¡Qué bueno es estar de regreso en casa!

Mi peregrinación fue un tiempo especial de gracia. ¡Muchas gracias por sus oraciones! Los tuve presente en mis oraciones durante todo el viaje, y con mayor intensidad en los lugares santos de nuestra salvación: Belén y Jerusalén.

Realmente sentí que no estaba haciendo esta peregrinación yo solo, o simplemente con los demás peregrinos de la Arquidiócesis de Los Ángeles. A través de nuestras oraciones y sacrificios mutuos, sentí que nos acompañábamos unos a otros durante este viaje de fe.

En este Año de la Fe, me he sentido bendecido al volver a las “fuentes” de nuestra fe en Tierra Santa.

Sé que ya nunca voy a leer los Evangelios o a rezar el Rosario de la misma manera.

Mi oración tiene ya un nuevo impulso después de haber estado de rodillas en el lugar en el que nació Jesús, desde que recorrí los mismos caminos que sus primeros discípulos recorrieron, y desde que estuve presente en los mismo lugares donde ellos escucharon sus enseñanzas y fueron testigos de sus milagros. ¡Qué diferente orar en el lugar donde su Santísima Madre lo vio morir y donde los ángeles se aparecieron para anunciar su resurrección de entre los muertos!

En esos lugares sentí la realidad de que el cielo toca la tierra y de que lo divino se ha vuelto humano. Me di cuenta una vez más de la gran esperanza que Jesús nos dio cuando estableció su Iglesia sobre la “roca” de San Pedro.

Me regresé con una alegría y un deseo renovados de servir a la misión de la Iglesia, de proclamar su Evangelio a todos y de hacer que el Reino de Dios venga a la tierra y se establezca como en el cielo.

De tal modo que fue perfecto y providencial que mi viaje haya terminado en Roma, la ciudad eterna, donde tuve la bendición de tener una audiencia privada con el Papa Francisco, el sucesor apostólico de San Pedro y Vicario de Cristo en la tierra.

Este fue mi segundo encuentro con el Papa. Tuve el privilegio de celebrar una Misa matutina con él en abril de este año, poco después de su elección.

Nuestro Santo Padre es el primer Papa del continente americano y tiene una gran pasión por la nueva evangelización. Así que le llevé un regalo de parte de todos nosotros: un libro sobre las misiones de California, escrito por Monseñor Francis J. Weber, el Archivista Emérito de la Arquidiócesis. Le llevé la traducción en español de este libro.

Y fue una alegría hablar con el Papa en español, nuestra lengua materna.

El Papa me dio una cálida bienvenida y hablamos durante unos 40 minutos. Le dije que todos oramos por él, y que estábamos todos entusiasmados con su ministerio y agradecidos por su extraordinario ejemplo y su incansable dedicación a la Iglesia y al mundo. ¡Él agradeció nuestras oraciones y nos pidió que rezáramos más todavía!

Me hizo muchas preguntas acerca de Los Ángeles. Estaba feliz de escuchar sobre la fe de los católicos aquí, especialmente de la de nuestros jóvenes, y sobre el aumento de vocaciones sacerdotales que estamos experimentando.

Le pregunté al Papa si tenía un mensaje especial para nosotros. Sin dudarlo, respondió que debemos tener una gran devoción a nuestra Santísima Madre María. Dijo que si nos dirigimos a María, ella nos ayudará de todas las formas posibles y en todas las dificultades.

Insistió en que nuestra vida de oración es muy importante. Y nos exhortó a seguir profundizando en la comprensión de nuestra fe católica.

Él me dijo que tenemos que seguir tratando de participar en la vida de nuestra sociedad, que necesitamos una convicción renovada de que es nuestro deber cristiano compartir la vida y las enseñanzas de Jesús con nuestros hermanos y hermanas. Tenemos que enfrentar los retos de nuestra sociedad con la verdad del Evangelio, y tenemos que mantener un diálogo activo con las personas que nos rodean.

Al final de la audiencia, el Papa me dio su bendición y envió su Bendición Apostólica a todos los fieles de la Arquidiócesis de Los Ángeles. Y me encargó de nuevo pedirles a ustedes que oren por su ministerio.

De modo que esta semana, oremos unos por otros y, juntos, acompañemos a nuestro Papa con nuestras oraciones y nuestro amor.

Estamos verdaderamente bendecidos por la extraordinaria energía y amor del Papa. Su ministerio ha hecho que las personas de todo el mundo empiecen a hablar sobre la Iglesia con un nuevo entusiasmo. Eso es una señal de que en nuestra sociedad secularizada millones de personas todavía buscan a Dios, y todavía están mirando a la Iglesia Católica para que les muestre el camino.

¡Esta es nuestra misión, amigos míos! Esta es la misión que Jesús dio a su Iglesia en Tierra Santa hace tantos siglos.

Así que, pidámosle a nuestra Madre Santísima que nos ayude a escuchar realmente lo que el Papa nos está diciendo. Pidamos la gracia de tener un amor más profundo por Jesús y un deseo renovado de que nuestros prójimos puedan conocerlo.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)