Evangelio del día

Evangelio según San Marcos, capítulo 14, versículos del 1 al 15,47

29 de Marzo de 2015

Domingo de Ramos


1. Dos días después era la Pascua y los Azimos, y los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban cómo podrían apoderarse de Él con engaño y matarlo.
2. Mas decían: "No durante la fiesta, no sea que ocurra algún tumulto en el pueblo".
3. Ahora bien, hallándose Él en Betania, en casa de Simón, el Leproso, y estando sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro lleno de ungüento de nardo puro de gran precio; y quebrando el alabastro, derramó el ungüento sobre su cabeza.
4. Mas algunos de los presentes indignados interiormente, decían: "¿A qué este despilfarro de ungüento?
5. Porque el ungüento este se podía vender por más de trescientos denarios, y dárselos a los pobres". Y bramaban contra ella.
6. Mas Jesús dijo: "Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo.
7. Porque los pobres los tenéis con vosotros siempre, y podéis hacerles bien cuando queráis; pero a Mí no me tenéis siempre.
8. Lo que ella podía hacer lo ha hecho. Se adelantó a ungir mi cuerpo para la sepultura.
9. En verdad, os digo, dondequiera que fuere predicado este Evangelio, en el mundo entero, se narrará también lo que acaba de hacer, en recuerdo suyo".


10. Entonces, Judas Iscariote, que era de los Doce, fue a los sumos sacerdotes, con el fin de entregarlo a ellos.
11. Los cuales al oírlo se llenaron de alegría y prometieron darle dinero. Y él buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

La ultima cena.


12. El primer día de los Azimos, cuando se inmolaba la Pascua, sus discípulos le dijeron: "¿Adónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas la Pascua?"
13. Y envió a dos de ellos, diciéndoles: "Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle,
14. y adonde entrare, decid al dueño de casa: "El Maestro dice: ¿Dónde está mi aposento en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?"
15. Y él os mostrará un cenáculo grande en el piso alto, ya dispuesto; y allí aderezad para nosotros".
16. Los discípulos se marcharon, y al llegar a la ciudad encontraron como Él había dicho; y prepararon la Pascua.

Institución de la Eucaristía.


17. Venida la tarde, fue Él con los Doce.
18. Y mientras estaban en la mesa y comían, Jesús dijo: "En verdad os digo, me entregará uno de vosotros que come conmigo".
19. Pero ellos comenzaron a contristarse, y a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo?".
20. Respondióles: "Uno de los Doce, el que moja conmigo en el plato.
21. El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay del hombre, por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido".
22. Y mientras ellos comían, tomó pan, y habiendo bendecido, partió y dio a ellos y dijo: "Tomad, éste es el cuerpo mío".
23. Tomó luego un cáliz, y después de haber dado gracias dio a ellos; y bebieron de él todos.
24. Y les dijo: "Esta es la sangre mía de la Alianza, que se derrama por muchos.
25. En verdad, os digo, que no beberé ya del fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beberé nuevo en el reino de Dios".
26. Y después de cantar el himno, salieron para el monte de los olivos.

Promesas de fidelidad.


27. Entonces Jesús les dijo: "Vosotros todos os vais a escandalizar, porque está escrito: "Heriré al pastor, y las ovejas se dispersarán".
28. Mas después que Yo haya resucitado, os precederé en Galilea".
29. Díjole Pedro: "Aunque todos se escandalizaren, yo no".
30. Y le dijo Jesús: "En verdad, te digo: que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me negarás tres".
31. Pero él decía con mayor insistencia: "¡Aunque deba morir contigo, jamás te negaré!". Esto mismo dijeron también todos.

Agonía de Jesús en Getsemaní.


32. Y llegaron al huerto llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: "Sentaos aquí mientras hago oración".
33. Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan; y comenzó a atemorizarse y angustiarse.
34. Y les dijo: "Mi alma está moralmente triste; quedaos aquí y velad".
35. Y yendo un poco más lejos, se postró en tierra, y rogó a fin de que, si fuese posible, se alejase de Él esa hora;
36. y decía: "¡Abba, Padre! ¡todo te es posible; aparta de Mí este cáliz; pero, no como Yo quiero, sino como Tú!"
37. Volvió y los halló dormidos; y dijo a Pedro: "¡Simón! ¿duermes? ¿No pudiste velar una hora?
38. Velad y orad para no entrar en tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil".
39. Se alejó de nuevo y oró, diciendo lo mismo.
40. Después volvió y los encontró todavía dormidos; sus ojos estaban en efecto cargados, y no supieron qué decirle.
41. Una tercera vez volvió, y les dijo: "¿Dormís ya y descansáis? ¡Basta! llegó la hora. Mirad: ahora el Hijo del hombre es entregado en las manos de los pecadores.
42. ¡Levantaos! ¡Vamos! Se acerca el que me entrega".

