Este fin de semana entramos en el Adviento, la gran temporada de gracia y de alegría.

Adviento es una antigua palabra que significa “venida”, algo así como la llegada del rey a nosotros y pronto estaremos en su presencia. Durante la temporada santa, esperamos que Dios se acerque a nosotros, preparándonos para darle un gran recibimiento. Esto es lo que diferencia a la religión cristiana de otras religiones.

Nosotros creemos que el Creador viene a nosotros para estar cerca de su creación. Nosotros creemos que nuestro Creador ha ordenado este mundo para nuestro bien y dirige el trascurrir de la historia de acuerdo con su plan de amor. Y nosotros creemos que nuestro Dios viene a nosotros para quedarse con nosotros, que nos ama tanto que se hace a sí mismo uno de nosotros, compartiendo totalmente la experiencia de nuestra humanidad, empezando por ser un niño pequeño en el vientre de su madre.

Esta es la hermosa verdad que anticipamos en estas cortas semanas que conducen a la Navidad.

Pido a Dios que este año hagamos de este Adviento una aventura espiritual de vivir con una nueva conciencia de la presencia de Dios. El Adviento nos invita a mirar nuestras vidas con nuevos ojos y a ver nuestra realidad diaria de un modo nuevo.

Dios viene a nosotros siempre, ¡siempre está cerca de nosotros! Por otro lado, con demasiada frecuencia nosotros no sabemos verlo. No podemos darle la bienvenida porque no estamos “despiertos” a su presencia.

Yo oigo que los atletas, artistas y activistas usan la palabra “despiertos” (woke), como en “debemos estar despiertos (woke)”. Incluso en los medios sociales hay un hashtag sobre el tema como en “debemos de estar despiertos (woke)”. Lo que quieren decir es que debemos mantener los ojos bien abiertos a la injusticia en la sociedad, a cómo el poder se presta al abuso y a la corrupción.

Yo me pregunto si esos individuos saben que esta idea comienza en los Evangelios.

La liturgia del Adviento está repleta de exhortaciones a estar despiertos, no como protesta sino para vigilar la llegada de Dios.

“Benditos los siervos a quienes el maestro encuentra despiertos cuando él llega”, dice Jesús.

¡Adviento es el tiempo de despertar de nuestro sueño! Cuando estamos “despiertos” a quién es Dios, también estamos ‘despiertos’ a quiénes somos nosotros y a la belleza de cada vida.

El Nuevo Testamento habla de una cierta “anestesia” espiritual que puede inundarnos. Recordamos cómo los discípulos se quedaron dormidos en el Monte de la Transfiguración y de nuevo en el Huerto de Getsemaní.

En parte, esto es un símbolo de que a veces nosotros estamos “adormilados” ante la realidad de la presencia de Dios, incluso cuando Él está en nuestras propias vidas.

Por ello podemos hacer un nuevo esfuerzo en esta estación santa de reducir un tanto el ritmo en nuestras vidas, de bajar un poco el volumen; de dedicar un tiempo a crear un espacio en nuestras vidas para estar en silencio con Dios.

El salmista nos dice: “Guarda silencio y aprende que yo soy Dios”, pero nosotros sabemos que con frecuencia nuestras vidas no están “en silencio”. Nosotros estamos en continuo movimiento, siempre ocupados, siempre haciendo algo.

Los santos hablan de la “práctica” de la presencia de Dios. Y eso requiere práctica. Los primeros cristianos oraban diciendo: “Ven, Señor Jesús”. Nosotros, también, debemos convertirla en nuestra oración.

Debemos hablar a Dios y decirle: “Señor, yo sé que estás cerca de mí. Sé que, en tu amor, tú vienes a caminar conmigo. “Necesitamos pedir la gracia de creer de veras que en todo momento estamos viviendo bajo la mirada de Dios y que es posible, con su gracia, hacerlo todo por su amor”.

Nuestro más reciente santo americano es el beato Solanus Caisey, sacerdote capuchino recientemente beatificado en Detroit. Era conocido como el hacedor de milagros. Y es cierto. Cuando el beato Solanus rezaba por el pueblo, las cosas cambiaban. Los milagros se realizaban. De repente la gente se curaba de sus enfermedades.

Pero esa no es la razón por la que el beato Solanus es santo. Es santo porque vivió en la presencia de Dios e intentó servir a Dios en todo momento.

Solía decir: “La grandeza reside en ser fiel al momento presente. Debemos ser fieles al momento presente, de lo contario frustraremos el plan de Dios en nuestras vidas”.

Este es el propósito en nuestras vidas, ser fieles al momento presente. Cuando estamos “despiertos” a la presencia de Dios, nuestros corazones están dispuestos a hacer su voluntad y a vivir según su plan de amor para nosotros. Y Él nos ha creado para hacer grandes cosas.

Recen por mí esta semana y yo rezaré por ustedes en esta temporada santa del Adviento.

Y recurramos a la Madre de Dios para pedirle que nos ayude a estar despiertos, para que podamos vivir con una conciencia mayor de la presencia de Dios, viendo su amorosa mano actuando en nuestras vidas y en el mundo.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)