Meditaciones Dominicales

Comienzo del Evangelio (Mc 1,1-8)
Semama II del Tiempo de Adviento - 10 de diciembre de 2017

El año litúrgico organiza el tiempo según los distintos aspectos del misterio de Cristo que se ofrece a nuestra contemplación y vivencia profunda. Es el misterio de nuestra salvación eterna que fue obrada por Cristo, el Hijo eterno de Dios hecho hombre, y que se hace presente ahora en la liturgia. Por eso la invitación a participar de la Eucaristía dominical debería ser para el cristiano un motivo de gozo profundo. Allí entra en comunión con el misterio de Cristo que le revela su destino eterno y le concede gozar de un anticipo desde ahora. Nada de esta tierra se le puede comparar, como exclamaba el Santo Cura de Ars: “¡Qué alegría para el cristiano, cuando al levantarse de la sagrada mesa, se lleva consigo todo el cielo en el corazón!”.

Este año en la liturgia de la Palabra leemos las lecturas del ciclo B que se caracteriza por tomar el Evangelio de Marcos. Hoy día, domingo II de Adviento, leemos los primeros versículos de ese Evangelio. La primera frase es claramente un título: "Comienzo del Evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios". Todo el escrito tiene la finalidad de revelar quién es Jesús, como lo iremos viendo en los domingos del año. Por otro lado, sabemos que fue escrito en Roma, para la comunidad cristiana de la Urbe, poco antes del año 70 d.C. Por eso, en el punto culminante, a saber cuando Jesús expira en la cruz, es un centurión romano quien declara: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15,39).

Si la primera frase es: "Comienzo del Evangelio...", y este es un título, nos preguntamos: ¿Es el título de todo el escrito o es el título solamente del ciclo de Juan el Bautista, que es lo que sigue inmediatamente? Es decir: ¿El "comienzo del Evangelio" es toda la obra -sus 16 capítulos- o sólo los primeros 13 versículos que se refieren a Juan? Tradicionalmente se ha considerado que el "comienzo" es sólo lo referente a Juan y que se extiende hasta el versículo 14: "Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba el Evangelio de Dios". Aquí comienza el Evangelio propiamente tal; Juan sería sólo el Precursor.

Pero hay también razones para sostener la primera hipótesis. En primer lugar eso es lo que dice el título de todo el escrito: "Comienzo". Pero, además, porque termina "en punta", dejando abierto a algo ulterior, que en esta hipótesis sería el verdadero Evangelio. En efecto, los últimos versículos del escrito relatan cómo las mujeres fueron al sepulcro de Jesús con aromas para embalsamar su cuerpo en la madrugada del domingo. Sigamos el relato: "Entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: 'No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí... Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo'. Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo..." (Mc 16,5-8). Aquí terminaba el escrito. (El relato de las apariciones de Cristo Resucitado es canónico y Escritura sagrada; pero es posterior y no pertenece a la obra de Marcos). En la obra de Marcos el Evangelio sería, entonces, lo anunciado por el ángel: "Allí lo veréis", es decir, el encuentro con Cristo vivo cada domingo en la celebración de la Eucaristía.

Felipe Bacarreza Rodriguez
Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)


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