EleccionesONPE_ANDINA_06042016

Imagen referencial. Foto: ANDINA.

Por Edy Rodríguez Morel de la Prada*

El católico no es huérfano de principios para guiar decisiones difíciles, que pueden ser – y con frecuencia son – también políticas.

Ante alternativas políticas en las que no hay un candidato “aceptable”, viene a nuestro auxilio el principio del mal menor. Se trata de un principio no sólo cristiano, sino Magisterial: “Un problema concreto de conciencia podría darse en los casos en que un voto parlamentario resultase determinante para favorecer una ley más restrictiva, es decir, dirigida a restringir el número de abortos autorizados, como alternativa a otra ley más permisiva ya en vigor o en fase de votación. No son raros semejantes casos. . . En el caso expuesto, cuando no sea posible evitar o abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública. En efecto, obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta; antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos” (JUAN PABLO II, Evangelium vitae, n. 73).

Este principio se aplica lógicamente a la participación ciudadana en la política, por ejemplo, votar entre candidatos más o menos malos PARA LA VIDA.

En la medida que sean INEVITABLES resultados negativos en una elección (“no son raros semejantes casos”: el Papa hacer referencia al aborto, y podemos incluir a la familia – no son unos temas entre otros), estamos “obligados” a “limitar sus aspectos inicuos” – o sea, a buscar el mal menor.

¿Y qué decir de un voto en consciencia por un candidato sin posibilidades de ganar? Darle tu voto a ese candidato (o anular/viciar tu voto), se lo resta al mal menor y, así, favorece al mayor. Por la alturada razón que sea, te conviertes en su aliado electoral. El mal menor es tal solo si puede ganar.

Ante una alternativa complicada, haz lo que harías si alguien que amas está en juego: no lavarte las manos (que no puedes) sino informarte y apoyar decididamente al mal menor para evitar lo peor.

La política es el arte de lo posible, y si es entre dos males, del menor mal posible. Otra cosa, es un discurso abstracto que favorece al mal mayor.

*Edy Rodríguez Morel de la Prada es licenciado canónico en Filosofía y Teología, Magister en Teología. Profesor de Filosofía en la Facultad de Teología Redemptoris Mater, Perú

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