Logo del Mundial Rusia 2018. Fifa.

La actual eliminatoria (o clasificatoria) en la que participan 10 equipos de Sudamérica para llegar al Mundial Rusia 2018 es probablemente la más disputada de los últimos tiempos.

Con 4 cupos y medio –ya que el quinto jugará un repechaje contra Nueva Zelanda– solo Brasil está asegurado y desde el segundo hasta el séptimo todos tienen oportunidad de llegar al Mundial.

El martes 10 de octubre se juegan los partidos que definirán a los clasificados: Paraguay recibe a Venezuela en Asunción, Brasil recibe a Chile; el único equipo que le ganó en estas eliminatorias; Perú se juega el todo o nada con Colombia para llegar a un Mundial después de 35 años de ausencia; Argentina se juega la vida en Quito contra Ecuador; y Uruguay, ya casi clasificado, recibe a Bolivia.

De los 10, solo Ecuador, Bolivia y Venezuela están eliminados.

Con la emoción al tope y las ansias de todos los que queremos ver a nuestras selecciones en el próximo Mundial, muchísimos católicos se acuerdan de la fe y elevan oraciones a Dios por sus equipos, se encomiendan a su advocación mariana favorita, o le piden a San Judas Tadeo que por favor agrande el arco del equipo contrario.

Junto con los pedidos de fe y piedad popular, muchos de esos mismos católicos también se llenan de cábalas y deciden no ver el partido para tener “más suerte”, usar alguna prenda de algún color “especial”, se llenan de amuletos; o realizan rituales absurdos e inimaginables. Superstición al máximo.

¿Dios decide a los países clasificados? ¿Se toma la cabeza indeciso cuando ve a 22 jugadores encomendándose a él en una cancha de fútbol? ¿Elige al ganador de acuerdo a mayores expresiones de fe, oraciones, promesas o cábalas? Pues no, Dios no decide quiénes irán. Es cierto que podría hacerlo si le da la gana, pero no le corresponde.

A Dios le corresponde, y ya lo hizo, abrir las puertas del cielo a todos porque es puro amor y quiere que todos los hombres y mujeres se salven y sean felices con Él eternamente. Eso sí que le corresponde y para eso sí que puso y pone siempre todos los medios: Ahí está la Iglesia y sus dones inconmensurables como la Eucaristía que es Cristo mismo, la Confesión, la Unción de los Enfermos; y tantos otros.

Entonces, ¿está mal rezarle a Dios pidiendo que nuestra selección gane? Creo que no, pero creo que este deseo puede y debe ser bien orientado. Y creo también que esta “reavivación” de la fe que ha aparecido en varios países, debe ser aprovechada y encaminada para evangelizar y purificar aquellos elementos que pueden oscurecer la fe.

El Papa Francisco es un buen ejemplo de esto. Recuerdo con cariño lo que le dijo a los jóvenes en julio de 2013 en la Jornada Mundial de la Juventud: “A la mayoría de ustedes les gusta el deporte. Aquí, en Brasil, como en otros países, el fútbol es una pasión nacional ¿Sí o no? Pues bien, ¿qué hace un jugador cuando se le llama para formar parte de un equipo? Tiene que entrenarse y entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos del Señor”.

¡Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo! Nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda, una vida feliz, y también un futuro con él que no tendrá fin, allá en la vida eterna. Pero nos pide que paguemos la entrada. La entrada es que nos entrenemos para ‘estar en forma’, para afrontar sin miedo todas las situaciones de la vida, dando testimonio de nuestra fe”, dijo el Santo Padre.

¿Y cómo se hace eso? El Papa también nos dio la respuesta: Con oración, los sacramentos y la ayuda a los demás.

Espero que este martes ganen los mejores y, a los que les toque perder, lo hagan después de haber dejado todo en la cancha.

Y que Dios nos bendiga a todos, clasificados al Mundial o no, que tanto necesitamos de Él.