Foto: David Ramos.

Foto: David Ramos.

I Estación:  Estamos como condenados a muerte.  No necesitamos una sentencia formal para saber que en cualquier momento cada uno de nosotros, o aún peor un hijo o un nieto, podemos morir en la calle por culpa de la delincuencia o de la represión.  Sólo Dios nos protege.

II Estación:  Cargando esa cruz de muerte, y de una gran lista de injusticias producto de la podrida corrupción, caminamos nuestro calvario del día a día… el de la comida, de las medicinas, de la inflación, de los colapsados e ineficientes servicios públicos…

III Estación:  Cansados de tantos problemas nos caemos.  Pero nos paramos ¡y seguimos! porque sabemos que somos hijos de Dios y que Él nos ayuda en nuestra lucha.  Sabemos que otros dependen de nosotros, que tenemos que ser fuertes y resistir hasta el final.

IV Estación:  Cuántas madres venezolanas no han visto en su hijo injustamente apresado, maltratado, asesinado… a nuestro amado Jesucristo.  No hay dolor como el de la Virgen.  Ella entiende el sufrimiento de cada madre venezolana y también sufre con las atrocidades que se están cometiendo con sus hijos venezolanos.

V Estación:  Una de las cosas que más nos ayuda a cargar esa enorme cruz de injusticias es que aquí hay muchos cirineos, que nos apoyamos y animamos cuando creemos que no podremos más.  Ese cirineo venezolano que nos hacer reír con un chiste, que nos presta su hombro para llorar, que nos da un cafecito, que reza con nosotros y por nosotros…

VI Estación:  Aquí también hay muchas Verónicas que ayudan a limpiar los rostros de sudor, de lágrimas, de sangre… Muchas Verónicas que no voltean hacia otro lado sino que son capaces de arriesgarse y comprometerse por ayudar para que brille la verdad, la libertad, la justicia y la paz en nuestro país.

VII Estación:  La cruz cada día, cada hora, cada minuto… pesa más.  No vemos salida a tanta mentira, a tanta injusticia, a tanta corrupción. Sentimos una gran impotencia.  Y volvemos a caer.  Pero a nuestro alrededor hay tantos niños, tantos jóvenes ejemplares, que nos animan a seguir con esperanza  ¡Y nos volvemos a parar!

VIII Estación:  Muchos lloramos al ver la descarada corrupción que destroza nuestro país.  Pero sabemos que hay un cielo que espera por sus hijos fieles y un infierno donde se pagará todo el mal que se ha hecho a quien no se arrepienta, pida perdón y devuelva todo lo robado.  Eso nos ayuda a secar las lágrimas y a seguir.

IX Estación:  Volvemos a caer exhaustos de cansancio.  Ahora si pensamos que “ya no podemos más”, pero Dios nos saca una fuerza de donde nunca pensábamos tenerla y nos volvemos a parar.  Este calvario nos ha hecho muy fuertes y lo seguiremos hasta que Dios quiera.  Él nos está ayudando a cargar la cruz, aunque no lo veamos.

X Estación:  Qué duro es que nos vayan despojando de lo que nos ha costado tanto esfuerzo…  Todo lo material nos lo podrán quitar.  Pero de lo único que no nos podrán despojar nunca es de nuestra libertad interior y de nuestra dignidad.  Esa dignidad que no tiene precio y que no la podrán tener nunca aquéllos que se dejaron comprar.

XI Estación:  Somos clavados en la cruz, con los clavos de la injusticia, de la mentira, del odio, de la corrupción, de la violencia… Estamos colgados en la cruz, como nuestro amado Jesucristo, porque Dios quiere algo grande de nosotros.  Esos clavos duelen mucho, pero Cristo y su Verdad son nuestra esperanza.

XII Estación:  No sabemos cuánto tiempo de agonía tendremos que soportar.  Pero vemos a Cristo, quien siendo Dios, no se bajó de la cruz. ¡Podía hacerlo y no lo hizo!  Seguiremos aquí defendiendo la Verdad por encima de todo.  Y lo hacemos pensando en lo que vendrá después. Cristo también pensaba en lo que vendría, en su Resurrección.  Cristo murió por cada uno de nosotros, para salvarnos, porque nos ama con locura.  Nosotros “moriremos” por Dios y por nuestra patria, a la que también amamos.

XIII Estación:  Así como a Jesús lo ponen en los brazos de su madre, nosotros nos ponemos en sus brazos.  Madre Nuestra, ¡cúbrenos con tu manto y ayúdanos a seguir en este valle de lágrimas, con alegría, esperanza y fortaleza!

XIV Estación:  Cada muerto asesinado en nuestra tierra nos recuerda a Cristo.  Esas vidas sepultadas, que han causado un dolor infinito a tantas madres, padres, familiares y amigos son la sangre derramada producto del olvido de Dios.  Son un grito a nuestra vida, que aún la tenemos, para meter a Dios en nuestro corazón y para llevarlo a todas partes.  Esa sangre derramada se convertirá en río de esperanza, si no dejamos que nuestro corazón se llene de odio y rencor  ¡Si llevamos el Amor de Dios a Todos!

XV Estación:  Y Jesucristo resucitó.  ¡Cristo vive entre nosotros!  ¡Está con nosotros en el sagrario!  Él y Su Santísima Madre nos acompañan en este Vía Crucis de dolor pero también de esperanza, porque sabemos que el calvario que tenemos que caminar para recuperar la verdad, la justicia, la libertad y la paz no es en vano.  ¡Dios está con nosotros y a nada vamos a temer!  ¡Dios ama con locura a sus hijos venezolanos y nos está ayudando!  ¡Vendrá un nuevo amanecer y el bien triunfará sobre el mal en nuestra amada Venezuela!

María Denisse Fanianos de Capriles

[email protected]

@VzlaEntrelineas