Prisión de Jesús.


43. Y al punto, cuando El todavía hablaba, apareció Judas, uno de los Doce, y con él una tropa armada de espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos.
44. Y el que lo entregaba, les había dado esta señal: "Aquel a quien yo daré un beso, Él es: prendedlo y llevadlo con cautela".
45. Y apenas llegó, se acercó a Él y le dijo: "Rabí", y lo besó.
46. Ellos, pues, le echaron mano, y lo sujetaron.
47. Entonces, uno de los que ahí estaban, desenvainó su espada, y dio al siervo del sumo sacerdote un golpe y le amputó la oreja.
48. Y Jesús, respondiendo, les dijo: "Como contra un bandolero habéis salido, armados de espadas y palos, para prenderme.
49. Todos los días estaba Yo en medio de vosotros enseñando en el Templo, y no me prendisteis. Pero (es) para que se cumplan las Escrituras".
50. Y abandonándole, huyeron todos.
51. Cierto joven, empero, lo siguió, envuelto en una sábana sobre el cuerpo desnudo, y lo prendieron;
52. pero él soltando la sábana, se escapó de ellos desnudo.


53. Condujeron a Jesús a casa del Sumo Sacerdote, donde se reunieron todos los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los escribas.
54. Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote, y estando sentado con los criados se calentaba junto al fuego.

Ante Caifás.


55. Los sumos sacerdotes, y todo el Sanhedrín, buscaban contra Jesús un testimonio para hacerlo morir, pero no lo hallaban.
56. Muchos, ciertamente, atestiguaron en falso contra Él, pero los testimonios no eran concordes.
57. Y algunos se levantaron y adujeron contra El este falso testimonio:
58. "Nosotros le hemos oído decir: Derribaré este Templo hecho de mano de hombre, y en el espacio de tres días reedificaré otro no hecho de mano de hombre".
59. Pero aun en esto el testimonio de ellos no era concorde.
60. Entonces, el Sumo Sacerdote, se puso de pie en medio e interrogó a Jesús diciendo: "¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra Ti?"
61. Pero Él guardó silencio y nada respondió. De nuevo, el Sumo Sacerdote lo interrogó y le dijo: "¿Eres Tú el Cristo, el Hijo del Bendito?"
62. Jesús respondió: "Yo soy. Y veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder, y viniendo en las nubes del cielo".
63. Entonces, el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos, y dijo: "¿Qué necesidad tenemos ahora de testigos?
64. Vosotros acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?" Y ellos todos sentenciaron que Él era reo de muerte.
65. Y comenzaron algunos a escupir sobre Él y, velándole el rostro, lo abofeteaban diciéndole: "¡Adivina!" Y los criados le daban bofetadas.

Pedro niega a Cristo.


66. Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, vino una de las sirvientas del Sumo Sacerdote,
67. la cual viendo a Pedro que se calentaba, lo miró y le dijo: "Tú también estabas con el Nazareno Jesús".
68. Pero él lo negó, diciendo: "No sé absolutamente qué quieres decir". Y salió fuera, al pórtico, y cantó un gallo.
69. Y la sirvienta, habiéndolo visto allí, se puso otra vez a decir a los circunstantes: "Este es uno de ellos". Y él lo negó de nuevo.
70. Poco después los que estaban allí, dijeron nuevamente a Pedro: "Por cierto que tú eres de ellos; porque también eres galileo".
71. Entonces, comenzó a echar imprecaciones y dijo con juramento: "Yo no conozco a ese hombre del que habláis".
72. Al punto, por segunda vez, cantó un gallo. Y Pedro se acordó de la palabra que Jesús le había dicho: "Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres", y rompió en sollozos.

Jesús ante Pilato.


1. Inmediatamente, a la madrugada, los sumos sacerdotes tuvieron consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanhedrín, y después de atar a Jesús, lo llevaron y entregaron a Pilato.
2. Pilato lo interrogó: "¿Eres Tú el rey de los judíos?" Él respondió y dijo: "Tú lo dices".
3. Como los sumos sacerdotes lo acusasen de muchas cosas,
4. Pilato, de nuevo, lo interrogó diciendo: "¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan".
5. Pero Jesús no respondió nada más, de suerte que Pilato estaba maravillado.

