Fue una gran sorpresa para mí, como estoy seguro para todos ustedes también, escuchar la noticia de que el Papa se retirará de su cargo a finales de este mes.

El Papa Benedicto XVI ha sido un verdadero Santo Padre para la familia de Dios, su Iglesia católica. La decisión de presentar su renuncia es un hermoso acto de humildad y amor por la Iglesia, virtudes de un verdadero discípulo de Cristo.

Es el acto de un santo.

Es un acto de alguien que no piensa solo en sí mismo, sino en la voluntad de Dios y en el bien de su pueblo. Que todos podamos alcanzar la gracia de ser así de humildes y entregados en nuestros ministerios y responsabilidades diarias.

Dos veces recibí el Palio Arzobispal de sus manos, primero como Arzobispo de San Antonio y después como Arzobispo de Los Ángeles y por siempre le estaré agradecido por haberme escogido para ser Arzobispo de Los Ángeles.

Personalmente, siempre he tenido un afecto especial por el Papa Benedicto. Él es una persona muy especial. Tuve el honor de estar cerca de él durante más de un mes, en octubre del año pasado, durante el Sínodo de Obispos. Me quedé sorprendido, como tantas otras veces, por su alegría, su oración y su inteligencia.

En mi opinión, el Papa Benedicto es una de las personas más sabias en el mundo de hoy. Todos los días trato de aprender de sus palabras y ejemplos.Sólo el hecho de ver el testimonio de su ministerio, leer sus escritos, son hermosas lecciones para cada uno de nosotros, de cómo ser discípulos de Jesucristo.

En sus discursos, homilías y escritos, vemos que este Papa entiende el mundo de una manera muy profunda – desde la economía, la política y los asuntos mundiales, hasta los problemas espirituales y morales que cada individuo enfrenta.

El Papa Benedicto será recordado como uno de los grandes maestros de la fe en la Iglesia.

Durante sus ocho cortos años como Papa, él ha escrito Jesús de Nazaret, una importante obra en tres volúmenes sobre cómo leer los Evangelios para encontrar el verdadero rostro de Cristo. Posiblemente esta sea una de las obras más importantes de la teología bíblica de nuestro tiempo.

Él ha escrito cartas encíclicas sobre las virtudes del amor, la esperanza, así como otras obras importantes sobre la Palabra de Dios y la Eucaristía. En sus audiencias públicas semanales, el Papa ha dado una serie de catequesis sobre los apóstoles y las enseñanzas de San Pablo; sobre los Padres y Doctores de la Iglesia; sobre los teólogos y fundadores religiosos y reformadores de la Iglesia medieval, y también sobre la enseñanza y el testimonio de oración que se encuentra en el Antiguo y en el Nuevo Testamentos.

Podemos reflexionar sobre el legado del Papa y celebrarlo mientras nos preparamos para nuestro Congreso de Educación Religiosa anual, que se celebrará la próxima semana, del 21 al 24 de febrero, en el Centro de Convenciones de Anaheim (www.recongress.org).

La educación en la fe es la primera prioridad pastoral para la Arquidiócesis. Para vivir verdaderamente nuestra fe, tenemos que saber en qué creemos y por qué lo creemos.

Me preocupa un cierto “catolicismo cultural”. Me preocupa que las personas vayan a la iglesia los domingos, sin entender realmente por qué van o qué están haciendo. Me preocupa que las personas no entiendan de verdad la relación entre lo que creemos y cómo debemos vivir.

¡Nuestra fe es hermosa! Hay riquezas en nuestra fe católica que abarcan toda la vida – desde nuestras conversaciones privadas con Dios en la oración, hasta nuestra participación en la sociedad.

Para mí, educación en la fe no significa conocimiento por el conocimiento en sí mismo.

La educación en la fe significa conocer a Jesucristo que viene como dice el Evangelio, “dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios” (Lucas 1, 77-78).

Nuestra fe debe hacer toda la diferencia en nuestras vidas. Y ese debe ser el objetivo de toda catequesis y educación religiosa: cambiar las vidas de las personas, poniéndolas en contacto con el amor de Jesucristo y la verdad de su Evangelio.

La catequesis y educación religiosa que ofrecemos deberían inspirar una práctica más intensa de la fe. Deberían inspirar a las personas a querer conocer mejor su fe, para que puedan vivirla más plenamente, con más amor y devoción.

Entonces, pidamos la bendición de Dios por nuestro Congreso de Educación Religiosa y por todos aquellos que son maestros de la fe. Y oremos unos por otros esta semana, así como por nuestra Iglesia universal.

Elevemos nuestra gratitud a Dios el día de hoy, por el amor y el testimonio del Papa Benedicto XVI. Confiémoslo a la protección de nuestra Santísima Madre María, y recemos para que siga lleno de paz y alegría, y que tenga muchos años más de oración y reflexión.

 

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