Espero que todos ustedes estén teniendo un verano reparador. Me gustan mucho los meses de verano, porque son un tiempo de renovación, un tiempo para la familia, y cuando el ritmo de las cosas va un poco más lento.

En las escuelas católicas el año académico ya empezó la semana pasada y aproximadamente dentro de una semana más iniciará el nuevo año en el seminario de St. John y en las universidades católicas.

Tuve el privilegio de empezar este ciclo escolar bendiciendo una nueva academia católica: la escuela San Pío X / San Matías, en Downey.

Esta nueva escuela reúne tradiciones académicas católicas que datan de más de 60 años. Al mismo tiempo, nos recuerda la honorable historia de la educación católica en Los Ángeles, y es además un signo de esperanza para nuestra Iglesia y para todos los niños de Los Ángeles.

La educación católica es el futuro de la Iglesia. Es también la clave para el futuro de nuestra sociedad. Como lo dijo este verano nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, en la Jornada Mundial de la Juventud: “Los jóvenes son la ventana por la cual el futuro entra en el mundo”.

Nuestras escuelas católicas están modelando ese futuro. Ahí se están formando los futuros líderes de la Iglesia y también los futuros líderes de nuestra sociedad y de la cultura.

Nuestra visión católica siempre nos invita a ver la realidad con mayor profundidad, y a entregarnos más en el amor. Nuestra visión católica siempre nos llama a ver con los ojos amorosos de Jesús, con los ojos de Dios.

“El amor de Cristo nos apremia”, como solía decir San Pablo.

De manera que estamos trabajando empeñosamente, con grandes sacrificios, para asegurarnos de que nuestras escuelas estén abiertas para todas las familias y todos los niños de nuestra ciudad. Sin importar quiénes sean, de dónde vengan o cómo hayan llegado aquí. Sin importar cuánto dinero tengan.

La Iglesia tiene el compromiso de proporcionar una educación que vaya más allá de los simples datos, cifras e información. Esas cosas son importantes. Pero igualmente importantes son las virtudes y valores que hacen de la vida algo “real” y digno de ser vivido. Virtudes y valores que ayuden a que nuestros niños crezcan con una perspectiva “trascendente”. Que los ayuden a ver con los ojos de Jesús.

En el momento actual de nuestra cultura, tal vez esta sea la aportación más valiosa que la educación católica puede ofrecer: la “visión católica” de la vida.

En nuestra cultura, cada vez se hace más difícil encontrar el verdadero significado de la vida. ¿Qué es la felicidad y qué es el éxito? ¿Qué hemos de valorar? ¿Cómo definimos estas cosas y cómo podemos alcanzarlas? Hay tantas promesas falsas y tantos caminos desviados que se les ofrecen a nuestros jóvenes…

La raíz de muchos de los problemas en nuestros hogares y en nuestra sociedad puede ser encontrada en el hecho de que ya no tenemos una idea clara de lo que significa ser una persona humana. La pregunta que aparece en los Salmos es la pregunta de nuestro tiempo: “¿Qué es el hombre?”

La visión católica nos da la respuesta correcta y nos muestra el camino correcto para nuestras vidas. Jesús nos enseñó que somos creaturas de gran dignidad, hechas a imagen de Dios, redimidas por Jesucristo, nacidas para cosas grandes: para la belleza y la bondad, para el amor y la verdad.

Este es el fundamento de la educación católica: ayudar a nuestros jóvenes a crecer en la conciencia de lo que San Pablo llama “la gloriosa libertad de los hijos de Dios”. Fuimos creados para la gloria de Dios.

Para eso nos prepara una buena educación católica: para una vida de amor y servicio a Dios y a los demás. Ésta es la vida por la que oramos al final de cada Eucaristía: “Vayan en paz… a glorificar al Señor con su vida”.

Al empezar este nuevo año, sigamos orando unos por otros. Oremos de manera especial esta semana por todos los jóvenes y por nuestras escuelas católicas. Oremos para que nuestras escuelas sean lugares donde el amor de Dios se pueda percibir. Donde los niños crezcan y se conviertan en los hombres y mujeres que Dios pensó cuando los creó.

Y pidámosle a nuestra patrona, Nuestra Señora de los Ángeles, que acompañe a todos los niños y a nuestras familias en este año escolar que ahora inicia.

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