Bandera de Venezuela. Foto: Flickr de Alfonsina Blyde (CC BY-NC-ND 2.0)

Bandera de Venezuela. Foto: Flickr de Alfonsina Blyde (CC BY-NC-ND 2.0)

Horas antes que Nicolás Maduro anunciara que había cancelado su audiencia con el Papa Francisco, el nuncio apostólico en Venezuela, Aldo Giordano, concedió una entrevista al diario La Verdad donde entre otras cosas muy importantes señalaba que: “Venezuela necesita a Dios.  El Dios que hemos conocido en el evangelio.  Jesucristo es un Dios que nos ha traído a la tierra el amor, necesitamos del amor cristiano; ha traído también la esperanza, Venezuela necesita esperanza, que nace de la fe”.

Muchos de quienes vivimos en este país sabemos que esa es una gran verdad.  Venezuela, más que nunca, necesita a Dios, necesita mucho Amor, mucha Fe, mucha Esperanza…  porque pareciera que los encargados de solucionar los graves problemas que vivimos el día a día (escasez, inflación, delincuencia, desempleo, falta de libertad, injusticias, corrupción, etc.) no son capaces de resolver lo que pasa.

El Papa Francisco, al igual que nuestro nuncio actual y el anterior, Pietro Parolin, conocen exactamente qué es lo que está pasando en Venezuela.  Ellos han tratado por todos los medios, al igual que la Conferencia Episcopal Venezolana, el Cardenal Jorge Urosa Savino y nuestros obispos, de dialogar con el gobierno, de sembrar la conciliación y la paz en todo momento, de hacer cientos de peticiones que lo único que reclaman es el respeto a la dignidad y los derechos humanos de todos los venezolanos.

Pero cada cosa que dice el Papa para Venezuela, cada cosa que dice el nuncio, cada cosa que dice el Cardenal, cada cosa que dice la CEV, cada cosa que dicen nuestros obispos, pareciera que les entra por un oído y les sale por el otro.  No hay forma ni manera que se escuche ni se acepte que estamos viviendo una de las peores crisis económicas, políticas y sociales de nuestra historia.  Y lo peor, no hay forma ni manera que hagan algo en serio por tratar de resolver los problemas.

La Iglesia, como jerarquía, no ha podido ¡ni podrá! (pienso yo) hacer mucho ante la sordera “diplomática” venezolana que aparenta buenos deseos y luego actúa evadiendo toda responsabilidad.  ¿Qué más muestra de esto que la cancelación de una cita tan importante con el Papa Francisco donde se iban a tocar temas fundamentales de derechos humanos?

Por eso ante la insistencia de algunas personas que creen que la Iglesia (como jerarquía) puede hacer mucho, debemos recordar que la Iglesia somos ¡todos! los católicos bautizados y que sólo con nuestra intensa oración, unión, organización y trabajo para alcanzar las metas democráticas que tenemos, podremos avanzar hacia un futuro mejor para todos.

Dios nos ayudará en la medida en que nosotros nos ayudemos dialogando de verdad, escuchándonos de verdad (sin ningún tipo de otitis), poniendo bien lejos los intereses personalistas, porque la soberbia es lo peor que hay, ésta va formando un tapón de cera gigante que bloquea cualquier oído y da una tremenda otitis crónica.

Estamos jugándonos el futuro de nuestro país, el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos.  Tenemos que rezar, pensar y trabajar unidos para lograr que Venezuela recupere sus instituciones y se pueda aplicar Justicia a todos y cada uno de los culpables de esta tragedia que estamos viviendo.

La semana pasada el Papa Francisco dijo claramente que: “No hay Paz sin Justicia”.  Y hasta que no llegue la Justicia a nuestro país no podremos vivir en Paz.  ¡Es así de simple!

Para cerrar este artículo copio la respuesta que dio nuestro nuncio Aldo Giordano ante la pregunta del periodista del diario La Verdad sobre si Venezuela necesita resucitar: “Debemos creer que es posible.  Si hay un pueblo que cree que es posible, va a crear la paz.  Yo he visitado casi todas las diócesis de Venezuela y veo como el pueblo de Venezuela tiene en su corazón la paz.  Debemos tener el coraje de construirla.  Me he dado cuenta que es un pueblo joven y tenemos la responsabilidad de darles un mundo donde no haya violencia”.

¡Así es su Excelencia!  Claro que creemos que podemos resucitar.  Claro que los venezolanos, en su inmensa mayoría, somos hombres y mujeres de Paz.  Por eso hay que enfocarse en llevar la paz de Cristo a todos los rincones de nuestra tierra, y trabajar muy unidos para recuperar democráticamente todas nuestras instituciones.  Y así se aplicará la Justicia y llegará la Paz a Venezuela.  ¡Aquí hay tanta gente joven que así lo quiere, y que para eso se están preparando y trabajando noche y día!

Tenemos un gran país, con mucha gente buena y maravillosa.  Nada ni nadie nos detendrá.  Y unidos lograremos salir de esta triste etapa de nuestra historia.  Y sabemos que Dios y la Santísima Virgen de Coromoto son nuestros más importantes compañeros en esta lucha por lograr el Bien para nuestra Patria.

¡Triunfaremos y Venezuela resucitará!  ¡Y brillará un nuevo amanecer lleno de Verdad, Libertad, Justicia y Paz para todos!

María Denisse Fanianos de Capriles

[email protected]   @VzlaEntrelineas

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