Mientras escribo esto, estoy regresando a casa después de una reunión de la Comisión Pontificia para América Latina.

El encuentro, que tuvo lugar en la Ciudad de México, reunió a obispos y líderes laicos de Roma y de todo el continente americano para abordar el tema: “Nuestra Señora de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización en el continente americano”.

Fue una hermosa manera de concluir el Año de la fe, ya que la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe fue el verdadero fundamento espiritual del continente Americano.

Y en nuestros días, ella sigue invitándonos a atraer a los hombres y mujeres a la fe en Jesús.

Como escribí en mi carta pastoral con motivo del comienzo de este Año de la Fe: “Nuestra Señora de Guadalupe fue enviada por Dios para ser la estrella radiante en los albores de la primera evangelización del Nuevo Mundo. … [y] la estrella radiante de la nueva evangelización”.

Nuestra Santísima Madre se le apareció a San Juan Diego en las afueras de la Ciudad de México, en la primera generación después que Cristóbal Colón descubriera América. Y las hermosas rosas de Castilla que florecieron milagrosamente en invierno y formaron la imagen de la Santísima Virgen en la tilma de Juan Diego, fueron un signo de la fe que pronto florecería a lo largo y ancho del continente americano.

Creo que en nuestro tiempo Dios está llamando a la Iglesia del continente americano a ser nuevamente la sede de una nueva misión. Creo que Dios nos está llamando a encabezar la nueva evangelización de nuestro continente y de nuestro mundo, a crear un nuevo mundo de fe.

Por eso, es providencial que en este Año de la Fe, Dios nos haya regalado nuestro primer Papa del continente americano, el primer Papa del Nuevo Mundo.

El Papa Francisco envió a los que estábamos reunidos en la Ciudad de México un fuerte mensaje en video. La Iglesia está “en un estado permanente de misión”, nos dijo. Todo el mundo y todo lo que hacemos en la Iglesia debe tener un “carácter misionero”.

¡Es tan importante para todos nosotros recuperar esta comprensión básica de nuestra identidad cristiana! Nuestro Bautismo nos hace discípulos, y ser un discípulo significa ser un misionero, un evangelizador.

La evangelización consiste en el encuentro con el Señor. Y nosotros somos los que estamos llamados a llevar a otros a ese encuentro.

“El objetivo de toda actividad pastoral está siempre guiado por el impulso misionero a llegar a todos, sin excluir a nadie, teniendo en cuenta las circunstancias especiales de cada persona”, dijo el Papa Francisco.

El Papa nos recordó una vez más que la evangelización significa buscar a la gente, dondequiera que esté.

Estamos llamados a caminar con nuestros prójimos, a hablar con ellos sobre lo que esperan y lo que temen, buscando siempre alentarlos a ese encuentro con Jesucristo y con su amor.

El Papa nos recordó una vez más que la evangelización significa compartir la buena nueva. La buena nueva del amor y la misericordia de Dios por los pecadores.

“Él no abandona a nadie, y siempre muestra su ternura y su ilimitada misericordia. Por lo tanto, esto es lo que hemos de llevarle a todas las personas”, dijo.

Mi esperanza para este Año de la Fe ha sido que todos recuperemos nuestra vocación misionera.

Nuestra fe no es sólo para nosotros. Nuestra fe nos fue dada para ser compartida. ¡Nunca lo diremos demasiado! Tenemos que llevar el Evangelio a todos los ámbitos de nuestras vidas.

La misión iniciada por Nuestra Señora de Guadalupe —la evangelización del continente americano— continúa en nosotros.

Y es providencial que este domingo, en que marcamos el final del Año de la Fe, se conmemore el 300 aniversario de nacimiento del gran apóstol de California, el Beato Junípero Serra, que nació el 24 de noviembre de 1713.

Si ustedes no han tenido todavía la oportunidad de ver la exposición, “Junípero Serra y los Legados de California”, en la Biblioteca Huntington, los exhorto a que lo hagan. Esta exposición infundirá en su corazón un deseo renovado de crecer en la fe y de servir a la misión de la Iglesia de llevar el Evangelio a todo el mundo.

Por lo tanto, cuando nos reunamos con nuestras familias esta semana para el Día de Acción de Gracias, agradezcámosle a Dios por el don de la fe y el amor de Dios en nuestras vidas. Y pidámosle el valor del Padre Serra y la gracia de ser los nuevos evangelizadores del continente americano.

“Den a conocer el nombre de Jesús”, dijo el Papa Francisco al final de la charla que nos dirigió en México. Luego añadió una referencia al milagro de las rosas de Guadalupe. Si predicamos a Cristo, dijo, veremos grandes cosas en nuestras vidas y en nuestro mundo.

“Si hacen esto”, dijo, “no se sorprendan de que las rosas de Castilla crezcan en invierno. Porque, como bien saben, ¡Jesús y nosotros tenemos la misma Madre!”.

Por lo tanto, pidámosle a Nuestra Señora de Guadalupe —que es su Madre y nuestra Madre— que haga crecer un nuevo amor por Jesús en nuestros corazones. Y que ella nos guíe para cumplir su misión de evangelizar el continente americano.

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