Benedicto XVI: Viaje Apostólico a España 2010
Homilía de la Misa celebrada en la Plaza del Obradorio en Santiago de Compostela

En gallego:

 

Benqueridos irm√°ns en Xesucristo:

Dou gracias a Deus polo don de poder estar aqu√≠, nesta espl√©ndida praza chea de arte, cultura e significado espiritual. Neste Ano Santo, chego como peregrino entre os peregrinos, acompa√Īando a tantos deles que ve√Īen ata aqu√≠ sedentos da fe en Cristo Resucitado. Fe anunciada e transmitida fielmente polos Ap√≥stolos, como Santiago o Maior, ao que se venera en Compostela desde tempo inmemorial.

 

[Amadísimos Hermanos en Jesucristo:

Doy gracias a Dios por el don de poder estar aqu√≠, en esta espl√©ndida plaza repleta de arte, cultura y significado espiritual. En este A√Īo Santo, llego como peregrino entre los peregrinos, acompa√Īando a tantos como vienen hasta aqu√≠ sedientos de la fe en Cristo resucitado. Fe anunciada y transmitida fielmente por los Ap√≥stoles, como Santiago el Mayor, a quien se venera en Compostela desde tiempo inmemorial.]

 

Agradezco las gentiles palabras de bienvenida de Monse√Īor Juli√°n Barrio Barrio, Arzobispo de esta Iglesia particular, y la amable presencia de Sus Altezas Reales los Pr√≠ncipes de Asturias, de los Se√Īores Cardenales, as√≠ como de los numerosos Hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio. Vaya tambi√©n mi saludo cordial a los Parlamentarios Europeos, miembros del intergrupo "Camino de Santiago", as√≠ como a las distinguidas Autoridades Nacionales, Auton√≥micas y Locales que han querido estar presentes en esta celebraci√≥n. Todo ello es signo de deferencia para con el Sucesor de Pedro y tambi√©n del sentimiento entra√Īable que Santiago de Compostela despierta en Galicia y en los dem√°s pueblos de Espa√Īa, que reconoce al Ap√≥stol como su Patr√≥n y protector. Un caluroso saludo igualmente a las personas consagradas, seminaristas y fieles que participan en esta Eucarist√≠a y, con una emoci√≥n particular, a los peregrinos, forjadores del genuino esp√≠ritu jacobeo, sin el cual poco o nada se entender√≠a de lo que aqu√≠ tiene lugar.

 

Una frase de la primera lectura afirma con admirable sencillez: ¬ęLos ap√≥stoles daban testimonio de la resurrecci√≥n del Se√Īor con mucho valor¬Ľ (Hch 4,33). En efecto, en el punto de partida de todo lo que el cristianismo ha sido y sigue siendo no se halla una gesta o un proyecto humano, sino Dios, que declara a Jes√ļs justo y santo frente a la sentencia del tribunal humano que lo conden√≥ por blasfemo y subversivo; Dios, que ha arrancado a Jesucristo de la muerte; Dios, que har√° justicia a todos los injustamente humillados de la historia.

 

¬ęTestigos de esto somos nosotros y el Esp√≠ritu Santo, que Dios da a los que le obedecen¬Ľ (Hch 5,32), dicen los ap√≥stoles. As√≠ pues, ellos dieron testimonio de la vida, muerte y resurrecci√≥n de Cristo Jes√ļs, a quien conocieron mientras predicaba y hac√≠a milagros. A nosotros, queridos hermanos, nos toca hoy seguir el ejemplo de los ap√≥stoles, conociendo al Se√Īor cada d√≠a m√°s y dando un testimonio claro y valiente de su Evangelio. No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contempor√°neos. As√≠ imitaremos tambi√©n a San Pablo que, en medio de tantas tribulaciones, naufragios y soledades, proclamaba exultante: ¬ęEste tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros¬Ľ (2 Co 4,7).

