s.createElement(o), m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); es triple: intentar seducir a algunos, dividir a los católicos y desprestigiar a los pastores difundiendo estas ideas en los medios de comunicación.

Así pues, y volviendo al principio, la Iglesia ama y respeta a todas las personas también las que sienten inclinación homosexual. La Iglesia y sus representantes "ni insultan, ni atacan, ni incitan a la discriminación y a la violencia contra el colectivo homosexual", pero, con todo, la Iglesia no puede aceptar como buenos la inclinación homosexual propiamente dicha, los actos homosexuales, el lobby gay, la cultura gay, el homosexualismo político y la teología gay. Por cierto, lo mismo sucede respecto a quienes tienen otras inclinaciones sexuales parafílicas (sadomasoquistas, fetichistas, etc.): la Iglesia ama y respeta a estas personas, pero no puede aceptar como buenas estas inclinaciones parafílicas ni las prácticas sexuales correspondientes.

Respecto a la pregunta de en qué basa la Iglesia su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo, debo decir que los argumentos son de diverso orden. Desde el punto de vista del Derecho, el Consejo de Estado y el Consejo General del Poder Judicial, han emitido sendos informes, de una contundencia rotunda, oponiéndose radicalmente a que se apruebe legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo. Muchos de los argumentos de los que allí se exponen pueden ser asumidos perfectamente por la Iglesia. Desde el punto de vista del lenguaje la Real Academia de la Lengua Española también se ha pronunciado en el sentido de que la palabra matrimonio que significa la "unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales" no puede ser usada para definir otras eventuales uniones, pues ello, desde luego, corrompería el sentido del término y llevaría a confusión. También este argumento puede ser asumido sin ningún problema por la Iglesia.

Pero, además, la Iglesia, a la luz de la verdad natural y revelada sobre la persona enseña que sólo la diversidad sexual que se da entre un varón y una mujer permite la natural complementariedad sexual y el posible don de una vida nueva. Asumiendo el riesgo de resultar demasiado explícito, hay que afirmar que ningún de estos dos aspectos indicados se dan en las uniones del mismo sexo: son uniones intrínsecamente estériles, y el aparente aspecto unitivo de su sexualidad se realiza a costa de forzar estructuras anatómicas y simular actividades fisiológicas naturales, sin excluir, por cierto, la utilización de los más diversos productos químicos y artilugios mecánicos. Todo esto hace imposible, ontológicamente, tratar como igual lo que no lo es: Una cosa es el matrimonio y otra las uniones de personas del mismo sexo.

Mons. Juan Antonio Reig Pla es Obispo de Segorbe-Castellón, Presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida, Vicepresidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, Miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y Decano del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia, dependiente de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma.

Comentarios

Síguenos:

Cara a cara con Alejandro Bermúdez

Tendencias:

Libros del padre José Antonio Fortea
El blog de Mons. José Gómez