Pospuesto a Barrabas.


6. Mas en cada fiesta les ponía en libertad a uno de los presos, al que pedían.
7. Y estaba el llamado Barrabás, preso entre los sublevados que, en la sedición, habían cometido un homicidio.
8. Por lo cual la multitud subió y empezó a pedirle lo que él tenía costumbre de concederles.
9. Pilato les respondió y dijo: "¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?"
10. Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia.
11. Mas los sumos sacerdotes incitaron a la plebe para conseguir que soltase más bien a Barrabás.
12. Entonces, Pilato volvió a tomar la palabra y les dijo: "¿Qué decís pues que haga al rey de los judíos?"
13. Y ellos, gritaron: "¡Crucifícalo!"
14. Díjoles Pilato: "Pues, ¿qué mal ha hecho?" Y ellos gritaron todavía más fuerte: "¡Crucifícalo!"
15. Entonces Pilato, queriendo satisfacer a la turba les dejó en libertad a Barrabás; y después de haber hecho flagelar a Jesús, lo entregó para ser crucificado.

El rey de burlas coronado de espinas.


16. Los soldados, pues, lo condujeron al interior del palacio, es decir, al pretorio, y llamaron a toda la cohorte.
17. Lo vistieron de púrpura, y habiendo trenzado una corona de espinas, se la ciñeron.
18. Y se pusieron a saludarlo: "¡Salve, rey de los judíos".
19. Y le golpeaban la cabeza con una caña, y lo escupían, y le hacían reverencia doblando la rodilla.
20. Y después que se burlaron de Él, le quitaron la púrpura, le volvieron a poner sus vestidos, y se lo llevaron para crucificarlo.

Simón de Cirene.


21. Requisaron a un hombre que pasaba por allí, volviendo del campo, Simón Cireneo, el padre de Alejandro y de Rufo, para que llevase la cruz de Él.
22. Lo condujeron al lugar llamado Gólgota, que se traduce: "Lugar del Cráneo".

Crucifixión de Jesús.


23. Y le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero El no lo tomó.
24. Y lo crucificaron, y se repartieron sus vestidos, sorteando entre ellos la parte de cada cual.
25. Era la hora de tercia cuando lo crucificaron.
26. Y en el epígrafe de su causa estaba escrito: "El rey de los judíos".


27. Y con Él crucificaron a dos bandidos, uno a la derecha, y el otro a la izquierda de Él.
28. Así se cumplió la Escritura que dice: "Y fue contado entre los malhechores".
29. Y los que pasaban, blasfemaban de Él meneando sus cabezas y diciendo: "¡Bah, El que destruía el Templo, y lo reedificaba en tres días!
30. ¡Sálvate a Ti mismo, bajando de la cruz!"
31. Igualmente los sumos sacerdotes escarneciéndole, se decían unos a otros con los escribas: "¡Salvó a otros, y no puede salvarse a sí mismo!
32. ¡El Cristo, el rey de Israel, baje ahora de la cruz para que veamos y creamos!" Y los que estaban crucificados con Él, lo injuriaban también.
33. Y cuando fue la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona.
34. Y a la hora nona, Jesús gritó con una voz fuerte: "Eloí, Eloí, ¿lamá sabacthani?", lo que es interpretado: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
35. Oyendo esto, algunos de los presentes dijeron: "¡He ahí que llama a Elías!"
36. Y uno de ellos corrió entonces a empapar con vinagre una esponja, y atándola a una caña, le ofreció de beber, y decía: "Vamos a ver si viene Elías a bajarlo".
37. Mas Jesús, dando una gran voz, expiró.


38. Entonces, el velo del Templo se rasgó en dos partes, de alto a bajo.
39. El centurión, apostado enfrente de Él, viéndolo expirar de este modo, dijo: "¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!"
40. Había también allí unas mujeres mirando desde lejos, entre las cuales también María la Magdalena, y María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé,
41. las cuales cuando estaban en Galilea, lo seguían y lo servían, y otras muchas que habían subido con Él a Jerusalén.

Sepultura de Jesús.


