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que interceda por nosotros y que nos ayude a ser una familia de Dios que siga propiciando que más hombres y mujeres escuchen el llamado de Dios al sacerdocio y a la vida consagrada.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)