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Cruz / Crédito: Dominio público – WebPixabay_040315

Evangelio: Mateo 20,17-28

En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: “Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.” Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella contestó: “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.” Pero Jesús replicó: “No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?” Contestaron: “Lo somos.” Él les dijo: “Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.” Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”.

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Reflexión: 

Este es el evangelio de la gran contradicción porque por un lado vemos a Jesús caminando, decidido a cumplir la misión que el padre le ha encomendado, a entregar su vida en rescate por muchos. Jesús está anunciando su pasión, que va a morir en la cruz, signo de su amor.

Sin embargo, por otro lado vemos a los apóstoles, necios. Las cosas de Dios no terminaban de entrar en sus cabezas, ni en sus corazones y lo mismo la madre de Santiago y de Juan. En vez de estar con el Señor, su corazón en realidad estaba muy distante. Físicamente estaban cerca, estaban al lado del Señor, pero su corazón no estaba sintonizado con las cosas de Dios.

Porque la madre de estos apóstoles le pide a Jesús para que sus hijos ocupen los puestos de honor, sentarlos a su derecha y a su izquierda. Exactamente lo contrario de lo que Jesús acababa de decirles, y no solo eso, sino que los otros diez se molestan también con estos dos hermanos, en el fondo porque ellos anhelaban lo mismo, anhelaban el poder y la gloria egoísta.

Esta es una invitación para estar alertas y ver la fuerza que tienen los criterios del mundo. Se van metiendo imperceptiblemente en nuestras vidas, nadie está libre. Incluso para estos hombres, que eran los más cercanos a Jesús. La ambición, la codicia, el egoísmo se va metiendo en sus vidas.

Por lo tanto es una invitación para nosotros, para estar alertas, cuánto más nos podría estar pasando a nosotros mismos, incluso en este momento. No seamos ingenuos porque a veces nos buscamos mucho a nosotros mismos, nos buscamos demasiado y nos vamos olvidando que estamos llamados también a una misión, a compartir la misión del mismo Jesucristo.

Hoy Jesús lo ha explicado con mucha claridad. No he venido a ser servido, sino para dar mi vida en rescate por muchos y nos dice a nosotros, el que quiera ser grande, que sea vuestro servidor y el que quiera ser el primero, que sea el último.

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