42. Llegada ya la tarde, como era día de Preparación, es decir, víspera del día sábado,
43. vino José, el de Arimatea, noble consejero, el cual también estaba esperando el reino de Dios. Este se atrevió a ir a Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesús.
44. Pilato, se extrañó de que estuviera muerto; hizo venir al centurión y le preguntó si había muerto ya.
45. Informado por el centurión, dio el cuerpo a José;
46. el cual habiendo comprado una sábana, lo bajó, lo envolvió en el sudario, lo depositó en un sepulcro tallado en la roca, y arrimó una loza a la puerta del sepulcro.
47. Entre tanto, María la Magdalena y María la de José observaron dónde era sepultado.



COMENTARIO

1. Dos días: la unción de Jesús, referida en los vv. 3 ss., tuvo lugar seis días antes de la Pascua (Juan 12, 1).

3. Sobre su cabeza: el Señor se dignó aceptarle esto en concepto de unción para la sepultura (v. 8) y limosna hecha a El como pobre (v. 6 s.). Véase sobre esto Juan 20, 7 y nota: "Y el sudario, que había estado sobre su cabeza, puesto no con las fajas, sino en lugar aparte, enrollado". Es de notar la reverencia especial para con la sagrada Cabeza de Jesús que demuestran los ángeles. No quiso Dios que el sudario que envolvió la Cabeza de su Hijo muy amado quedase confundido con las demás vendas.
En Juan 12, 3 se habla de los pies, como en Luc. 7, 38.

5. Trescientos denarios: más o menos, el salario anual de un empleado de entonces.

8. Cada vez más a menudo alude el Señor a su muerte, para preparar a sus discípulos a los tristes acontecimientos que se acercan.

9. Este Evangelio: expresión singular y profética, pues sabemos que los santos Evangelios fueron escritos mucho más tarde.
Confrontado en San Juan 16, 12: "Tengo todavía mucho que deciros, pero no podéis soportarlo ahora".

10. Véase Mat. 26, 14 - 16; Luc. 22, 3 - 6.

14. Comer la Pascua, es decir, el cordero pascual prescrito por la Ley. (Ex. 12, 3 ss.). Jesús, que no había venido a derogarla (Mat. 5, 17), no ve inconveniente en observarla, como lo hizo con la circuncisión (cf. Rom. 15, 8), aunque El había de ser, por su Pasión y Muerte en la Cruz, la suma Realidad en quien se cumplirían aquellas figuras; el Cordero divino que se entregó "en manos de los hombres" (9, 31) sin abrir su boca (Is. 53, 7); el que San Juan nos presenta como inmolado junto al trono de Dios (Apoc. 5, 6), y que S. Pablo nos muestra como eterno Sacerdote y eterna Víctima. Cf. Hebr. caps. 5 - 10; S. 109, 4.

21. Judas el traidor es expresamente condenado por el Señor y entregado a la maldición. Por eso es imposible creer que se haya salvado. Véase Juan 17, 12; Hech. 1, 16; S. 40, 10.
Cf. en I Rey. 31, 13.

24. Léase en Mateo 20, 28 y nota: "Así como el Hijo del hombre vino, no para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos". Al saber esto los que, siendo hombres miserables, tenemos quienes nos sirvan ¿no trataremos de hacérnoslo perdonar con la caridad hacia nuestros subordinados, usando ruegos en vez de órdenes y viendo en ellos, como en los pobres, la imagen envidiable del divino Sirviente?. Nótese que esto, y sólo esto, es el remedio contra los odios que carcomen a la sociedad. En rescate por muchos, esto es, por todos. "Muchos" se usa a veces en este sentido más amplio.

No significa aquí: derramada "por obra de" muchos (aunque esto también sea verdad en el sentido de que todos somos pecadores), sino que se derrama como un bautismo de redención sobre todos los que lo aprovechen, según la palabra del Apocalipsis 22, 14 (Vulgata) coincidente con Ef. 1, 7; Col. 1, 14 y 20; Hebr. 9, 12 ss.; 13, 12; I Pedro 1, 19; I Juan 5, 6; Apoc. 12, 11.

27. Véase Zac. 13, 7.

28. Véase Mat. 26, 30 ss.; Marc. 14, 68 - 72; Luc. 22, 31 ss.; Juan 13, 36 ss.; 16, 32.

32. Una iglesia, construida recientemente, conmemora el lugar de la agonía del Redentor en el huerto de Getsemaní, situado al este de Jerusalén, entre la ciudad y el Monte de los Olivos.

