ppguadalupe111213No sé si nuestro el Papa Francisco llegue a ir a México para venerar a la Virgen de Guadalupe, pero me queda claro que sí sabe bastante bien de quién está hablando, porque ese mensaje que nos dio ayer a todos ha sido diáfano, sencillo y profundo, como suelen ser las cosas de nuestro querido Santo Padre.

El Papa nos ha dicho, en breve, que María de Guadalupe “se hace cercana a sus hijos, acompaña como madre solícita su camino, comparte las alegrías y las esperanzas, los sufrimientos y las angustias del Pueblo de Dios, del que están llamados a forman parte todos los pueblos de la tierra”.

Francisco ha dicho además, que América se caracteriza por sr una tierra capaz de “respetar la vida humana en todas sus fases, desde el seno materno hasta la vejez, capaz de acoger a los emigrantes, así como a los pueblos y a los pobres y marginados de todas las épocas. América es una tierra generosa”.

Esa afirmación del respeto a la vida humana en todas sus fases… ha quedado resonando en mi interior. El Papa sabe que habla a un continente en donde las leyes del aborto han ido ganando terreno, y ahora en países como Uruguay (donde también acaban de legalizar la marihuana con el apoyo del presidente Mujica) es legal acabar con la vida más inocente de todas: la del no nacido en el vientre de la madre.

El Papa no ha usado más que una línea para decirlo, pero es evidente que tiene clara la urgencia de la defensa de la vida ante el lobby feminista/abortista que intenta imponer su agenda en América Latina, una agenda de muerte que es todo lo contrario a lo que nos trae la Morenita del Tepeyac.

Como con otras advocaciones marianas importantes, la Virgen de Guadalupe está embarazada, esperando a la esperanza que está por encima de toda esperanza, como decía Benedicto XVI. Ella espera la pronta llegada del Niño Jesús que se entrega al mundo para salvarlo del pecado y de la muerte.

Ella nos muestra el camino, nos enseña lo bello y lo sencillo de la vida. Y está allí, esperándonos a que decidamos optar por el Evangelio de la vida, por ese Evangelio que toca anunciar a todos los rincones del mundo, como dice el Papa en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium.

He tenido la bendición de poder rezar a sus pies, cuando estuve en el Distrito Federal de México para la visita de Benedicto XVI. Curiosamente, ese día hubo un temblor, un movimiento sísmico, y nadie salió de la Basílica de Guadalupe mientras se celebraba la Misa. Ni uno solo.

No puedo explicar las razones de eso, pero creo que esa es la confianza en María, en la Madre de la Vida misma. Recémosle a ella para que el Señor nazca en esta Navidad en todos.

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