 

Junto a estas palabras del Ap√≥stol de los gentiles, est√°n las propias palabras del Evangelio que acabamos de escuchar, y que invitan a vivir desde la humildad de Cristo que, siguiendo en todo la voluntad del Padre, ha venido para servir, ¬ępara dar su vida en rescate por muchos¬Ľ (Mt 20,28). Para los disc√≠pulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opci√≥n, sino parte esencial de su ser. Un servicio que no se mide por los criterios mundanos de lo inmediato, lo material y vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de √Čl, incluso con los gestos m√°s sencillos. Al proponer este nuevo modo de relacionarse en la comunidad, basado en la l√≥gica del amor y del servicio, Jes√ļs se dirige tambi√©n a los ¬ęjefes de los pueblos¬Ľ, porque donde no hay entrega por los dem√°s surgen formas de prepotencia y explotaci√≥n que no dejan espacio para una aut√©ntica promoci√≥n humana integral. Y quisiera que este mensaje llegara sobre todo a los j√≥venes: precisamente a vosotros, este contenido esencial del Evangelio os indica la v√≠a para que, renunciando a un modo de pensar ego√≠sta, de cortos alcances, como tantas veces os proponen, y asumiendo el de Jes√ļs, pod√°is realizaros plenamente y ser semilla de esperanza.

 

Esto es lo que nos recuerda tambi√©n la celebraci√≥n de este A√Īo Santo Compostelano. Y esto es lo que en el secreto del coraz√≥n, sabi√©ndolo expl√≠citamente o sinti√©ndolo sin saber expresarlo con palabras, viven tantos peregrinos que caminan a Santiago de Compostela para abrazar al Ap√≥stol. El cansancio del andar, la variedad de paisajes, el encuentro con personas de otra nacionalidad, los abren a lo m√°s profundo y com√ļn que nos une a los humanos: seres en b√ļsqueda, seres necesitados de verdad y de belleza, de una experiencia de gracia, de caridad y de paz, de perd√≥n y de redenci√≥n. Y en lo m√°s rec√≥ndito de todos esos hombres resuena la presencia de Dios y la acci√≥n del Esp√≠ritu Santo. S√≠, a todo hombre que hace silencio en su interior y pone distancia a las apetencias, deseos y quehaceres inmediatos, al hombre que ora, Dios le alumbra para que le encuentre y para que reconozca a Cristo. Quien peregrina a Santiago, en el fondo, lo hace para encontrarse sobre todo con Dios que, reflejado en la majestad de Cristo, lo acoge y bendice al llegar al P√≥rtico de la Gloria.

 

Desde aqu√≠, como mensajero del Evangelio que Pedro y Santiago rubricaron con su sangre, deseo volver la mirada a la Europa que peregrin√≥ a Compostela. ¬ŅCu√°les son sus grandes necesidades, temores y esperanzas? ¬ŅCu√°l es la aportaci√≥n espec√≠fica y fundamental de la Iglesia a esa Europa, que ha recorrido en el √ļltimo medio siglo un camino hacia nuevas configuraciones y proyectos? Su aportaci√≥n se centra en una realidad tan sencilla y decisiva como √©sta: que Dios existe y que es √Čl quien nos ha dado la vida. Solo √Čl es absoluto, amor fiel e indeclinable, meta infinita que se trasluce detr√°s de todos los bienes, verdades y bellezas admirables de este mundo; admirables pero insuficientes para el coraz√≥n del hombre. Bien comprendi√≥ esto Santa Teresa de Jes√ļs cuando escribi√≥: "S√≥lo Dios basta".

 

Es una tragedia que en Europa, sobre todo en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicción de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad. Con esto se quería ensombrecer la verdadera fe bíblica en Dios, que envió al mundo a su Hijo Jesucristo, a fin de que nadie perezca, sino que todos tengan vida eterna (cf. Jn 3,16).