36. Véase Mateo 26, 42; Lucas 22, 42. El cáliz significa la pasión. Cf. 10, 38; Lucas 12, 50.

41. Estas palabras coinciden con las que el Señor había dicho a Pedro en el v. 37, y nos muestran, como una lección para nuestra humildad, el grado de inconsciencia de aquellos hombres en semejantes momentos. La versión que pone los verbos en imperativo resulta inexplicable ante la palabra que Jesús agrega inmediatamente: ¡basta!".


43. Véase Mat. 26, 47 ss.; Juan 18, 3 ss.

50. Esta huida general, que nos enseña la miseria sin límites de que todos somos capaces, es también inexcusable falta de fe en la bondad y el poder del Salvador, pues Él había mostrado con sus palabras (Juan 17, 12) y con su actitud (Juan 18, 8 s. y 19 s.) que no permitiría que ellos fuesen sacrificados con Él.
Véase Mat. 26, 56 y nota: "Pero todo esto ha sucedido para que se cumpla lo que escribieron los profetas". Entonces los discípulos todos, abandonándole a Él, huyeron.
¡Todos!. Es muy digno de observar el contraste entre esta fuga y la escena precedente. Allí vemos que se intenta una defensa armada de Jesús, es decir, que si El la hubiese aceptado, obrando como los que buscan su propia gloria (Juan 5, 43), los discípulos se habrían sin duda jugado la vida por su caudillo (Juan 11, 16; 13, 37). Pero cuando Jesús se muestra tal cual es, como divina Víctima de la salvación, en nuestro propio favor, entonces todos se escandalizan de Él, como Él se lo tenía anunciado (v. 31 ss.), y como solemos hacer muchos cuando se trata de compartir las humillaciones de Cristo y la persecución por su Palabra (13, 21). Algo análogo había de suceder a Pablo y Bernabé en Listra, donde aquél fue lapidado después de rechazar la adoración que se les ofrecía creyéndolos Júpiter y Mercurio (Hech. 14, 10 - 18).

53. La casa de Caifás estaba en la parte sudoeste de la ciudad. Había que andar hasta allí unos dos kilómetros. Según una tradición piadosa, Jesús en este largo trayecto cayó en tierra, a consecuencia de los malos tratamientos, muchas veces más que las tres caídas del Vía Crucis. Cf. S. 109, 7.

58. Véase Juan 2, 19: "Jesús les respondió: "Destruid este Templo, y en tres días Yo lo volveré a levantar".
Gramática recuerda también aquí el templo celestial de Hebr. 9, 11 y 24.

62. "El nombre de Hijo del hombre, que Jesús mismo se dio, expresa su calidad de hombre, y por alusión a la profecía de Daniel, insinúa su dignidad mesiánica" (P. d'Ales). Véase Dan. 7, 13; Mat. 24, 30; 26, 64; S. 79, 16.

64. Es condenado por blasfemia el Santo de los santos, el inmaculado Cordero de Dios, el único Ser en quien el Padre tenía puestas todas sus complacencias (Mat. 3, 17; 17, 5). Su "blasfemia" consistió en decir la doble verdad de que El era el anunciado por los profetas como Hijo de Dios y Rey de Israel (Luc. 23, 3; Juan 18, 37).

64. Es condenado por blasfemia el Santo de los santos, el inmaculado Cordero de Dios, el único Ser en quien el Padre tenía puestas todas sus complacencias (Mat. 3, 17; 17, 5). Su "blasfemia" consistió en decir la doble verdad de que El era el anunciado por los profetas como Hijo de Dios y Rey de Israel (Luc. 23, 3; Juan 18, 37).

66. Véase Mat. 26, 69 ss.; Luc. 22, 55 ss.; Juan 18, 16 ss.

72. La caída de Pedro fue profunda, pero no menos profundo fue luego su dolor. Muchos seguimos a Pedro negando al Señor; sigamos también la preciosa lección del arrepentimiento, ya que, como enseña Jesús, el más perdonado es el que más ama (Luc. 7, 47).

1. Pilato era gobernador y representante del emperador romano, de cuyo imperio formaba parte la Judea. Sin el permiso del gobernador los judíos no podían condenar a muerte (Juan 18, 31; 19, 6 s.)

