SenorJesus_WikipediaJuanedc_(CC-BY-2.0)Evangelio: Lucas 6,36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros”.

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Reflexión

Un autor espiritual decía que muchas veces lo que nos mueve a vivir la caridad con nuestro prójimo es el sentimiento de compasión que brota del corazón porque la compasión es la experiencia que brota del interior que nos lleva a ver que si bien todos somos distintos, hay una realidad misteriosa que une a todo el género humano.

Somos uno y, por lo tanto, cuando alguien padece, su sufrimiento también es mío. Somos un cuerpo, no me es indiferente el dolor de nadie. Así entendemos porqué Jesús se compadecía tanto del que sufre porque se sentía tan identificado, se sentía tan unido a la humanidad que hizo suyo nuestro dolor, se hizo un siervo sufriente y padeció por nosotros.

Esa es la invitación que Jesús también nos hace en esta cuaresma, seamos compasivos. Compasivos como el Padre lo es con nosotros porque quizá una de las virtudes que más nos asemeja a Dios es la misericordia, la compasión con el hermano que sufre.

Como ha dicho el profeta en el Antiguo Testamento: “Yo no quiero sacrificio, ni ofrendas. Lo que quiero es misericordia”. A eso estamos llamados. Como decía una persona “a la Iglesia venimos para ser amados por Dios y salimos para amar a los demás”. Salgamos a amar a nuestros hermanos, a vivir la compasión, la misericordia con el prójimo y así de verdad seremos dichosos.

El que perdona nunca pierde. Por el contrario, lo gana todo. Como dice la bienaventuranza: “Dichosos los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia”.

Para terminar quiero referirme a una frase del Papa que siempre me ha conmovido mucho, es la que eligió para su escudo pontificio. Él ha puesto: “Y mirándolo con misericordia, lo eligió”. Así como Dios miró con misericordia a Mateo y lo llamó, así también nos ha mirado a nosotros y nos ha elegido. Miremos también nosotros con misericordia a nuestros hermanos.

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