Meditaciones Dominicales

El Reino de Dios crece indefectiblemente (Mc 4,26-34)
Semana III del Tiempo Ordinario - 17 de junio de 2018

Ya hemos dicho en otra ocasión que el Evangelio de Marcos, tal como lo tenemos hoy, es el más antiguo de los Evangelios, es el primero que fue escrito. Para cualquier lector atento de los Evangelios es evidente que entre los tres primeros Evangelios -Mateo, Marcos y Lucas- hay muchos episodios paralelos que tienen notables semejanzas, incluso de vocabulario. Esto es lo que permite ponerlos en columnas paralelas de manera que puedan percibirse con una sola mirada; en una "sinopsis". Por este motivo a estos tres Evangelios se les llama "Evangelios sinópticos".

Examinando los episodios paralelos resulta evidente que existe dependencia entre ellos. Rige aquí el principio de Santo Tomás de Aquino: "Es necesario que en aquellas cosas que son semejantes, una sea causa de otra o que todas procedan de una sola causa". Puede demostrarse fácilmente que Mateo y Lucas son independientes. En efecto, si Lucas hubiera conocido el Evangelio de Mateo sería impensable que hubiera desarticulado el Sermón de la Montaña, por ejemplo, y que hubiera dejado fuera de su Evangelio, la parábola de las diez vírgenes necias y prudentes, y la parábola del juicio final, que son textos propios del Evangelio de Mateo. Por su parte, tampoco es posible concluir que Mateo haya conocido el Evangelio de Lucas, porque, en este caso habría debido prescindir del así llamado "Evangelio de la infancia" de Lucas con los episodios de la Anunciación, de la Visitación, del Nacimiento de Jesús, y habría tenido que desestimar las magníficas parábolas del hijo pródigo y del buen samaritano, que aparecen sólo en Lucas.

Resta entonces la única conclusión posible para explicar las semejanzas entre los tres Evangelios sinópticos: que tanto Mateo como Lucas dependan de Marcos, es decir, que ambos evangelistas, al escribir sus respectivos Evangelios, hayan tenido ante los ojos el Evangelio de Marcos y lo hayan empleado como fuente. Esto significa que el Evangelio de Marcos es el más antiguo y original -como hemos afirmado más arriba- y es el único que en un momento existió sólo. Podemos concluir entonces que fue Marcos el creador el género literario llamado "evangelio", que luego fue adoptado por todos los demás. Este género consiste en el revelación progresiva de la identidad de Jesús de Nazaret a través de un relato de su vida, predicación y milagros, de la hostilidad creciente de las autoridades judías, de su pasión y muerte en la cruz y de su resurrección de entre los muertos. Cuando escribió su Evangelio, Marcos pretendía dar una respuesta completa a la pregunta: ¿Quién es Jesús de Nazaret? En nuestra lectura de este Evangelio, que es el que se lee en la liturgia durante este año B, estamos procurando encontrar esa respuesta.

El pasaje de hoy nos permite conocer el método docente empleado por Jesús. Jesús ocupó la mayor parte de su tiempo en la enseñanza. Un testimonio de esto es que el título que se le aplica con mayor frecuencia en el Evangelio es el de "Maestro". Pero además, él mismo lo dice cuando vinieron a detenerlo de noche: "Todos los días estaba junto a vosotros en el Templo enseñando, y no me detuvisteis" (Mc 14,49). Cuando Jesús enseñaba "todos quedaban asombrados porque enseñaba con autoridad y no como los escribas" (Mc 1,22).

Jesús tenía la ardua misión de revelar al mundo su identidad; de esta manera quedaría revelado Dios y el hombre. El misterio de Dios y el misterio del hombre son revelados solamente en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Esto es lo que dice San Juan en el prólogo de su Evangelio: "A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha revelado" (Jn 1,18).

Uno de las cosas claras es que Jesús expuso su enseñanza en parábolas, es decir, por medio de comparaciones con situaciones tomadas de la vida diaria y que son familiares a sus oyentes. Es que el misterio de Dios mismo en su desig­nio salvífico de amor y el misterio del hombre en su vocación sobrenatural no pueden expresarse en fórmulas precisas y debe procederse por medio de imágenes y comparaciones. La misma expresión "Reino de Dios", usada a menudo por Jesús, es un modo de referirse a su propio misterio, al misterio de su propia Persona. En el Evangelio de hoy vemos a Jesús reflexionando y preguntándose: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?". Se nos presentan dos parábolas empleadas por Jesús para exponer el misterio del Reino: el Reino de Dios es como un grano de trigo echado en la tierra, que brota y crece hasta que, sin saber cómo, llega a ser trigo abundante; el Reino de Dios es como un grano de mostaza, que siendo la más pequeña de las semillas, crece hasta hacerse la mayor de las hortalizas, de modo que las aves del cielo anidan en sus ramas.

La Iglesia es el signo y el instrumento de la presencia del Reino de Dios en el mundo; en ella han tenido actuación esas profecías de Jesús: a lo largo de la historia ella ha crecido indefectiblemente, contra viento y marea, y ninguna persecución ha podido detenerla. Hoy día en nuestro propio ambiente nos toca asistir a continuos ataques contra la Iglesia en diferentes foros y congresos que se organizan sobre diversos temas; a menudo se oyen airadas críticas contra su enseñanza, particular­mente contra la santidad de su doctrina moral. Vendría bien a los que tal hacen reflexionar sobre estas parábolas de Cristo y comprender que su Palabra seguirá creciendo sin que nada de este mundo la pueda detener.

Felipe Bacarreza Rodriguez
Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)


Índice de meditaciones por tiempo litúrgico

Comentarios