¡Estamos de regreso de Roma! Pero mi mente se mantiene retornando a diferentes momentos de nuestra hermosa peregrinación “al umbral” de la tumba de los apóstoles.

Mis hermanos obispos y yo tuvimos la bendición de poder celebrar la Sagrada Eucaristía en las tumbas de San Pedro y San Pablo. Y nuestra visita “ad limina” de una semana que para mi fue una profunda experiencia de nuestra comunión con la Iglesia Católica Romana universal.

Los Santos Pedro y Pablo son los primeros pilares de nuestra Iglesia. Pedro fue “la roca” sobre la cual Jesús eligió edificar su Iglesia y el pastor que Él escogió para alimentar a su pueblo. Pablo fue el apóstol que Jesús eligió para guiar la misión de la Iglesia: proclamar su Evangelio a todas las gentes y establecer su Iglesia en todas las naciones.

Pedro y Pablo compartieron su pasión, llevando el testimonio de su fe en su resurrección a través del derramamiento de su sangre. Y su sangre fue la semilla para su Iglesia, para ser esparcida desde Roma hasta los confines de la tierra. Todos rastreamos nuestra fe a partir de Roma y la fe de esos apóstoles.

Omnes cum Petro and Iesum per Mariam!” (“¡Todos con Pedro a Jesús por María!”)

Yo me encontré orando esas palabras de San Josemaría Escrivá cuando me encontré con nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI.

Cuando el Papa me dio la bienvenida, me dijo, como lo había hecho antes, que la Arquidiócesis de Los Ángeles es muy importante en la Iglesia universal.

Yo me pregunto si damos eso por supuesto. Nosotros no somos solo importantes porque somos la Arquidiócesis más grande en los Estados Unidos. Y no somos importantes solo por Hollywood y su influencia en la cultura global.

Nosotros somos importantes porque nuestra Iglesia local en Los Ángeles es un “microcosmos.” Somos un signo de lo que Dios quiere que su Santa Iglesia Católica sea. Una comunión de culturas. Una familia de familias: atraída de cada nación, tribu, gente y lengua.

Somos la Iglesia local más diversa en el mundo. Nuestros 5 millones de Católicos hablan más de 40 diferentes idiomas. Y somos una Iglesia Católica joven, añadiendo cada día miembros de todo el mundo.

Preparando nuestros reportes “ad limina”, encontramos algo muy sorprendente. Comparamos el número de bautizos de infantes aquí en Los Ángeles con los números reportados en la segunda y tercera arquidiócesis más grandes en nuestro país, Nueva York y Chicago.

En 2010 bautizamos casi 77 mil infantes en los Ángeles. El número de bautismos en Nueva York y Chicago combinados, fueron 57 mil.

Este es un hermoso signo de esperanza para nuestra Iglesia. Es también un signo de nuestra gran responsabilidad.

Necesitamos asegurar que esas pequeñas almas crezcan con una fe sólida en Jesucristo. Que tengan familias fuertes para apoyarlas. Que hereden una cultura donde la vida humana sea apreciada y la santidad y la virtud estén vivas.

Yo vuelvo a casa de este peregrinaje, pensando que nuestra evangelización de la cultura debe comenzar con un sentido renovado de nuestra identidad como Católicos “Romanos”.

Ya sea que nos demos cuenta de ello o no, todos estamos formados de alguna manera profunda por nuestra cultura norteamericana, la cual en si misma ha sido conformada por el pensamiento de los mundos del Protestantismo y el individualismo religioso.

Pero nuestra fe cristiana no es solamente una relación íntimamente personal con Jesús. Es la comunión con “Él como hijos de Dios en su familia, la Iglesia.

Su voluntad fue establecer su Iglesia sobre el fundamento de los apóstoles y sus sucesores, los obispos. Su voluntad fue que su Iglesia tenga una estructura visible, una jerarquía de servicio, un sacerdocio santo y los sacramentos de la fe.

Roma, en el tiempo de Jesús y sus apóstoles, fue el centro del mundo. “Todos los caminos llevan a Roma” entonces y ahora. Su Evangelio todavía va fuera de Roma, hasta los confines de la tierra.

Ser Católicos Romanos, significa pertenecer a su familia de Dios en la cual nadie es un extranjero para nosotros. Significa que compartimos en la misión de la Iglesia Universal de propagar las palabras de Cristo de vida eterna y la alegría de su salvación.

Así, oremos unos por otros esta semana. Oremos para que todos crezcamos más “romanos”, más santos, más católicos y más apostólicos. Tengamos un amor más tierno por el Papa, como nuestro Santo Padre.

Oren también por aquellos de nosotros que somos líderes en su Iglesia. Que Dios fortalezca nuestra voluntad de modo que Él pueda usarnos, así como usó a San Pedro y San Pablo. Oren para que siempre crezcamos en santidad y en nuestro deseo de santificar a otros.

Así, vayamos a Jesús íntimamente unidos a Pedro a través de María. Y que María, Reina de los apóstoles, continúe sosteniéndonos en la fe que sostuvo a San Pedro y a todos los apóstoles.

Etiquetas: ,

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)