Este domingo pasado celebramos nuestra anual Misa Blanca, en la catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, a intención de los que desempeñan las profesiones curativas de la medicina y el cuidado de la salud.

Como bien sabemos, los cristianos han sido médicos y enfermeras desde los primeros días de la Iglesia.

Antes del cristianismo, las artes curativas eran practicadas por personas autodidactas que viajaban de ciudad en ciudad. Los cristianos inventaron los hospitales y fueron los primeros en establecer la medicina como profesión, incluyendo normas para la formación, la atención y el compromiso con la investigación médica.

Desde el principio, los médicos cristianos atendían a todos, independientemente de su religión o de su condición social y se negaban a rechazar a ningún paciente, incluso a los pacientes con enfermedades altamente contagiosas.

Los historiadores nos dicen que los cristianos eran los únicos que se preocupaban por los enfermos y moribundos durante las plagas y epidemias que afligieron el final del Imperio Romano. Muchos de ellos murieron a causa de las enfermedades que contrajeron, contagiándose de sus pacientes.

Otra cosa que distinguió desde el principio a los médicos cristianos fue que se negaban a participar en el aborto, el infanticidio, el control de la natalidad, el suicidio asistido o la castración, todos los cuales ellos consideraban prácticas médicas malas y contrarias a las verdades del Evangelio.

Estos compromisos básicos siguen distinguiendo a los médicos y enfermeras católicos y cristianos. Pero estos son tiempos desafiantes por lo que respecta al cuidado de la salud.

Todo el mundo está de acuerdo en que se han expuesto fallas graves en la Ley federal de Asistencia Asequible: los gastos de los seguros están aumentando dramáticamente en el caso de los individuos, y los empleadores y los médicos, por su parte, se enfrentan a nuevas presiones en lo que concierne al tratamiento de los pacientes y al cumplimiento de sus responsabilidades.

La legislación sobre el suicidio asistido está avanzando en Nueva Jersey y en el Distrito de Columbia. Los votantes de Colorado decidirán en noviembre si han de legalizar esa práctica en su estado.

En los pocos meses que han transcurrido desde que la nueva ley sobre el suicidio asistido entró en vigor en California, hemos visto ya el primer caso público de algo que los legisladores y defensores prometieron que no iba a pasar. A una mujer con una enfermedad terminal se le negó la cobertura del seguro para el tratamiento de quimioterapia que su médico le recomendó, aunque su seguro médico sí le ofreció cubrir el costo de los medicamentos para el suicidio.

Tenemos que seguir oponiéndonos al suicidio asistido como a una política pública injusta y peligrosa. Ésta les proporciona “opciones para el fin de la vida” a quienes ya tienen el privilegio de contar con una buena atención médica. Pero para los pobres, hará que el suicidio por prescripción sea la opción “recomendada” o única. De hecho, el presupuesto de California para este año incluye $ 2.3 millones para subvencionar la administración de fármacos letales a los pobres a través del sistema de Medi-Cal.

El suicidio asistido no sólo está siendo promovido para los pobres, sino ahora también para los enfermos mentales.

Los funcionarios del Estado publicaron este mes nuevas y perturbadoras regulaciones para requerir que los médicos que trabajan para las instituciones del Estado dedicadas a la atención de enfermos mentales, ayuden a sus pacientes a suicidarse si los pacientes lo solicitan.

A nivel nacional, estamos siendo testigos de medidas agresivas que buscan eliminar antiguas reservas de conciencia y obligar a los médicos y enfermeras a tomar parte en el matar a sus pacientes, y también en realizar abortos, esterilizaciones, cirugías de “cambio de sexo” y otras prácticas a las que se oponen por razones morales.

En los últimos meses, las principales revistas médicas han atacado con fuerza la persistencia de la protección de la objeción de conciencia entre los médicos.

Ética Práctica publicó una declaración hecha por destacados expertos en bioética, cuyo argumento es que los médicos deberían ser obligados a realizar cualquier procedimiento permitido por la ley.

Los médicos que se nieguen, dijeron, deben ser llevados ante “tribunales” y forzados a “compensar a la sociedad y al sistema de salud por su fracaso a la hora de cumplir con sus obligaciones profesionales”.

En un escrito que aparece en la influyente revista internacional “Bioética”, otro grupo destacado de expertos en bioética titulan abruptamente su artículo: “Los médicos no tienen derecho a negar la asistencia médica para la muerte, el aborto o la anticoncepción”.

Ante estos acontecimientos preocupantes, la Iglesia está trabajando con empeño, aquí en Los Ángeles y a lo largo de todo el estado, en la construcción de una nueva cultura del cuidado de la salud, una cultura basada en la conciencia y en la compasión.

Nuestros hospitales católicos —Providence St. Joseph y Dignity Health— se han comprometido a proporcionar tratamiento paliativo de calidad y “atención integral de la persona” a los pacientes y a sus familias. Tenemos también la bendición de contar con varias órdenes religiosas de hermanas que proporcionan cuidados de enfermería y de ministerio pastoral en beneficio de los enfermos y los ancianos.

En la arquidiócesis tenemos también la bendición de contar con una de las más renombradas autoridades del mundo por lo que respecta a la atención para el final de la vida, el Dr. Ira Byock, fundador del Instituto para el Cuidado Humano de Providence.

En las últimas semanas, el Dr. Byock se ha dirigido a los sacerdotes de la Arquidiócesis de Los Ángeles y también a mis hermanos obispos de la Conferencia Católica de California, ofreciéndoles información importante para nuestra pastoral y defensa de los enfermos terminales.

Por último, nuestra Oficina para la Vida, la Justicia y la Paz, está ofreciendo un entrenamiento de “Cuidado y preparación” para los líderes parroquiales y para los individuos particulares. Este programa ofrece una guía práctica sobre temas tales como la manera de encontrar una atención de calidad, sobre la manera de cumplir con las directivas establecidas, y la forma de defender y cuidar a nuestros seres queridos que están enfermos y se enfrentan con el final de la vida. Para más detalles, visiten: archla.org/endoflife.

Oren por mí esta semana y yo estaré orando por ustedes. Y recemos esta semana de una manera especial por los médicos, enfermeras y administradores de salud que son católicos.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María, Salud de los enfermos, que nos ayude a construir una nueva cultura de conciencia, compasión y cuidado.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)