Evangelio del día

Evangelio según San Mateo, capítulo 25, versículos del 1 al 13

26 de Agosto de 2011
PARABOLA DE LAS DIEZ VIRGENES.
 
1. "En aquel entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
2. Cinco de entre ellas eran necias, y cinco prudentes.
3. Las necias, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo,
4. mientras que las prudentes tomaron aceite en sus frascos, además de sus lámparas.
5. Como el esposo tardaba, todas sintieron sueño y se durmieron.
6. Mas a medianoche se oyó un grito: ¡He aquí al esposo! ¡Salid a su encuentro!"
7. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.
8. Mas las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan".
9. Replicaron las prudentes y dijeron: "No sea que no alcance para nosotras y para vosotras; id más bien a los vendedores y comprad para vosotras".
10. Mientras ellas iban a comprar, llegó el esposo; y las que estaban prontas, entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta.
11. Después llegaron las otras vírgenes y dijeron: "¡Señor, señor, ábrenos!"
12. Pero él respondió y dijo: "En verdad, os digo, no os conozco".
13. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora".

COMENTARIO

1 ss. Esta parábola, como la anterior, quiere enseñarnos la necesidad de estar siempre alerta, porque nadie sabe el día ni la hora del advenimiento de Cristo. Del esposo: La Vulgata añade: "y de la esposa". El texto griego se refiere solamente al esposo, lo que cuadra mejor con las costumbres hebreas, porque las vírgenes solían estar con la novia, y junto con ella esperaban la venida del esposo acompañado de sus amigos. En cuanto a la explicación de la parábola, advierte ya S. Jerónimo que las diez vírgenes simbolizan a todos los cristianos. "La espera es el periodo que precede a la segunda venida del Salvador; su venida es la Parusía gloriosa; el festín de la felicidad del Reino de los cielos... Los fieles que no están preparados a la venida de Cristo serán eliminados de la beatitud parusíaca... El momento de la Parusía es capital... y hay que tener siempre a mano la provisión de aceite" (Pirot). En efecto, la lámpara sin aceite es la fe muerta que se estereotipa en fórmulas (15, 8). La fe viva, que obra por amor (Gál. 5, 6), es la que produce la luz de la esperanza que nos tiene siempre en vela; lo que no se ama no puede ser esperado pues no se lo desea. S. Pedro enseña que esa lámpara o antorcha con que esperamos a Jesús en estas tinieblas es la esperanza que nos dan las profecías hasta que amanezca el día cuando Él venga (II Pedr. 1, 19). David enseña igualmente que esa luz para nuestros pies nos viene de la Palabra de Dios (S. 118, 105), la cual, dice S. Pablo, debe permanecer abundantemente en nosotros, ocupando nuestra memoria y nuestra atención (Col. 3, 16), para que no nos engañe este siglo malo (Gál. 1, 4). El sueño - que no es aquí reproche, pues todas se durmieron - representa, dice Pirot, lo imprevisto y súbito de la Parusía, de modo que la lámpara de nuestra fe no se mantendrá iluminada con la luz de la amorosa esperanza, si no tenemos gran provisión del aceite de la palabra, que es lo que engendra y vivifica la misma fe (Rom. 10, 17).

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