Venezuela vive momentos inéditos en nuestra historia. Un apagón eléctrico de inmensa magnitud nos tiene sometidos a una oscuridad e incertidumbre terribles a millones de venezolanos que aquí vivimos con nuestras familias.

Desde el jueves pasado (7 de marzo de 2019) a las cinco de la tarde se registró un apagón a nivel nacional. Se vieron afectados todos los estados del país. Poco a poco se ha ido restableciendo la luz a algunos sectores de Caracas y del interior de Venezuela, pero al momento de escribir esta reseña muchas zonas aún siguen sin luz. Y muchas de las que afortunadamente tenemos luz no sabemos por cuánto tiempo será.

El problema no sólo se ha quedado en la falta de electricidad sino también en un tema de comunicaciones. Muy pocas personas ahora tenemos conexión a las redes y a la telefonía celular. Muchos estuvimos incomunicados por más de cuatro días (sin poder saber nada de nuestros familiares en otros estados), y aún hay muchísima gente sin comunicación de ningún tipo.

El país está paralizado. No hay transporte. Las empresas no están trabajando. No hay clases. La gente está en las calles tratando de ver cómo resuelve sus necesidades básicas para poder sobrevivir.

En cuanto al  problema del agua éste ha llegado a unas dimensiones tan terribles que hace día vimos cómo algunas personas desesperadas (entre estas dos guardias nacionales) sacaban agua del río Guaire, donde desembocan las aguas negras de la ciudad de Caracas. Imaginen ustedes la desesperación de la gente.

Por otro lado tenemos el tema de la comida. Ya de por sí para el venezolano se nos hacía cuesta arriba conseguir alimentos por el altísimo costo. Y muchos de los alimentos que teníamos en las neveras se han dañado por la falta de luz. Esta semana vimos cómo habían ofertas en el pollo y la carne pero quién iba a comprar eso si muchos no tenían ni luz ni gas en sus casas para cocinar. Algunos han tenido que usar carbón o leña.

Otro tema gravísimo es el funcionamiento de las clínicas y hospitales. Varios han cerrado sus emergencias porque las plantas ya no se dan abasto. Y tristemente muchas personas han muerto por esta crisis eléctrica. O sea que el problema de la salud, que ya era gigante en Venezuela por la falta de insumos y medicinas, se ha visto aún más complicado con esta tragedia.

Anoche (a cinco días del apagón) en una cadena de Nicolás Maduro, solo se nos dijo que compráramos una radio con pilas, agua potable y un tanque para almacenar agua. Eso suena muy fácil decirlo luego de que pasó lo que pasó. El problema es que los mercados o farmacias están abarrotados de gente y cuesta muchísimo conseguir en estos momentos un radio, unas pilas y un pote de agua potable. Por otra parte el tema del dinero se ha vuelto otro problema grave, no hay bolívares en efectivo, muchas veces los puntos de tarjeta no pasan y muy pocas personas tienen dólares.

Realmente estamos viviendo una verdadera tragedia. Sin embargo el venezolano ha demostrado una reciedumbre y una solidaridad con quien tiene al lado admirable. No niego que hay momentos (sobre todo en horas de la noche) que la preocupación, el miedo y a veces el pánico nos invaden, sobre todo porque han habido saqueos en distintos puntos del país.

Pero por encima de todo la fe del venezolano y el abandono en las manos de Dios y María Santísima nos han sostenido en medio de tanta incertidumbre y de no saber muchas veces qué está pasando, ni qué pasará, por la falta de información clara de los medios gubernamentales.

El gobierno señala que la principal planta de distribución de energía eléctrica sufrió un ataque desde el “imperio” estadounidense pero muchos no creemos esa versión porque precisamente desde el año 2010 en Venezuela se han venido registrando apagones muy seguidos (sobre todo en el interior del país). Ya varios expertos en el tema eléctrico habían advertido que esto pasaría por falta de mantenimiento y de mejoras en el servicio.

Muchas personas sabían de este problema pero muy pocas pudieron prepararse almacenando agua, comprando enlatados, radio con pila, linternas, etc. Hemos visto casos de personas mayores que están solos en sus casas que si no es por la ayuda de un vecino no tendrían ni una gota de agua para tomar.

No sabemos cuánto tiempo durará esto que estamos viviendo. Quienes aquí estamos con nuestros hijos tratamos de hacerles la vida lo más agradable posible así como en aquella película “La Vida es Bella” pero ya ellos saben que esto no es un juego y que aquí pasa algo muy grave. La madurez de nuestros niños y jóvenes es algo admirable.

Dios quiera que esta tragedia acabe pronto en nuestra amada Venezuela.  No es posible tanta destrucción en un país tan bello y con tanta gente buena. Aquí estamos muchos venezolanos que esperamos sobrevivir a esto para que cuando haya un cambio comencemos la reconstrucción de nuestra amada Patria.

Suplicamos las oraciones de todo el que lea este artículo porque estamos convencidos que sólo con la ayuda de Dios podremos, dentro de poco tiempo, comenzar a escribir una nueva historia de Libertad, Justicia y Paz en nuestra amada Venezuela.

María Denisse Fanianos de Capriles

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