10. Véase la nota a Mateo 27, 18: "Porque sabía que lo habían entregado por envidia". Por envidia: se refiere a los sacerdotes (Marc. 15, 10), contra cuya maldad apelaba Pilato ante el pueblo. Marcos (15, 11) reitera lo que aquí vemos en el v. 20 sobre la influencia pérfida con que aquellos decidieron al pueblo, que tantas veces había mostrado su adhesión a Jesús, a servirles de instrumento para saciar su odio contra el Hijo de Dios, hasta el punto de persuadirlo a que lo pospusiese a un criminal (Luc. 23, 18; Juan 18, 40). San Pedro recuerda al pueblo esta circunstancia en Hech. 3, 14 - 17.

15. Pilato había preguntado a Cristo qué verdad era aquella de que Él daba testimonio y no aguardó siquiera la respuesta (Juan 18, 38), que le habría revelado las maravillas de los profetas (cf. Rom. 15, 8). De esta despreocupación por conocer la verdad nacen todos los extravíos del corazón. Pilato ha quedado para el mundo - que lo reprueba sin perjuicio de imitarlo frecuentemente - como el prototipo del juez que pospone la justicia a los intereses o al miedo. Véase en el S. 81 y sus notas las tremendas maldiciones con que Dios fulmina a cuantos abusan del poder.

16. Véase Mateo 27, 27 ss.; Juan 19, 2 s.

21. Marcos no sólo menciona a Simón, sino también a sus hijos Alejandro y Rufo, conocidos en Roma, donde el Evangelista escribió su Evangelio (Rom. 16, 13). Esto demuestra que Simón con su familia se convirtió a la religión cristiana, sin duda como una gracia que Jesús concedió al que llevaba con Él la Cruz, aunque no lo hubiese aliviado mucho. Véase Luc. 23, 26 y nota: "Cuando lo llevaban, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, obligándole a ir sustentando la cruz detrás de Jesús". Del texto deducen algunos que la ayuda del Cireneo no hacía sino aumentar el peso de la Cruz sobre el hombro del divino Cordero, al levantar detrás de El la extremidad inferior.

22. Véase Mateo 27, 33; Lucas 23, 32 ss.; Juan 19, 17 ss.

28. Véase Is. 53, 12; S. 21, 8; 108, 25.

29. Cf. 14, 58; Juan 2, 19.

34. Jesús no padeció a la manera de los santos mártires, que sufrían confortados por la gracia. Su alma estaba oprimida por el peso de los pecados que había tomado sobre sí (cf. Ez. 4, 4 ss.), pues su divinidad permitió que su naturaleza humana fuera sumergida en un abismo insondable de sufrimientos. Las palabras del S. 21, que Jesús repite en alta voz, muestran que el divino Cordero toma sobre sí todos nuestros pecados.

36. Sobre el misterio de Elías, véase 9, 12 s. y nota: Respondióles: "Elías, en efecto, vendrá primero y lo restaurará todo. Pero ¿cómo está escrito del Hijo del hombre, que debe padecer mucho y ser vilipendiado? 13 Pues bien, Yo os declaro: en realidad Elías ya vino e hicieron con él cuanto les plugo, como está escrito en él". En espíritu S. Juan era Elías, mas no en persona" (S. Gregorio Magno). Véase Mat. 17, 11 s. ; Mal. 4, 5; Is. 53, 3.

37. El Hijo de Dios muere emitiendo una gran voz para mostrar que no le quitan la vida sino porque Él lo quiere, y que en un instante habría podido bajar de la cruz y sanar de sus heridas, si no hubiera tenido la voluntad de inmolarse hasta la muerte para glorificar al Padre con nuestra redención (Juan 17, 2; cf. Mat. 26, 42). Los evangelistas relatan que Jesús murió en viernes y, según los tres más antiguos, cerca de la hora nona, es decir, a las tres de la tarde.

39. Véase Mateo 27, 54 ss.; Lucas 23, 47 ss.; Juan 19, 38 ss.

42. Preparación: Los judíos llamaban así el viernes, pues se preparaba en este día todo lo necesario para el sábado, en que estaba prohibido todo trabajo.

43. El heroísmo de José de Arimatea no tiene paralelo. Intrépido, confiesa pública y resueltamente ser partidario del Crucificado, confirmando las palabras con sus obras, mientras los apóstoles y amigos del Señor están desalentados y fugitivos. El Evangelio hace notar expresamente que José esperaba el reino de Dios, en lo cual vemos que esa esperanza era común entre los discípulos. Véase 10, 35; 11, 10; Mat. 23, 39; Luc. 19, 11; Hech. 1, 6; II Tim. 4, 1; Hebr. 2, 8; 10, 37, etc.

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