Imagen referencial. Foto: Flickr Inorganica (CC-BY-2.0).

En días en que la sociedad parece dar mayor acceso educativo y profesional a las personas con síndrome de Down, se trabaja intensamente para erradicarlos de la faz de la Tierra.

Hoy hay actores de cine, universitarios, deportistas profesionales y diseñadoras de modas que tienen síndrome de Down. ¿Discapacidad? ¿Dónde?

Entonces, en estos días de inclusión, tolerancia, apertura de mente y libertad, ¿qué obstáculo pueden tener las personas con síndrome de Down en sus vidas? Ser asesinados sin siquiera haber nacido.

Islandia pretende haber descubierto una “cura” para el síndrome de Down y de los casos que los médicos detectan durante el embarazo prácticamente el 100% son desaparecidos. ¿Con magia? No, con abortos.

Es, sin duda alguna, un genocidio.

“Malformación fetal” es la abstracta figura que permite estos crímenes en Islandia. Eugenesia. Como los nazis.

La “cultura del descarte”, de la que tanto nos habla el Papa Francisco, está detrás de esto. No sirve, no me gusta, no lo quiero así, como si se tratara de un juguete, una cosa cualquiera.

Una terrible situación que podría sonar algo así: “Si veo a una persona con síndrome de Down por la calle, no lo insultaré, lo respetaré, lo felicitaré por sus logros. Pero si es posible asesinarla antes de que nazca para ahorrarnos todas las molestias, mejor”.

Algo de eso parece ser lo que interpretó el Consejo de Estado de Francia para vetar tiempo atrás un video que solamente mostraba que las familias eran felices con niños con síndrome de Down. Este material, argumentó el organismo, podría “perturbar la conciencia de mujeres” que abortaron.

¿Pero acaso la difusión de ese video no podría más bien ayudar a que otras mujeres, que por temor e ignorancia pensaban en abortar a su bebé, cambien de idea?

Porque el aborto es siempre un crimen. Y el niño en el vientre (o niña, que en algunos países las abortan por ser mujeres y las feministas no dicen nada) con síndrome de Down o sin él es otro ser humano tan igual como su madre y tiene derecho a vivir.

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