(El siguiente texto es una adaptación de la homilía del arzobispo para la Misa anual de Réquiem por los no nacidos en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, del 20 de enero).

En este sagrado Réquiem por los no nacidos, continuamos con nuestro testimonio y con nuestro culto al Dios de la Vida.

Empezamos este “día a favor de la vida” con nuestra cuarta celebración anual de OneLife LA (UnaVida LA). Comenzamos con una hermosa y pacífica procesión desde un punto cercano a la iglesia católica más antigua de la ciudad y avanzamos por el corazón de la ciudad, rezando el rosario y cantando.

Luego tuvimos una hermosa celebración por la tarde. Ahora, en este solemne Réquiem por los no nacidos, recordamos y lloramos las vidas que se han perdido este año. Esas vidas que nunca tuvieron la oportunidad de llegar a nacer.

A nadie le gusta hablar sobre la triste realidad del aborto en nuestra sociedad, ¡pero debemos hacerlo! Durante demasiado tiempo, el aborto ha sido un “mal cotidiano” en este país, y de hecho, en todos los países.

Y tenemos que hacer que se detenga. Necesitamos construir una sociedad en la que el aborto sea impensable, una sociedad que acoja toda vida como un don de Dios.

En la primera lectura de la Misa de hoy, Dios viene a Jonás y le da un mensaje para que lo anuncie. Tal como lo escuchamos, Dios le dijo a Jonás: “Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar”.

Dios viene a nosotros ahora, y nos da un mensaje para que lo anunciemos a nuestra gran ciudad, a nuestro país y a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. ¡Él nos llama a proclamar el evangelio de la vida, la buena nueva de que Él es el Dios vivo, el Dios de toda la creación!

Estamos llamados a anunciar esta buena nueva a cada persona: ¡Que fuimos hechos para cosas más grandes! ¡Que toda vida humana es preciosa! ¡La vida de ustedes! ¡La mía! Toda creatura tiene una razón de ser en la creación de Dios. Y cada persona tiene un propósito en el cielo.

Estaba pensando eso hoy, al mirar todos los rostros de la multitud, presentes en UnaVida LA, y de nuevo lo pensé esta noche, al mirarlos a todos ustedes. Es algo asombroso.

Cada rostro es diferente. Eso es un simple detalle. Pero no hay dos personas que sean iguales en toda la creación. Dios nos dio a cada quien un rostro diferente, un ADN diferente; incluso, diferentes huellas dactilares.

Ésas son pequeñas señales, pero apuntan a algo mucho más grande, a algo mucho más sorprendente.

Dios tomó “la decisión” de crearnos a cada uno de nosotros. Él decidió crearlos a ustedes y crearme a mí. Así de especiales somos para Él.

Y ése es el motivo por el que el mundo es un poco “menos” por cada niño que se pierde a través del aborto. Por eso es que llevamos duelo esta noche, en esta Misa de Réquiem.

Y sabemos que, en cierta manera, Dios está llorando con nosotros, así como Jesús lloró cuando llegó al lugar en el que Lázaro yacía muerto.

Pero nuestro Señor nos dijo, nos prometió, que los que lloran serán consolados. Y esta noche, creemos que Dios limpiará cada lágrima de todos los ojos.

Pero él nos está llamando a hacer nuestra parte.

En el pasaje del Evangelio de esta noche, escuchamos cómo Jesús llama a sus primeros discípulos. Y les da una orden simple: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”.

Jesús nos está llamando también a nosotros a seguirlo y a ser sus discípulos de por vida, a llevar el mensaje del amor y de la misericordia de Dios a nuestra gran ciudad y hasta los confines de la tierra.

¡El camino de Jesús es el camino de la vida! No es el camino de la muerte.

Por eso tenemos que seguir repudiando el aborto, y esa es la razón por la que necesitamos seguir acercándonos a todos los hombres, mujeres y familias necesitados.

Estamos realmente llamados a cuidarnos unos a otros. Estamos llamados a tratar a los demás con la misma misericordia y compasión que queremos para nosotros mismos. Si queremos la vida para nosotros, entonces hemos de defender la vida para los demás en cada una de sus etapas; tenemos que proteger especialmente a aquellos que son demasiado débiles para protegerse a sí mismos.

Hermanos y hermanas, nosotros formamos parte de algo más grande. Somos parte del plan de amor de Dios, del reino de la vida que está llegando a nuestro mundo.

Y sabemos que algún día ya no habrá más lágrimas, ya no habrá más llanto. Un día, ya no habrá necesidad de llevar a cabo este Réquiem anual por los No Nacidos.

Sigamos entonces, avanzando en pos de Jesús ¡y proclamemos su hermoso mensaje de vida a nuestra gran ciudad y al mundo.

Pidámosle a nuestra Santísima Madre María, Madre de Dios y Madre nuestra, que Ella nos ayude, a todos nosotros, a conocer las grandes cosas para las que fuimos creados, y el invaluable amor que Dios tiene hacia cada vida, hacia cada uno de nosotros y hacia cada persona humana.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)