12 de enero de 2022 4:45 am

El Papa explica la dignidad del trabajo y recuerda a quienes no consiguen ganarse la vida

Por Mercedes De La Torre

Imagen referencial. Papa Francisco en el Vaticano. Foto: Vatican Media

El Papa Francisco interrumpió su catequesis semanal en la Audiencia General de este miércoles 12 de enero para rezar en silencio por los hombres y mujeres desesperados en búsqueda de trabajo y recordó en particular a quienes han llegado al punto de quitarse la vida.

“En estos tiempos de pandemia muchas personas han perdido el trabajo, sabemos, y algunos, aplastados por un peso insoportable, han llegado al punto de quitarse la vida. Quisiera hoy recordar a cada uno de ellos y a sus familias. Hagamos un instante de silencio recordando aquellos hombres, aquellas mujeres, desesperados porque no encuentran trabajo”, pidió el Papa.

Al continuar con su serie de catequesis sobre San José, el Pontífice reflexionó en el oficio del padre de Jesús quien fue carpintero, obrero de la madera, y explicó que este trabajo en Palestina implicaba a “los artesanos de la madera como a los trabajadores que se dedicaban a actividades relacionadas con la construcción”.

“Un oficio bastante duro, teniendo que trabajar materiales pesados, como madera, piedra y hierro. Desde el punto de vista económico no aseguraba grandes ganancias, como se deduce del hecho de que María y José, cuando presentaron a Jesús en el Templo, ofrecieron solo un par de tórtolas o pichones, como prescribía la Ley para los pobres”, describió.

En esta línea, el Santo Padre subrayó que “Jesús adolescente aprendió del padre este oficio” y añadió que “cuando de adulto empezó a predicar, sus paisanos asombrados se preguntaban: ‘¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?’ y se escandalizaban a causa de él, porque era el hijo del carpintero, pero hablaba como un doctor de la ley y se escandalizaban de esto”.

Oración por los trabajadores del mundo

Luego, el Papa se detuvo para recordar a todos los trabajadores del mundo y pidió pensar en particular en “los trabajadores escondidos; los trabadores que hacen trabajos duros en las minas y en ciertas fábricas…; quienes son explotados con el ‘trabajo en negro’, les dan el sueldo de contrabando, a escondidas, sin la jubilación, sin nada, y si no trabajas, no tienes ninguna seguridad…;  a las víctimas del trabajo, que sufren accidentes en el trabajo; a los niños que son obligados a trabajar, esto es terrible, un niño, en la edad del juego, deben jugar, obligados a trabajar como personas adultas, los niños obligados a trabajar y en aquellos pobres que hurgan en los vertederos en busca de algo útil para intercambiar... van a los vertederos”.

“Todos ellos son hermanos y hermanas nuestros que se ganan la vida así, no les dan la dignidad, pensemos en ellos, y esto sucede en el mundo, esto sucede”, lamentó el Papa.

Además, el Santo Padre recordó las personas que están sin trabajo y añadió “¡cuánta gente va a tocar las puertas de las fábricas, de las empresas! ‘¿hay algo que pueda hacer? No, no hay…’. La falta de trabajo; y pienso en los que se sienten justamente heridos en su dignidad porque no encuentran un trabajo. Vuelven a casa, ‘¿encontraste algo? Nada. Pasé por Cáritas y traigo el pan…’”.

De este modo, el Papa indicó que “lo que te da dignidad no es llevar el pan a la casa, tú puedes recibirlo en la Cáritas. No. Lo que te da dignidad es ganar el pan, y si nosotros no damos a nuestra gente, a los hombres y mujeres la capacidad de ganarse el pan, esta es una injusticia social, en aquel lugar, en aquel país, en aquel continente”.

“Los gobernantes deben dar a todos la posibilidad de ganar el pan, porque esa ganancia les da dignidad. Es una ‘unción de dignidad’ el trabajo. Esto es importante”, agregó.

Sin embargo, el Santo Padre lamentó que “muchos jóvenes, muchos padres y muchas madres viven el drama de no tener un trabajo que les permita vivir serenamente. Viven al día. Y muchas veces la búsqueda se vuelve tan dramática que los lleva hasta el punto de perder toda esperanza y deseo de vida”.

En esta línea, el Pontífice subrayó que “el trabajo es un componente esencial en la vida humana, y también en el camino de santificación” ya que “trabajar no solo sirve para conseguir el sustento adecuado: es también un lugar en el que nos experimentamos a nosotros mismos, nos sentimos útiles, y aprendemos la gran lección de la concreción, que ayuda a que la vida espiritual no se convierta en espiritualismo”.

Por ello, el Santo Padre invitó a preguntarse: “¿con qué espíritu hacemos nuestro trabajo cotidiano? ¿Cómo afrontamos el cansancio? ¿Vemos nuestra actividad unida solo a nuestro destino o también al destino de los otros?”.

“De hecho, el trabajo es una forma de expresar nuestra personalidad, que es por su naturaleza relacional. Y también el trabajo es una forma de expresar nuestra creatividad. Cada uno hace el trabajo a su modo, con su estilo, el mismo trabajo, pero con un estilo diferente. Es bonito pensar que Jesús mismo trabajó y que aprendió este arte propio de San José”, señaló.

Finalmente, el Santo Padre alentó a preguntarnos “qué podemos hacer para recuperar el valor del trabajo; y qué contribución, como Iglesia, podemos dar para que este sea rescatado de la lógica del mero beneficio y pueda ser vivido como derecho y deber fundamental de la persona, que expresa e incrementa su dignidad”.

Antes de concluir su catequesis en italiano, el Papa Francisco recitó la oración que San Pablo VI elevó a San José el 1 de mayo de 1969:

“Oh, san José, patrón de la Iglesia,
tú que junto con el Verbo encarnado trabajaste cada día para ganarte el pan, encontrando en Él la fuerza de vivir y trabajar;
tú que has sentido la inquietud del mañana, la amargura de la pobreza, la precariedad del trabajo;
tú que muestras hoy el ejemplo de tu figura, humilde delante de los hombres, pero grandísima delante de Dios,
protege a los trabajadores en su dura existencia diaria, defiéndelos del desaliento, de la revuelta negadora, como de la tentación del hedonismo;
y custodia la paz del mundo, esa paz que es la única que puede garantizar el desarrollo de los pueblos. Amén

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