Todos están hablando acerca del Papa esta semana. En todo el mundo, la entrevista que concedió a algunos periodistas jesuitas ha sido el objeto constante de los encabezados de las publicaciones, de los programas de entrevistas, de los editoriales y de las conversaciones.

Pero en nuestra cultura mediática, hemos de tener cuidado en no confiar demasiado en fuentes seculares para informarnos sobre las noticias acerca del Papa y de la Iglesia. Este es el motivo por el que los medios de comunicación católicos son tan importantes en nuestros días.

Desafortunadamente, la mayoría de la información más frecuente acerca del Papa Francisco no ha sido muy precisa. Los periodistas —y las personas a las que ellos recurren como peritos a quienes consultar— son buenas personas. Pero no siempre parecen estar tratando de entender al Papa. En lugar de ello, parecen estar tratando de presentarlo a su imagen y semejanza, reflejando sus propios deseos y esperanzas para la Iglesia.

Los reportajes acerca de la última entrevista del Papa eran previsibles. La entrevista abarca casi 20 páginas de una revista. Sin embargo, la información de los medios se centró sólo en los cuatro apartados en los que el Santo Padre habló sobre el aborto, el control de la natalidad y la homosexualidad.

Es una lástima. Los invito encarecidamente a que lean esta entrevista por ustedes mismos. Es una ventana al alma de nuestro Santo Padre y a la visión que él tiene de la Iglesia.

El mundo se ve diferente desde el interior del confesionario. Y al leer esta entrevista, escucho la actitud de un hombre que ha pasado mucho tiempo en el confesionario —en ambos lados de él.

El Papa empieza con una sencilla confesión: “Yo soy un pecador que ha sido mirado por el Señor. … Siempre sentí que mi lema, Miserando atque eligendo [Me miró con misericordia y me eligió], era muy cierto para mí”.

El Papa Francisco sabe que nuestro itinerario de fe comienza en el encuentro con la misericordia de Dios; en el momento en el que el Señor nos mira con misericordia y nos llama a seguirlo.

Es sorprendente lo mucho que el Papa habla acerca de la confesión en esta entrevista, y lo mucho que habla también sobre el ministerio del sacerdote. Y es porque ésta es la gran necesidad que experimenta la gente de nuestro tiempo, la necesidad de un nuevo encuentro con la misericordia de Dios.

La misericordia de Dios no reemplaza a la justicia de Dios. La misericordia de Dios no esfuma las líneas entre el bien y el mal o entre lo que es bueno y lo que es malo. La misericordia con la que nos encontramos en el confesionario pone toda la oscuridad, todas las sombras de nuestra vida, bajo la luz del amor salvífico de Dios.

Como el Papa Francisco bien lo sabe, el sacerdote es, ante todo el ministro de la misericordia de Dios.

El sacerdote entiende, de una manera que nadie más puede hacerlo, que cada vida humana con la que nos encontramos es un misterio. Que cada vida humana es complicada. Las relaciones pueden enredarse, los deseos pueden volverse desordenados. Cada caso es diferente, como también lo son los consejos que se han de dar a todo el que busca a Dios y su gracia. El confesionario no es un lugar de condena. Es, más bien, el trono de la misericordia.

“El confesionario es… el lugar en el que la misericordia de Dios nos motiva a mejorar”, dice el Papa.

La imagen que nuestro Santo Padre tiene de la persona humana es una imagen bella y abierta a la esperanza.

Él dice: “Por mi parte tengo una certeza dogmática: Dios está en la vida de cada persona… Aun cuando la vida de una persona haya sido un desastre, aunque los vicios, las drogas o cualquier otra cosa la hayan destruido… Aunque la vida de una persona sea un terreno lleno de espinas y malas hierbas, alberga siempre un espacio en el que puede crecer la buena semilla. Es necesario fiarse de Dios”.

Es evidente que nuestro Santo Padre está preocupado por la tendencia al “rigorismo” que reduciría la grandeza del Evangelio a un conjunto de “reglas” La Iglesia, en su opinión, debería ser “la casa de todos… y no solamente un pequeño grupo de personas selectas… un nido protector de nuestra mediocridad”.

Estas son las palabras fuertes que un confesor puede usar para conseguir que examinemos nuestra conciencia.

Pero a pesar de lo que escuchamos en los medios de comunicación, el Papa no está hablando de cambiar ninguna de las enseñanzas de la Iglesia. De hecho, él critica a los que piensan, erróneamente, que la misericordia significa ser “demasiado laxos… como el ministro laxo que se lava las manos, diciendo simplemente, ‘Esto no es un pecado’”.

El Papa Francisco sabe que la moralidad y la enseñanza que encontramos en el Catecismo tienen sus raíces en algo más profundo, en algo “anterior”. Lo que más importa es Jesucristo y nuestra relación personal con él.

“Lo más importante”, dice el Santo Padre, “es el primer anuncio: Cristo Jesús te ha salvado”.

El Papa sabe que cuando nos acercamos a Cristo, esto nos lleva a la conversión. Hemos de buscar cambiar nuestras vidas para ser más como él. Este es el “contexto” del que está hablando el Papa. Una vez que nos damos cuenta del amor salvífico de Dios en nuestras vidas, llegamos a entender el significado de las enseñanzas morales de la Iglesia.

Hay tantas cosas en esta entrevista sobre las que vale la pena orar y reflexionar…

Nuestro Santo Padre quiere que todos tengamos una mayor sencillez y humildad, y una mayor conciencia de nuestra responsabilidad por los demás.

Él nos está llamando a todos a acompañar a los demás con misericordia, a sanarlos y reconfortar sus corazones con la luz del Evangelio. Él nos está llamando a ayudar a nuestros prójimos a encontrar a Dios en sus vidas. El Papa dice que tenemos que encontrar “nuevos caminos” para llegar a aquellos que han abandonado la Iglesia o han renunciado a Dios.

La misericordia de Dios es el corazón del mensaje de Cristo. Por eso el encuentro con Cristo es tan urgente para cada persona. Esa es la misión que el Papa Francisco propone a la Iglesia —y a cada uno de nosotros.

Sigamos orando unos por otros esta semana. ¡Oremos por nuestro Papa!

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que nos enseñe a amar como Jesús y a abrir nuestros corazones para seguirlo más de cerca.

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