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Cardenal alemán Walter Kasper. Foto: Bohumil Petrik / CNA

Antes de comenzar con este triste pero necesario recuento, debo precisar que no todo el clero alemán nos viene sorprendiendo de manera tan negativa. Es bueno reconocer, por ejemplo, que Mons. Ansgar Puff, Obispo Auxiliar de Colonia, haya tenido el valor de señalar las divisiones dentro de la Conferencia Episcopal Alemana en torno al tema del Sínodo de la Familia. También es de aplaudir la incansable labor de Mons. Georg Gänswein, fiel secretario del Papa Emérito Benedicto XVI y hoy también secretario del Papa Francisco.

Pero bueno, hecha la salvedad, comencemos con nuestra lista:

Aprueban píldoras abortivas

En un comunicado publicado en el sitio web de la Conferencia Episcopal Alemana se anunciaba la aprobación del uso de la píldora del día después en hospitales católicos siempre y cuando no sea abortiva. Esto les valió la crítica de muchos expertos pro-vida quienes afirmaban que “una píldora del día siguiente sin un potencial efecto abortivo no existe en el mercado global”.

Un obispo abiertamente mentiroso

Hace algunos meses el periodista Edward Pentin hizo público que el Cardenal alemán Walter Kasper concedió una entrevista en la que mencionaba que los obispos africanos no tenían nada que decir en el Sínodo Extraordinario de la Familia. Ante esto Kasper mostró su indignación afirmando que él nunca había dado esa entrevista. Al día siguiente dicho periodista publicó el audio con sus declaraciones demostrando así que el Cardenal no tiene problemas con faltar al octavo mandamiento.

Roma no puede decirnos qué hacer

El próximo Sínodo planteará iniciativas pastorales para ayudar a la familia. Lamentablemente los medios de desinformación parecen haber reducido el Sínodo a un solo tema: La comunión a los divorciados en nueva unión. Lo más penoso es que sea el presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Cardenal Reinhard Marx, quien se muestre favorable a esta innovación y se atreva a decir públicamente que Alemania actuará independientemente de lo que decida el Sínodo.

No somos solo una filial de Roma. Cada conferencia episcopal es responsable de la pastoral en su cultura y tiene como deber anunciar el Evangelio. No podemos esperar hasta que un sínodo establezca algo, como hemos hecho aquí, para abordar la pastoral familiar” Cardenal Reinhard Marx.

Curas que ya no rezan ni se confiesan

No, eso no lo dice algún trasnochado enemigo de la Iglesia en Alemania ni algún paranoico narrador de historias clericales de terror. La propia Conferencia Episcopal Alemana publicó en su página web una encuesta en la que participaron sacerdotes, diáconos y laicos que sirven en las parroquias del país. Los resultados de la encuesta son más que preocupantes: el 54 por ciento de los sacerdotes alemanes se confiesa una o ninguna vez al año y solo el 58 por ciento de ellos reza al menos una vez al día. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que esta es la principal raíz de toda la crisis en la que viven hoy.

Si no pagas, no hay Eucaristía

En Alemania existe un impuesto eclesiástico al que están obligados todos los católicos. Si tu situación económica es difícil y decides ahorrar ese dinero para tener más recursos con los cuales alimentar a tus hijos, lo único que tienes que hacer es pedir que tu nombre sea borrado del registro. Hasta allí todo bien, si no fuera porque te ganas un serio problema: Desde el 2012, si tu nombre no está en el registro, la Iglesia en Alemania te niega los sacramentos. Negocio redondo. Gracias a eso lograron recaudar buena parte de los 6,7 mil millones de dólares durante el 2013 reforzando así su fama de ser la Iglesia más adinerada en todo el mundo.

El clero alemán debe volver a la sana doctrina, volver a orar, volver a defender la vida en toda circunstancia, volver a defender la indisolubilidad del matrimonio y la innegociable necesidad de estar en gracia para recibir la Santa Eucaristía. Solo así la palabra de Dios se hará carne en ellos cuando dice “ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz.” 1 de Pedro 2, 9.

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