Meditaciones Dominicales

Vino para dar testimonio de la luz (Jn 1,29-34)
Semana II del Tiempo de Ordinario - 19 de enero de 2020

Con ocasión del bautismo de Jesús en el Jordán vino sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma y permaneció en él. Esta es la señal del Mesías que se esperaba, según la profecía: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado a evangelizar a los pobres...”. (Is 61,1). Después del bautismo, Jesús comenzó el anuncio del Evangelio. Con la fiesta del Bautismo de Jesús comenzó también el tiempo litúrgico ordinario. Hoy es, entonces, el II domingo.

El Evangelio de hoy también nos presenta el comienzo del ministerio público de Jesús, con ocasión del bautismo de Juan, pero esta vez según el IV Evangelio. También este evangelista refiere las palabras de Juan (el Bautista): “En medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien no soy digno de desatarle la correa de su sandalia” (Jn 1,26-27). Después de este reconocimiento de su indignidad, el evangelista percibe la dificultad de presentar a Juan bautizando a Jesús -el inferior al superior-, y evita el problema cuidándose de afirmar que Jesús fue bautizado por Juan. Según este Evangelio Jesús viene al bautismo de Juan, pero no para ser bautizado por él, sino para ser reconocido por él. En este Evangelio, desde el principio, Juan es un testigo: “Hubo un hombre enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio... No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz” (Jn 1,6.7.8).

Si dejamos de lado el Prólogo, el IV Evangelio comienza con estas palabras: "Este fue el testimonio de Juan" (Jn 1,19). El Evangelio de hoy nos presenta ese testimonio. No se nos habla aquí de una voz del cielo, pero sí de la venida del Espíritu Santo en forma de paloma. En este Evangelio quien ve esta señal es Juan. Es la señal que Dios le había dado. Cuando ve venir a Jesús, él mismo dice: “He visto el Espíritu Santo que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él”. Juan no pudo ver al Espíritu Santo. Lo que vio fue una paloma y reconoció en ella una señal de ese Espíritu. Ve una paloma y confiesa la presencia del Espíritu Santo en Jesús.

Juan es presentado como “un hombre enviado por Dios”. Él explica su misión así: "El que me envió a bautizar con agua, me dijo: 'Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo'". En los otros Evangelios es la voz del cielo -se entiende, de Dios- la que declara: "Este es mi Hijo" (cf. Mt 3,17 y paralelos); en este Evangelio es Juan quien, habiendo visto la señal del Espíritu Santo indicada por Dios, dice: "Yo lo he visto y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios".

Según este Evangelio, "dos de los discípulos de Juan, lo oyeron hablar así y siguieron a Jesús" (Jn 1,37). Son los dos primeros seguidores de Jesús. Uno de ellos es Andrés. Si el otro es el autor de este Evangelio, es decir, el evangelista Juan, se entiende que atribuya a su maestro la misión de dar testimonio de Cristo, pues él siguió a Jesús y fue uno de su apóstoles gracias a ese testimonio: "Vino para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él" (Jn 1,7). En esta fe seguiremos a Jesús cada domingo, examinando su vida y su palabra.

Felipe Bacarreza Rodriguez
Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)


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