Estos días han sido un tiempo ocupado y hermoso dentro de mi ministerio.

Ahora que escribo esto, se celebra el noveno aniversario de mi Misa de bienvenida como arzobispo coadjutor de Los Ángeles.

¡Cómo se va el tiempo! Estos años han sido fuente de alegría en mi vida y le agradezco a Dios por el privilegio de servir a la familia de Dios de este lugar.

Estamos llegando al final del mes de María y en estos años que he pasado en Los Ángeles, he experimentado una creciente conciencia de su amorosa presencia en mi vida y de la protección que Ella ejerce con respecto a esta Iglesia local, que ha sido nombrada en honor de la Reina de los Ángeles.

Estamos llegando al final de esta feliz temporada posterior a la Pascua. Después de bautizar y acoger a muchos nuevos creyentes en la Vigilia Pascual, en estas semanas posteriores al día de Pascua, he estado celebrando tres o cuatro confirmaciones a la semana en parroquias de toda la arquidiócesis.

La Iglesia de Los Ángeles está viva y sigue creciendo. Lo veo en el entusiasmo de estos hombres y mujeres jóvenes que vienen para ser confirmados.

Ellos tienen hambre de saber cómo es Dios y dónde pueden encontrarlo, de saber cómo darle culto y lo que eso implica en cuanto a la manera como deben vivir. Estos jóvenes están dispuestos a seguir a Jesús a dondequiera que Él los guíe. Y ellos son un ejemplo para mi propia fe, para mi propio caminar con Jesús.

Este mes tuve también la alegría de instalar al obispo auxiliar Joseph Brennan como el nuevo obispo de Fresno, nuestro vecino del norte. Y justo después de eso, le dimos la bienvenida aquí a un nuevo obispo, ordenando al obispo auxiliar Alex Aclan.

En estas celebraciones nos acompañó el representante personal del Papa Francisco en nuestro país, el Nuncio Apostólico Christophe Pierre. Su presencia fue un signo de esperanza, un recordatorio de que cada Iglesia local está unida por vínculos espirituales con una Iglesia que es universal y global y, al mismo tiempo, una institución divina establecida por Cristo sobre los cimientos de los Doce Apóstoles.

Aquí y en Fresno, celebramos esto con alegres y festivas liturgias y con sencillas reuniones de familiares y amigos. Hubo diversión, risas y lágrimas de alegría.

Para mí, fue una alegría personal el poder pasar un tiempo con las familias del obispo Brennan y del obispo Aclan, conocer a sus seres queridos y darme cuenta de cómo el amoroso ejemplo que ellos presenciaron en sus hogares fue lo que dio origen a su vocación, a su gozosa fe y a su espíritu de servicio.

Durante los comentarios que hizo en la ceremonia de su ordenación, el obispo Aclan se mostró visiblemente conmovido al hablar de su amor por nuestra Santísima Madre María. Nunca olvidaré ese momento ni el sentimiento de la presencia materna de María, velando por todos nosotros y por nuestras familias.

Me estoy preparando para ordenar nuevos sacerdotes y diáconos permanentes para la familia de Dios durante los próximos fines de semana. Una vez más, Dios nos ha bendecido con hombres excelentes, que lo aman y que tienen un corazón capaz de revelarlo a Él a los demás.

Necesitamos tener en cuenta estas gracias y todas estas hermosas señales que Dios nos da en nuestra vida cotidiana. Por mi parte, así lo hago.

Jesús prometió estar con su Iglesia hasta el final de los tiempos y nos prometió su Espíritu para guiarnos. Él no nos abandonará.

Jesús murió por nosotros, resucitó por nosotros, y ahora camina con nosotros. Y si sabemos dónde y cómo mirar, veremos con los ojos de la fe que Cristo está vivo en su Iglesia.

Yo lo veo actuando a través de los sacrificios ocultos de los sacerdotes, que dan todo lo que tienen para llevar a Jesús a su pueblo, para ayudarle a la gente a conocer el amor de Dios y el plan que Él tiene para sus vidas.

Lo veo trabajando en nuestras parroquias y en nuestras oficinas de cancillería, en nuestras escuelas, ministerios y hogares. ¡Hay santos y siervos del Evangelio en todos estos lugares!

El Señor resucitado sigue todavía haciendo cosas nuevas a nuestro alrededor y en todas partes; Él está cambiando los corazones y las mentes y transfigurando esta áspera arcilla de nuestra humanidad para que podamos participar de su divinidad. ¡Pidámosle a Dios que nos dé una mirada que nos permita percibir eso!

Oren por mí esta semana y yo oraré por ustedes. Sigan orando por la Iglesia y trabajando por renovar la Iglesia mediante la propia santidad de ustedes.

Pidámosle a Nuestra Señora, Reina de los Ángeles, que nos ayude a amar más cada día a Jesús y a hacer todo por la gloria de Dios y por amor de nuestro prójimo.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)