 

El autor sagrado afirma tajante ante un paganismo para el cual Dios es envidioso o despectivo del hombre: ¬ŅC√≥mo hubiera creado Dios todas las cosas si no las hubiera amado, √Čl que en su plenitud infinita no necesita nada? (cf. Sab 11,24-26). ¬ŅC√≥mo se hubiera revelado a los hombres si no quisiera velar por ellos? Dios es el origen de nuestro ser y cimiento y c√ļspide de nuestra libertad; no su oponente. ¬ŅC√≥mo el hombre mortal se va a fundar a s√≠ mismo y c√≥mo el hombre pecador se va a reconciliar a s√≠ mismo? ¬ŅC√≥mo es posible que se haya hecho silencio p√ļblico sobre la realidad primera y esencial de la vida humana? ¬ŅC√≥mo lo m√°s determinante de ella puede ser recluido en la mera intimidad o remitido a la penumbra? Los hombres no podemos vivir a oscuras, sin ver la luz del sol. Y, entonces, ¬Ņc√≥mo es posible que se le niegue a Dios, sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades e im√°n de nuestros corazones, el derecho de proponer esa luz que disipa toda tiniebla? Por eso, es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa; que esa palabra santa no se pronuncie jam√°s en vano; que no se pervierta haci√©ndola servir a fines que le son impropios. Es menester que se profiera santamente. Es necesario que la percibamos as√≠ en la vida de cada d√≠a, en el silencio del trabajo, en el amor fraterno y en las dificultades que los a√Īos traen consigo.

 

Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones: además de la bíblica, fundamental en este orden, también las de época clásica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filosóficas y literarias, culturales y sociales de Europa.

 

Ese Dios y ese hombre son los que se han manifestado concreta e hist√≥ricamente en Cristo. A ese Cristo que podemos hallar en los caminos hasta llegar a Compostela, pues en ellos hay una cruz que acoge y orienta en las encrucijadas. Esa cruz, supremo signo del amor llevado hasta el extremo, y por eso don y perd√≥n al mismo tiempo, debe ser nuestra estrella orientadora en la noche del tiempo. Cruz y amor, cruz y luz han sido sin√≥nimos en nuestra historia, porque Cristo se dej√≥ clavar en ella para darnos el supremo testimonio de su amor, para invitarnos al perd√≥n y la reconciliaci√≥n, para ense√Īarnos a vencer el mal con el bien. No dej√©is de aprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la vida, en el que nos sale al encuentro Dios como amigo, padre y gu√≠a. ¬°Oh Cruz bendita, brilla siempre en tierras de Europa!

 

Dejadme que proclame desde aquí la gloria del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riquezas originarios, por la marginación o la muerte infligidas a los más débiles y pobres. No se puede dar culto a Dios sin velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por quién es su Padre y responderle a la pregunta por él. La Europa de la ciencia y de las tecnologías, la Europa de la civilización y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre, desde la comprensión que de ambos se nos ofrece en Jesucristo.

 

Queridos amigos, levantemos una mirada esperanzadora hacia todo lo que Dios nos ha prometido y nos ofrece. Que √Čl nos d√© su fortaleza, que aliente a esta Archidi√≥cesis compostelana, que vivifique la fe de sus hijos y los ayude a seguir fieles a su vocaci√≥n de sembrar y dar vigor al Evangelio, tambi√©n en otras tierras.

 

En gallego:

 

Que Santiago, o Amigo do Se√Īor, acade abundantes bendici√≥ns para Galicia, para os demais pobos de Espa√Īa, de Europa e de tantos outros lugares al√©n mar onde o Ap√≥stolo e sinal de identidade cristi√° e promotor do anuncio de Cristo.

 

[Que Santiago, el amigo del Se√Īor, alcance abundantes bendiciones para Galicia, para los dem√°s pueblos de Espa√Īa, de Europa y de tantos otros lugares allende los mares, donde el Ap√≥stol es signo de identidad cristiana y promotor del anuncio de Cristo.]