Meditaciones Dominicales

Entrad por la puerta estrecha (Mt 22,1-14)
Semana XXVIII del Tiempo Ordinario - 15 de octubre de 2017

El Evangelio de este domingo concluye con una sentencia de Jesús que nos debe hacer reflexionar y reaccionar: "Muchos son llamados, mas pocos elegidos". Esta es una verdad que Jesús quiere revelarnos, porque, estrictamente hablando, no se deduce de la parábola que acaba de exponer.

Jesús expone la tercera parábola de una serie de tres referentes a la extensión de la salvación a todos los pueblos, después que los primeros llamados la rechazaron. En la parábola de los dos hijos, dirigiéndose a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo de Israel, Jesús concluye con esta sentencia: "En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios" (Mt 21,31). La parábola de los viñadores homicidas, que leíamos el domingo pasa-do, concluye con una sentencia semejante: "Por eso os digo: Se os quitará a vosotros el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos" (Mt 21,43). En este caso, "los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos" (Mt 21,45).

En la parábola del banquete nupcial, que leemos hoy, el rey, después de haber recibido el rechazo de los primeros llamados, declara: "La boda está preparada, pero los llamados no eran dignos", y dice a sus siervos: "Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, llamadlos a la boda". Fueron llamados los primeros invitados, pero éstos no eran dignos; fueron llamados entonces todos los que se encontraron en los cruces de los caminos y "la sala de bodas se llenó de comensales". Está así cumplida la primera parte de la sentencia: "Muchos son los llamados".

Para que no se piense que basta con pertenecer a es-te segundo grupo para gozar del banquete de bodas, el Evangelio agrega una segunda parte donde se indica una condición que hay que cumplir. El rey observa que hay uno de esos últimos llamados que no está vestido como corresponde a la ocasión y le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de boda?". Y ordena: "Atadlo de pies y manos, y echadlo a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes". ¡Uno solo está en este caso! Y, sin embargo, Jesús concluye: "Pocos son elegidos".

En realidad, la parábola quiere expresar el motivo por el cual, de acuerdo a la sentencia del rey, alguien es excluido, pero no cuántos son los que se encuentran en ese caso. Para saber esto hay que dar crédito a Jesús: "Pocos son los elegidos". Esto se ve corroborado por la respuesta que da Jesús a quien le pregunta precisamente eso: "Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran" (Mt 7,13-14).

La llamada a la salvación es enteramente gratuita; pero la elección se extiende sólo a los que, habiendo sido llamados, hacen la voluntad de Dios: "No todo el que me diga: `Señor, Señor', entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt 7,21). A éstos "se les ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura: el lino son las buenas obras de los santos" (Apoc 19,8). Este es el traje de boda que pocos visten.

+ Felipe Bacarreza Rodríguez Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)

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