Yo he tenido una semana intensa pero asombrosa. Nuestro Congreso de Educación Religiosa arquidiocesano, fue un gran éxito.

Celebré dos Misas para un total de 16 mil jóvenes. Tomé parte en un “chateo” por Internet con jóvenes católicos. Vi a muchos viejos amigos y conocí nuevos amigos de todo el país. Oré y aprendí mucho, y volví inspirado.

Para mi, este Congreso muestra a vitalidad de la Iglesia en nuestro país. ¡Había tal pasión y energía! Estoy muy agradecido de haber conocido tantos hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, de muchas nacionalidades, todos dedicados a Jesucristo y la misión de su Iglesia Católica.

Yo me pregunto si apreciamos completamente lo importante que es nuestra iglesia Católica en el mundo de hoy.

La misión de la Iglesia no es sectaria. No es para promover el catolicismo ni siquiera para hacer más y mejores católicos.

Nuestra misión es salvar almas y elevar los corazones de nuestros prójimos para ver que sus vidas tienen un significado trascendente. Nuestra misión es inspirar a nuestros hermanos y hermanas para construir un mundo que es digno de la gran dignidad de ser una persona humana creada a imagen de Dios.
Esta es la razón por la que la Iglesia es tan importante. Porque la Iglesia es la última institución en nuestra sociedad que afirma conocer las “últimas” verdades, cuál es el significado de la vida; de dónde venimos y adonde vamos; por qué estamos aquí y cómo deberíamos vivir.

Si pensamos en esto, otras instituciones en nuestra sociedad ignoran esas cuestiones o asumen que no pueden ser contestadas. Los medios de comunicación, el gobierno y aún la educación, todos parecen sugerir que ellas no son verdades, sino solo muchas opiniones igualmente válidas sobre qué es verdad y cuál es la correcta manera de vivir.

Pero la gente nace con un deseo de conocer el misterio de sus vidas. Y las respuestas de un mero pluralismo y relativismo, nunca los van a satisfacer.
Tenemos una gran responsabilidad porque en la Iglesia sabemos que la verdad es real. Y sabemos que la verdad tiene un nombre. Sabemos que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, Sabemos que solo él puede salvarnos y hacernos libres. Solamente él nos puede mostrar lo que nuestras vidas son realmente y para qué.

La misión de la Iglesia es siempre antigua y siempre nueva. Nuestra misión de la nueva evangelización es parte de la gran historia de salvación que se extiende hacia atrás a la cruz y la tumba vacía.

Así que después de esta experiencia del Congreso, este domingo comenzamos la Semana Santa. Esta semana entramos en la “hora” de Jesús, la hora en la cual él es levantado; la hora de su pasión salvadora, su muerte y resurrección.

Las Buenas Nuevas de salvación solamente pueden ser proclamadas por aquellos que verdaderamente las han experimentado. Así que en esta Semana Santa necesitamos orar por una experiencia más profunda de la liberación que viene a nosotros por el poder de su cruz y resurrección.

Tratemos esta semana de caminar verdaderamente con Jesús, para en verdad subir a Jerusalén con él para celebrar la Pascua. Tratemos de estar cerca de él mientras él se convierte a si mismo el Cordero Pascual que es sacrificado, ofreciendo su cuerpo y su sangre en la cruz y en los dones de pan y vino.

Mientras yo escribo estas líneas, nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI está en la mitad de su semana de peregrinación de esperanza a México y Cuba. Otra vez yo estoy conmovido por la visión del Santo Padre de la Iglesia y nuestra responsabilidad personal de llevar nuestra sociedad a un nuevo encuentro con Dios.

Aquí está algo de lo que dijo en Cuba:

La Iglesia, el cuerpo viviente de Cristo, tiene la misión de prolongar en la tierra la presencia salvifica de Dios de abrir el mundo a algo más grande que el mismo, al amor y la luz de Dios.

Es un digno esfuerzo, queridos hermanos y hermanas, de dedicar toda nuestra vida a Cristo, de crecer en su amistad cada día y sentir el llamado a proclamar la belleza y la bondad de su vida a cada persona, a todos nuestros hermanos y hermanas.

Yo les animo a ustedes en esta tarea de sembrar la Palabra de Dios en el mundo y ofrecer a cada uno el verdadero sustento del Cuerpo de Cristo. La Pascua ya se está acercando, tomemos la determinación de seguir a Jesús sin miedo o dudas en su jornada hacia la cruz.

Que esta sea nuestra oración, mientras oramos unos por otros al entrar en esta semana de Pasión. Confiemos nuestras vidas, y aquellas de nuestros hermanos y hermanas en México y en Cuba, a la amorosa ayuda de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de las Américas.

Etiquetas: ,

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)