(Nota del editor: el Arzobispo Gómez adaptó lo siguiente, tomándolo de un mensaje que él escribió como Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Aquí él ofrece reflexiones prácticas sobre cómo vivir los misterios de la Semana Santa en estos tiempos extraordinarios y desafiantes).

Las generaciones futuras recordarán ésta como la Cuaresma larga del 2020, como un tiempo en el que la enfermedad y la muerte oscurecieron de repente toda la tierra. Al entrar en la Semana Santa, en estos días que son los más sagrados del año, los católicos de aquí, de la ciudad de Los Ángeles, así como también los de todo Estados Unidos y de todo el mundo, estamos viviendo en cuarentena, pues nuestras sociedades están cerradas a causa de la pandemia de coronavirus.

Pero sabemos que nuestro Redentor está vivo. Incluso en este tiempo extraordinario y desafiante, damos gracias por lo que Jesucristo ha hecho por nosotros a través de su vida, muerte y resurrección. Incluso ahora, nos maravillamos ante el hermoso misterio de nuestra salvación, ante qué tan precioso es cada uno de nosotros a los ojos de Dios.

Estos son tiempos casi sin precedente en la larga historia de la Iglesia. Ante este contagio mundial, mis hermanos obispos —procedentes de casi todos los países— y yo mismo, nos hemos visto obligados a suspender temporalmente el culto público y la celebración de los sacramentos.

Soy dolorosamente consciente de que muchos de nuestros católicos están preocupados y heridos por la privación de la Eucaristía y del consuelo de los sacramentos. Esta es una aflicción amarga que todos padecemos profundamente. Tanto mis hermanos obispos y sacerdotes como yo mismo, estamos sufriendo con nuestro pueblo y anhelamos el día en que podamos reunirnos alrededor del altar del Señor para celebrar los sagrados misterios.

En este momento difícil, le pedimos a Dios su gracia, para poder sobrellevar esta carga, todos juntos, con paciencia y caridad, unidos como una única familia de Dios en su Iglesia universal. Y como esta Semana Santa será tan diferente, tan desafiante, quiero ofrecer aquí algunas breves reflexiones que espero puedan ayudarnos a penetrar en estos misterios de nuestra redención de una manera nueva y significativa.

Confesión

Para muchos de nosotros no será posible confesarnos este año. Pero debemos recordar que, en circunstancias extremas, la antigua tradición de la Iglesia nos permite recibir el perdón de nuestros pecados, incluso fuera de la confesión sacramental. Esta hermosa gracia, llamada “contrición perfecta”, es explicada en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1452).

Durante esta Semana Santa, los aliento a que examinen su conciencia y a que vuelvan a Dios con todo su corazón.

Podemos seguir los consejos prácticos que nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, nos ofreció en una reciente homilía: “Haz lo que dice el Catecismo. Está muy claro: si no encuentras un sacerdote para escuchar tu confesión, habla con Dios —que es tu Padre— y dile la verdad. Enumera tus pecados, pide perdón al Señor con todo tu corazón y haz un acto de contrición. Prométele: “Me confesaré más adelante, pero perdóname ahora”. Y de inmediato volverás a estar en la gracia de Dios”.

Semana Santa en casa

Aunque este año no podemos celebrar los sagrados misterios en nuestras iglesias, exhorto, a cada uno de ustedes, a hacer de sus hogares una “iglesia doméstica”. Este antiguo ideal cristiano resuena aún más profundamente en este tiempo de cuarentena y de “refugiarse en casa”.

Para los padres de niños pequeños, este puede ser un momento de gracia, un tiempo para dar testimonio de la importancia que tiene la fe en sus vidas. Oren con sus hijos, especialmente el Rosario; lean la Biblia, vean en familia la transmisión en vivo de la Misa.

