26 de enero de 2022 10:10 pm

Cardenal celebra 50 años de sacerdocio y recuerda cómo descubrió su vocación

Por Cynthia Pérez

El 25 de enero, la Iglesia en Cuba celebró una Misa para agradecer los 50 años de vida sacerdotal del Cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, Arzobispo de San Cristóbal de La Habana (Cuba), y rezó para que “siga impulsado a muchas almas en la carrera por llegar al cielo”.

Al inicio de la Misa, que fue celebrada en la Catedral de La Habana, en Cuba, y transmitida en vivo a través de la página de Facebook de la Pastoral Juvenil de La Habana, un sacerdote recordó el valiente y fiel servicio del Purpurado a la Iglesia en Cuba durante todos estos años.

“Cuántas Misas habrá celebrado, cuántos enfermos habrán sido asistidos por él, cuántas familias consoladas, cuántos jóvenes aconsejados, cuantos pecados perdonados, por cuántos difuntos habrá ofrecido la Misa. El bien que hace un sacerdote santificando lo sabe solo Dios y aquellos que son sus beneficiarios. La fe se transmite por medio de la palabra y el testimonio”, dijo.

“Damos gracias a Dios por el don del sacerdocio de su Eminencia Juan de la Caridad Cardenal García Rodríguez, pedimos su fidelidad hasta el final. Damos gracias Jesucristo por el bien que representa el sacerdocio para la iglesia y el mundo y le pedimos abundantes vocaciones”, agregó.

Además, antes de iniciar la Eucaristía, el Cardenal Juan de la Caridad, cuyo lema es “Ve y anuncia el Evangelio”, dirigió algunas palabras a los fieles presentes.

“He celebrado mi 26 aniversario de ordenación sacerdotal con el Papa San Juan Pablo II, aquí en la Habana, en su visita apostólica. No puedo decir como él, cuando celebró el Jubileo de los 50 años: ‘No he dejado de celebrar la Misa durante estos 50 años’”, dijo.

“Pido perdón por no haber celebrado la Misa durante todos los días de estos 50 años. Pido perdón por las veces que los he defraudado, por las veces que no he cumplido plenamente la misión que Dios me ha encomendado. Ruego al Señor Misericordia y a ustedes también la pidan por mi ahora en el silencio del corazón”, agregó.

En su homilía, el Cardenal García recordó los inicios de su vocación, mencionó algunos hitos de su vida sacerdotal, agradeció y pidió perdón a los fieles y se encomendó a sus oraciones.

El Purpurado dijo que sintió su llamado vocacional en tres oportunidades a lo largo de su vida, de los cuales, uno de los más significativos y anecdóticos fue cuando era niño.

“Primero, siendo monaguillo en la Iglesia de San José, cuando me vestí con la casulla negra, escondido del sacerdote. Me miré en el espejo y dije: qué bonito soy”, bromeó.

El siguiente llamado fue en una época difícil, cuando “durante un mes no hubo sacerdotes en Camagüey, porque fueron expulsados”, así que venían los misioneros y un sacerdote, el P. Cavero, tuvo que viajar para traer la Sagrada Comunión a los fieles de la zona.

Relató que “un grupo de católicos se encargó de distribuir [la Comunión] en las diferentes casas y en ese grupo estaba yo y decía: ‘Si yo fuera sacerdote, no habría que traer la Comunión”.

Ante esa afirmación, “el P. Adolfo me preguntó después, si quería ser sacerdote. Le dije que quería ser ‘pelotero’ [ que significa ‘futbolista’], y él me dijo: ‘Hay muy buenos campos de pelota en el Cobre’”. A lo que el Purpurado respondió: “Voy para allá”.

“Me di cuenta de que los seminarios no eran para formar ‘peloteros’, aunque en los tres seminarios había muy buenos campos de pelota”, dijo. Luego, “el 25 de enero de 1972, en la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria”, ubicada en la ciudad de Morón, “Mons. Adolfo me ordenó sacerdote”, agregó.

El sacerdote recordó que recién ordenado fue designado a la Parroquia de Morón para servir en tres pueblos y que, en uno de ellos, llamado Velazco, la iglesia “estaba destruida por personas que no sabían lo que hacían, y con un matrimonio extraordinario la arreglamos como se pudo”.

Luego, el Purpurado agradeció a todas las personas que lo ayudaron durante su ministerio.

Entre ellos, destacó el servicio y soporte de los misioneros; el ejemplo de fidelidad, entrega y amor mutuo de los matrimonios; el gran apoyo de “los jóvenes, que han sido fieles a la fe a pesar de amenazas para dejar la iglesia”, y a “los novios vírgenes que han sido seguidores de la Palabra de Dios y como empezaron muy bien, ahora les va muy bien el matrimonio”.

Además, destacó a “los visitadores de los enfermos, sobre todo a los que visitan el Hospital Oncológico llevando rosarios” y ayuda material; “a los diáconos, que por su amor a la Iglesia y a la familia son una luz para mi vida”.

También, recordó a los miembros del clero que llevan la fe a los presos en Cuba. “Me han ayudado mucho los sacerdotes y los diáconos que se encargan de la pastoral carcelaria”, que perseveran ante las dificultades.

Al respecto, el Purpurado recordó la historia de su padre, quien fue encerrado injustamente en la cárcel y que, estando preso, falleció de un infarto.

“Mi papá fue un preso político y en ese tiempo la familia se unió más. Recibimos la ayuda de la iglesia, sobre todo la espiritual”, dijo. “Los gestos de ternura con los presos son pues caminos de paz y de esperanza”, agregó.

Para concluir, recordó a los fieles difuntos. “A un sacerdote que celebra la Misa todos los días, no se le olvida sus difuntos, porque en cada Misa hay una intercesión por los difuntos”, dijo.

“Te damos gracias por estos 50 años en los que le ha permitido ser reflejo de su paternidad misericordiosa para muchos hijos e hijas. Señor Jesucristo, Buen Pastor, aquel niño que quería ser ‘pelotero’ aceptó tu llamado a ser sacerdote y después obispo y cardenal, y lleva 50 años enseñando que Tú eres el camino por el que nunca nadie se ha perdido”, dijo un miembro del clero al final de la Misa.

“Te pedimos que lo sostengas para que sea siempre fiel a tu llamado, y siga impulsado a muchas almas en la carrera por llegar al cielo”, concluyó.

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