Meditaciones Dominicales

Llegaron las bodas del Cordero (Juan 2, 1-12)
Semana II del Tiempo Ordinario - 20 de enero de 2019

"Se celebraba una boda en Caná de Galilea". Así comienza el Evangelio de este domingo, con el cual se abre el tiempo litúrgico ordinario. La palabra "boda" sugiere inmediatamente una "alianza". Una boda es una alianza de amor inquebrantable entre el esposo y la esposa. De esto se trata.

El evangelista da al milagro de las bodas de Caná -la conversión del agua en vino- el nombre de "signo", orientando así nuestra atención a su significado más que al aspecto prodigioso del hecho: "Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus signos". El significado es profundo y tiene que ver con la condición necesaria para que pueda realizarse la "nueva y eterna alianza" entre Dios y su pueblo. El Hijo de Dios vino al mundo para hacer posible esta alianza. En las bodas de Caná, antes de la intervención de Jesús, se había llegado a un estado en que era imposible realizar la alianza de amor; esto representa la falta de vino. Gracias a la intervención de Jesús, se dispuso de un vino nuevo, un vino excelente, de una cualidad radicalmente distinta, que permitió que esa alianza se realizara.

Todos quedan maravillados preguntándose qué origen tiene ese vino que Jesús proveyó y que hizo posible la boda. No encontramos la respuesta hasta que leemos en el relato de la última cena que Jesús, tomando un cáliz lleno de vino, lo dio a beber a sus discípulos diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros" (Lc 22,20).

La alianza antigua estipulada entre Dios e Israel no había podido realizarse plenamente por la continua infidelidad del pueblo. Por eso Dios declara caduca la antigua alianza y anuncia una alianza nueva: “Vienen días en que yo pactaré con la casa de Israel una nueva alianza; no como la alianza que pacté con sus padres... pues ellos rompieron mi alianza. Esta será la alianza que yo pactaré con la casa de Israel...: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jer 31,31-33). Esta nueva alianza no puede ser rota, es eterna, pues se funda sobre la fidelidad absoluta de Cristo, que “obedeció hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil 2,8). Así lo anunciaban los profetas: “Voy a firmar con ellos una alianza eterna” (Is 55,3).

El Evangelio destaca el papel fundamental que cabe a la madre de Jesús, anotando al comienzo del relato esta circunstancia: “Estaba allí la madre de Jesús”. Ella advierte que la alianza nupcial estaba fracasando y solicita la intervención de Jesús: “No tienen vino”. La respuesta que Jesús le da es una de las expresiones más difíciles del Evangelio: “¿Qué a mí y a ti, mujer?”. Esta es una expresión idiomática hebrea que se repite a menudo en el Antiguo Testamento. Se usa para poner en cuestión la relación entre personas. Lo que Jesús quiere decir es que, si hasta ahora su relación con su madre era de sujeción –“estaba sujeto a ellos” (Lc 2,51)-, ahora esa relación debe cambiar y en adelante es ella quien debe estar sujeta a él en todo. Desde esta hora Jesús, que tiene el rol del esposo, toma toda iniciativa en el establecimiento de la nueva alianza. Su madre lo comprende y se pone inmediatamente a su disposición con total docilidad. No sólo esto, sino que invita a todos a hacer lo mismo: “Haced lo que él os diga”.

María pertenece a aquella parte de Israel que esperaba una intervención salvífica definitiva de Dios, que anhelaba la realización de la bodas mesiánicas. Cuando el Esposo se manifestó ella se sometió a él sin reservas. También pertenecían a ese pueblo los sumos sacerdotes y los escribas y también ellos tenían autoridad sobre Jesús. Pero cuando Jesús se manifestó rehusaron darle a él la iniciativa y someterse a él, llegando en su resistencia hasta el extremo de condenarlo a muerte. Cada uno debe examinarse a sí mismo para ver en qué actitud se encuentra en relación a Jesús y acoger cada vez más fielmente la recomendación de María: “Haced lo que él os diga”.

Felipe Bacarreza Rodriguez
Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)


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