Desde cada hogar podemos entrar espiritualmente en estos misterios de nuestra salvación a través de la oración y de la lectura de las Escrituras para cada día de la Semana Santa. Caminen con Jesús cuando él llega triunfalmente a Jerusalén el Domingo de Ramos. El Jueves Santo, oren con él en su Última Cena y permanezcan con él en su agonía del huerto. Ayúdenle a llevar su cruz el Viernes Santo. En el silencio del Sábado Santo, ¡contemplen todo lo que ha obtenido para nosotros por el amor que nos tiene, y regocíjense con él ante la tumba vacía en la mañana de Pascua!

Aquí puede encontrar el calendario completo para la Semana Santa en Casa.

Comunión espiritual

Aunque no nos es posible celebrar estos misterios en nuestras iglesias, podemos unirnos espiritualmente a Dios y entre nosotros a través de Internet y de los medios de difusión masiva.

Al participar en estas liturgias “virtuales”, recuerden que ustedes no son “espectadores” que están mirando pasivamente una actuación. En estas liturgias, Jesucristo está verdaderamente presente tal y como lo está en cada Misa. Junto con el sacerdote, ustedes están ofreciendo su sacrificio de alabanza al Dios vivo y estamos adorándolo a él junto con los ángeles y con toda la comunión de los santos.

En esta Semana Santa los exhorto especialmente a unirse al sacrificio de la Misa haciendo un sencillo acto de comunión espiritual. Díganle al Señor que lo aman más que nada en la vida y que anhelan recibirlo en su corazón, incluso si no pueden recibirlo en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Ofrézcanse a ustedes mismos en el altar: ofrezcan todos sus sufrimientos y alegrías, todos sus talentos y dones. Díganle que nunca quieren estar separados de él.

En estos tiempos extraordinarios y desafiantes, les pido que ofrezcan sus sufrimientos y sacrificios personales por aquellos que están enfermos de coronavirus y por todos aquellos miembros de los ministerios de salud, que están arriesgando sus vidas para cuidarlos. Oren por todas sus familias y seres queridos. Oren por aquellos que están sufriendo por la pérdida de sus empleos y negocios y por todos aquellos que temen por su futuro. Oren por la gran cantidad de hombres y mujeres que están arriesgando su salud para proporcionar servicios esenciales en este momento de necesidad.

Oración al Sagrado Corazón de Jesús

El Viernes Santo y en nombre de todos los obispos de Estados Unidos, rezaré la Letanía del Sagrado Corazón de Jesús para pedir el fin de la pandemia del coronavirus.

Les pido que se unan a esta oración, que se transmitirá en vivo a las 9 a.m., a través de Internet, desde la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles aquí en la costa oeste, y a las 12 del mediodía en la costa este. Unámonos como una sola y única familia de Dios aquí en Estados Unidos para pedirle a nuestro Señor su misericordia.

El Santo Padre ha concedido una indulgencia plenaria especial a quienes oren, pidiendo el fin de esta pandemia. Para recibir esta indulgencia, deben rezar el Viernes Santo la Letanía del Sagrado Corazón, arrepentirse verdaderamente de sus pecados y desear recibir el Sacramento de la Reconciliación tan pronto como sea posible, y tienen también que orar por las intenciones del Papa.

En el corazón de Jesús, traspasado el Viernes Santo al estar crucificado en la cruz, vemos el amor de Dios por la humanidad, vemos su amor hacia cada uno de nosotros.

Esta Semana Santa será diferente. Nuestras iglesias pueden estar cerradas, pero Cristo no está en cuarentena y su Evangelio no está encadenado. El corazón de nuestro Señor permanece abierto para todo hombre y toda mujer. Aunque no podemos darle culto juntos, cada uno de nosotros puede buscarlo en el tabernáculo de su propio corazón.

Como él nos ama y como su amor nunca puede cambiar, no debemos tener miedo, incluso en este momento de prueba y dificultad. En estos misterios que recordamos esta semana, renovemos nuestra fe en su amor. Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que interceda por nosotros, para que él nos libre de todo mal y nos conceda la paz en nuestros días.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)